El Pecado de los Quejosos que anhelaban carne

Hashem deseó purificar la generación del desierto. Sus logros morales y espirituales se convertirían en una parte integral del carácter del pueblo judío…


Por consiguiente, El condujo a los miembros de aquella generación a través de variadas estaciones cada una de las cuales contuvo una prueba espiritual particular.
La estación de Kivrot Hataavá, donde Hashem condujo a Benei Israel, generaba anhelos físicos.
Al arribar allí, los erev rav (los conversos egipcios quienes eran el elemento más bajo entre el pueblo) fueron los primeros en ser vencidos por deseos. Comenzaron a refunfuñar acerca de su incapacidad por satisfacer sus anhelos.
Los miembros del Sanhedrin, también, sintieron deseos elevándose en sus corazones.
No obstante, estos tzadikím (justos) no los llevarían a sus labios mientras los erev rav los hacían públicos. Finalmente, los erev rav incitaron al resto del pueblo a demandar gratificación de sus deseos.
Los codiciosos oficialmente se quejaron de que carecían de carne.
No obstante, aquella demanda estaba meramente encubriendo su deseo de nuevamente dar rienda suelta libremente a sus deseos físicos como ellos hicieron en Egipto, antes de que las restricciones de la Torá hubieran sido impuestas. (Porque si hubiera sido su único deseo obtener carne, ellos podían haber sacrificado algo del ganado que tenían.)
De hecho, grupos diferentes entre el pueblo tuvieron diferentes demandas.
Algunos deseaban araiot, desposar a sus parientes cercanos prohibidos, como ellos hacían antes de Matán Torá (Entrega de la Torá).
La prohibición de desposar parientes cercanos había sido aceptada desganadamente por los judíos porque ellos estaban acostumbrados a contraer matrimonio con un miembro de la familia. Ellos por lo tanto continuaron protestando acerca de ello.74
Otros codiciaban carne. Entre aquellos, había varios grupos con diferentes motivos, algunos mejores, algunos peores:

Algunos judíos estaban probando si el Todopoderoso podría suministrar abundante carne en el desierto. Ellos cuestionaron, “Puede Di-s tender una mesa en el desierto” (Tehilím 78:19)?

Otros anhelaban carne porque el man era un nutriente espiritual antes que uno físico (como nosotros explicaremos). Ellos deseaban una comida físicamente satisfaciente.

Hubo personas que demandaron carne por consideración a ganar un nuevo disfrute, a pesar de que ellas estaban saciadas.

Otros sostenían que necesitaban comida por razones de salud.
Como nosotros veremos (en el capítulo ‘La Caída de Selav y el Castigo de los Pecadores’), cada individuo fue castigado de acuerdo con la severidad de su pecado.

Los erev rav crearon una conmoción recordando a Benei Israel de su anterior vida irrestricta.
“Nosotros recordamos el pescado que comíamos en Egipto,’ exclamaron. “Allí nosotros no fuimos agobiados con mitzvot (mandamientos). Nunca recitamos una bendición sobre la comida. ¡Era una vida fácil sin cumplir todas estas mitzvot!”
Algún otro hizo oír su voz, “Desde que nosotros abandonamos Egipto no hemos probado pepino, melón, puerro, cebolla, o ajo, sino sólo man.”
A pesar de que el man proveía el sabor de cualquier alimento, si una persona lo deseaba así, él no proveía el gusto de estos cinco vegetales porque su consumo es dañino para las mujeres amamantando

Realmente, el man podía asumir el gusto de la carne, también. Por consiguiente, los erev rau se lanzaron a una campaña general de criticismo en contra del man, para justificar su demanda de carne.
Algunas personas se lamentaron, “Es cierto que el sabor del man varía, pero su aspecto no. No es agradable ver man para el desayuno, man para el almuerzo, y man para la cena.
Otras quejas fueron expresadas.
Algunas personas clamaron, “¿Cómo puede uno estar bien con una comida que no causa excreción? Eventualmente, nuestros estómagos explotarán.”
Otros se quejaron, “Es demasiado difícil vivir sobre una oferta diaria de man. Nosotros estamos constantemente preocupados de si el man caerá o no al día siguiente. Si no, jas veshalom (Di’s libre), nuestras familias pasarán hambre. ¿Por qué no nos es permitido almacenar abastecimientos de man?”
En verdad, sus quejas se debían al hecho de que sólo los grandes tzadikím podían vivir felizmente de man.
A pesar de que el man contenía todas las vitaminas e ingredientes saludables necesarios para el cuerpo, él no satisfacía a una persona que buscaba comer hasta saciarse. Era un delicado alimento etéreo (perteneciente al cielo) que atraía a la mente antes que al apetito físico de uno. Un tzadik estaba satisfecho porque el man nutría su alma; por comerlo, él ganaba nuevo conocimiento de la Torá. Más grande el tzadik, más visión interior y sabiduría ganaba de comer su diaria ración. Aquellos que no estaban en tal alto nivel, sin embargo, deseaban una comida que llenara físicamente y encontraban poca satisfacción en el man.
La Guemará  relata que lehoshúa recibía una porción diaria de man equivalente a aquélla de toda Kelal Israel. ¿Que se quiere significar con esta afirmación? A pesar de que cada judío recibía una cantidad igual de man, un omer diario, la elevación espiritual que él ganaba de su omer variaba de acuerdo con su capacidad.
lehoshúa, cuya grandeza era equivalente a aquélla del resto de Kelal Israel, derivaba de su porción de man conceptos espirituales
La Torá refuta las críticas al man de Benei Israel enfatizando sus sorprendentes cualidades.
“Ved acerca de qué maravilloso alimento ellos se quejan,” nos dice Hashem en la Torá. El tenía una brillante, atractiva apariencia como la joya Bedolaj. Sabía maravillosamente dulce. Y a pesar de que caía en el descampado, no era manchado por la tierra o por los insectos, porque cada porción individual estaba envuelta con rocío de tal modo que Benei Israel la recibían perfectamente pura.
Más aún, asistía a los jueces para resolver casos de la corte problemáticos. Sí, por ejemplo, había una disputa acerca de quién poseía un cierto esclavo, el juez meramente examinaba ante el escalón de la puerta de quién la porción de man de este esclavo caía a la mañana siguiente. El esclavo pertenecía al amo en frente de cuyo hogar el man del esclavo caía.
Hashem estaba muy enojado de que los judíos hubieran sucumbido a sus deseos.
Un fuego cayó del Cielo y devoró a los instigadores de los erev rau.
El fuego también consumió las almas de los Ancianos del Sanhedrín.
Estos Ancianos habían sido sujetos a la pena de muerte desde
Matán Torá. Ellos habían entonces derivado placer de la visión de la
Shejiná (divinidad) como si estuvieran comiendo y bebiendo, pero Hashem los había eximido hasta que su medida estuvo completa.
Estos Ancianos, a pesar de ser tzadikím, fueron ahora afectados de algún modo por un deseo también (a pesar de que nosotros no podemos comparar su pecado a aquél de los ereu rau). Por consiguiente, Hashem los castigó en esta ocasión.
No obstante, los Ancianos fallecieron de una manera honorable. El fuego Celestial consumió sólo sus almas y no sus cuerpos, como fue el caso con los erev rav.
Cuando Benei tsrael vieron al fuego devorando a los Ancianos y los erev rau, el temor los ganó. ¿Se esparciría la conflagración y los quemaría a ellos, también?
Demasiado avergonzados para dirigirse directamente a Hashem después de sus quejas acerca del man, ellos le imploraron a Moshé rezar a su favor.
Hashem aceptó la tefilá de Moshé. El fuego se apagó en el sitio donde había aparecido. Moshé llamó al lugar donde los pecadores habían muerto “Tauerá / Conflagración,” explicando al pueblo, “Si vosotros hacéis teshuvá por vuestras quejas, el fuego permanecerá sumergido, pero si no, él se lanzará arriba otra vez y causará otra conflagración.”

Extraído de El Midrash dice de Editorial Bnei Sholem. Notas en Bamidbar (Números). Tomo 4. Página 120.

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