El efecto perjudicial del Helenismo sobre la nación judía

La lucha de los judíos fieles a la Torá contra la creciente influencia de la cultura griega en la Tierra Santa se volvió más intensa…

Este gran Sabio y vigoroso líder había sido capaz de controlar y disminuir exitosamente la influencia de los helenistas. Jonio el Kohén Gadol (Onías), descendiente de Shimón Ha-Tzadik y él mismo un gran erudito y judío piadoso, prosiguió esta valiente lucha.

El líder de los helenistas que se opuso a Jonio fue Simón, el tesorero de los fondos del Templo. Favoreció aceptar la glamorosa cultura griega con toda su inmoralidad y lujoso estándar de vida. Todos sus esfuerzos, no obstante, fueron frustrados por Jonio, quien constantemente alertaba a los judíos de los peligros de intercambiar sus sagradas tradiciones por costumbres extranjeras.

Cuando Simón se dio cuenta de que sus esfuerzos no estaban topándose con el éxito, intentó una táctica diferente. Denunció a Jonio ante el rey sirio Seleuco, quien era el real gobernante sobre el estado judío. En aquel tiempo, Israel (lehudá) era parte del Imperio sirio. Tenía su propio líder religioso, el Kohén Gadol, quien también hacía las veces de gobernador del reino judío.

Tanto Antíoco como su hijo Seleuco mostraron buena disposición hacia sus súbditos judíos. Los judíos disfrutaban de los mismos derechos y privilegios que pueblos de otros países gobernados por los sirios. Simón sabía, no obstante, que Seleuco estaba constantemente en necesidad de fondos. Por tanto, envió un mensajero al rey sirio denunciando a Jonio como un hombre de alta ambición política conspirando en secreto para hacer a lehudá totalmente independiente de Siria.

De acuerdo con Simón, estos planes estaban siendo financiados por los enormes tesoros del Beit Ha-Mikdash. Como resultado, Seleuco envió a su propio tesorero real, Heliodoro, para hacerse con los tesoros del Beit Ha-Mikdash.

Jonio intentó detener la entrada de Heliodoro explicando que los fondos del Templo eran recaudados exclusivamente para las ofrendas diarias y el mantenimiento del Templo. Ellos también incluían vastas sumas de dinero, guardadas bajo custodia, para viudas y huérfanos. Estas explicaciones no fueron aceptadas por Heliodoro, quien estaba absorto en saquear los tesoros del Templo.

Los judíos se reunieron en multitudes en el Beit Hamikdash para orar e implorar al Todopoderoso que liberara su Santo Templo de tal profanación. Hashem escuchó sus plegarias, y cuando Heliodoro ingresó en el Templo acaeció un milagro. Una aparición Divina, en la forma de un caballo y jinete armado, atacó a Heliodoro. Este último fue retirado del Beit Ha-Mikdash severamente herido.

Los esfuerzos de Heliodoro fueron frustrados, pero los helenistas continuaron en sus intentos de ganar influencia sobre el público judío. Cuando Jonio fue a quejarse ante el rey Seleuco de la entrada forzada de Heliodoro en el Santo Templo, el propio hermano del Kohén Gadol, lehoshúa, un helenista que había cambiado su nombre por el de Jasón, asumió la posición de Kohén Gadol. Aseguró esta posición ofreciéndole al rey un enorme tributo. El intento de Jonio de reunirse con Seleuco fue en vano, no obstante, ya que el rey había sido asesinado por su tesorero, Heliodoro.Fue sucedido por su hermano, Antíoco Epífanes, un gran admirador de todo lo griego y célebre por su crueldad y brutalidad hacia su propio pueblo. Le dieron el apodo de Epímanes (el Loco).

Así comenzó un nuevo período en la historia judía. Hasta este momento la posición de Kohén Gadol era generalmente ocupada por un Kohén que fuera un individuo piadoso, digno del honor y la estima que correspondía a este servicio. A menudo, la posición pasaba de padre a hijo. La toma de Jasón de la función de Kohén Gadol y su pago de un enorme tributo a Siria marcaron el comienzo de un período muy triste en el que esta preciada función fue al “mejor postor”.

Era comprada con promesas de alto tributo y la helenización del pueblo judío. Poco después de “comprar” la posición de Kohén Gadol, Jasón cumplió su promesa a Antíoco Epífanes al construir un gimnasio contiguo al Beit Ha-Mikdash. Allí, jóvenes judíos participaban en eventos atléticos efectuados en honor a los dioses griegos. De este modo, los participantes judíos se fueron alejando gradualmente de su propia religión. Durante los tres años posteriores a la expulsión del piadoso Kohén Gadol Jonio de su cargo, el nivel espiritual del pueblo judío se deterioró seriamente.

Cuando llegó el tiempo de que Jasón le pagara su tributo a Antíoco, envió a Menelao, el hermano de Simón, como su emisario. Menelao sacó ventaja de la oportunidad y ofreció un pago aun mayor a cambio del puesto de Kohén Gadol, expulsando a Jasón. Menelao ni siquiera era de la familia sacerdotal. Habiendo obtenido el cargo de Kohén Gadol mediante soborno, procedió a perseguir cruelmente a su pueblo y a suprimir la religión judía. Se apropió de los utensilios de oro del Beit Ha-Mikdash y los vendió con el fin de recaudar el dinero necesitado para el tributo.Cuando Jonio, el Kohén Gadol legítimo (que había sido depuesto anteriormente por Jasón) protestó contra las acciones de Menelao, fue asesinado. Jasón, entretanto, estaba haciendo planes para su propio retorno al poder.

Antíoco estaba preocupado respecto de su conquista de Egipto y amenazas de Roma. En Ierushalaim comenzaron a circular rumores de que se le había dado muerte en la campaña egipcia. Jasón utilizó la oportunidad para atacar Ierushalaim, mientras que Menelao tomó refugio en una ciudadela fortificada. Jasón ingresó en la ciudad y lideró una masacre contra sus propios compatriotas. Entretanto Antíoco, en Egipto, oyó de la invasión a Ierushalaim por parte de Jasón y la interpretó como una revuelta contra su trono. Abandonó Egipto en un estado de furia y marchó contra Ierushalaim.

El inocente pueblo no esperaba ninguna acción militar y de buena gana abrieron las puertas de la ciudad a su ejército. Les ordenó a sus soldados matar indiscriminadamente hombres, mujeres y niños. Cerca de 40, 000 fueron asesinados y un número equivalente fueron tomados en cautividad. Jasón, cuya búsqueda de poder personal había causado esta masacre, huyó y más tarde murió siendo un fugitivo.

Después, Antíoco entró en el Beit Ha-Míkdash y lo saqueó de sus utensilios sagrados de oro y plata. Quitó el Mizbéaj (altar), la Menorá (candelabro) y el Shulján (mesa) de oro. Se volvió a instalar a Menelao como Kohén Gadol y oprimió a su pueblo aun más cruelmente de lo que lo había hecho Antíoco.

Dos años después Antíoco envió a Apolonio a Ierushalaim con un ejército de 22.000 hombres para fortalecer su poder. Lograron la admisión a la ciudad sin ninguna lucha puesto que el pueblo, nuevamente, no sospechaba de sus verdaderas intenciones. Una vez dentro perpetraron otra masacre, saqueando, asesinando, y tomando mujeres y niños como cautivos. Descargando su furia contra el Beit Ha-Mikdash, que pensaban era el símbolo del judaísmo, los sirios abrieron trece brechas en la muralla que circundaba al atrio del Templo.

Alrededor de este tiempo, Antíoco promulgó una declaración a todo su reino, que estaba en verdad principalmente dirigida a Éretz Israel. Tenía la intención de unificar los diversos grupos religiosos y étnicos a lo largo de su imperio y moldearlos en una nación homogénea. Todos los pueblos fueron llamados a abandonar sus propias costumbres y religiones, y a someterse a las dominantes cultura y religión griegas. La desobediencia era castigada con la muerte.

Fueron enviadas directivas a los Kohanim en Ierushalaim de que debían abandonar los servicios diarios de sacrificios. En su lugar se erigieron altares para la adoración idólatra, y cerdos y otros animales prohibidos debían ser sacrificados. En esencia, las órdenes de Antíoco convirtieron al Beit Ha-Mikdash en un templo pagano. Adicionalmente, se promulgaron crueles edictos prohibiendo la observancia de Shabat, Iom Tov, Rosh Jódesh (la luna y el mes nuevos), kashrut (leyes dietéticas), brit milá (circuncisión) y taharat ha-mishpajá (leyes de pureza familiar).

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