Hospitalidad: Abraham y los tres ángeles

Cierto día, Abraham se hallaba sentado a la entrada de su casa esperando recibir visitas para acogerías y realizar de ese modo la mitzvá de hajnasat orjim…

Aparecieron entonces tres personas que fueron calurosamente recibidas e invitadas muy hospitalariamente a entrar. En realidad, estos visitantes eran malajim (ángeles) enviados por Hashem para realizar determinadas tareas en este mundo. Así, uno de ellos informó a Abraham que en un año su esposa daría a luz un varón.

Sara, que tenía ya casi 90 años rió al escuchar esta aparentemente increíble noticia. Este sentimiento de duda en cuanto a la capacidad de Hashem ocasionó una reprimenda por parte de Él: ¿Por qué resultaba tan difícil de creer? ¿Existe acaso algo que Hashem no sea capaz de hacer? Muy por el contrario, debió haber fervientemente creído en la capacidad de Hashem de hacerla procrear. Antes de partir, el segundo malaj cumplió con la tarea de curar a Abraham del dolor provocado por su brit milá.

Llegó entonces el momento para que el tercer malaj realizara su trabajo: la destrucción de Sodoma y Gomorra.
Hashem había decidido que correspondía informar a Abraham de Su intención de destruir las dos ciudades y procedió entonces a hacerlo. Pero al escuchar la noticia, despertó en Abraham una gran rajmanut (pena) y se aproximó a Hashem con un ruego. Argumentó que la gente justa no podía correr la misma suerte que los malvados. Entonces Hashem dijo que perdonaría a toda la población, pero sólo bajo una condición: hallar al menos diez justos entre ellos.

Sin embargo, éste no fue el caso y las dos ciudades fueron destruidas.
Cuando los dos melajim arribaron a Sodoma, el que había curado a Abraham se entregó a la tarea de salvar a Lot y su familia, mientras que el otro se dedicó a la destrucción de las ciudades.
Los dos melajim, que en apariencia era meros seres humanos, fueron recibidos por Lot e invitados a hospedarse. Al Saber de su presencia en la ciudad de Sodoma, sus malvados habitantes corrieron a la casa de Lot con la intención de molestar a los visitantes pero Hashem los castigó dejándolos ciegos.
Los melajim instaron a Lot a abandonar la ciudad junto con su familia, pero éste titubeo porque no quería desprenderse de sus posesiones.

Entonces los melajim los tomaron apresuradamente y los llevaron fuera de la ciudad, advirtiéndoles que no llevaran la vista atrás, para así evitar ver la destrucción de la ciudad. Ellos habían sido salvados en zejut (mérito) a Abraham y no tenían derecho a observar el castigo de otros.
También le advirtieron que no debían quedarse en las inmediaciones, pero Lot les rogó que les permitieran permanecer en el área, en un pequeño pueblo conocido más tarde Como Troa. Hashem Consintió en el pedido y Lot y su familia hallaron refugio en Tzoar.
Hashem entonces hizo descargar una lluvia de fuego y granizo sobre las ciudades y las destruyó por completo.
La mujer del Lot desoyó la advertencia de los melajim, miró por atrás y observó la destrucción. Como castigo fue convertida en estatua de sal.

Extraído de Ayer, hoy y siempre Editorial Bnei Sholem

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