De Salah a Iehuda

Decir que Salah Abdel Manam tiene linaje judío, sería una subestimación…


Por su lado materno, su bisabuelo era un místico famoso de Safed. Y su primo hermano murió encabezando una división de combate en Líbano, defendiendo heroicamente a Israel. Por su lado paterno, su bisabuelo era un famoso clérigo musulmán. Y un primo suyo es uno de los consejeros más cercanos de Arafat.

Aunque el padre de Salah se casó con una mujer judía, continuó afiliado con la rama más estricta del Islam. Tuvieron 9 niños. Cada uno se crió como musulmán devoto.

Salah era diestro en el Corán. Adaptó la vestimenta religiosa. El odio hacia los judíos era un tema repetido en su casa y en la escuela. El padre de Salah no era renuente a proclamar abiertamente su odio hacia todo lo judío.

El matrimonio mixto de sus padres impactaba el día a día de Salah. “Porque mi madre era judía, yo tenía que mostrar que era más extremo que todos”. Pero a pesar de ser un “extremista,” Salah tuvo problemas por contradicciones que encontró en el Corán. Y la política empezó a estorbar su vida.

Cuando la ola de atentados suicidas empezó, los amigos intentaron reclutarlo en la Brigadas Al Aksa . El Corán, dijeron, exige que te vuelvas un shahid, un mártir”. Pero ya que era un entendido en el libro santo musulmán, Salah los desafió a encontrar la fuente de ese “precepto”.

Ellos no pudieron. “Era fácil para ellos convencer a un joven ignorante, pero no podían seducirme pues yo conocía el Corán. … También sabía que el Corán llamaba a los creyentes a honrar a los judíos y no hacer nada en contra de ellos”. Cuando Salah terminó la escuela secundaria, se preocupó por la vida que había llevado hasta ahora. Se unió a sus amigos en busca de trabajo en Israel.
“No supe que era judío, según la Halajá, ley judía, pero siempre que pasaba por una sinagoga, sentía un calor que emanaba desde dentro. Era como si Di-s estuviera llamándome”.
El primer encuentro de Salah con los judíos religiosos fue en Tel Aviv. Cuando les confió que su madre era judía, le aconsejaron que se enrolase en una Ieshivá. Así lo hizo, pero no reveló su secreto. Un día-hace casi dos años- Salah volvió a casa, cerca de Carmiel y empacó sus pocas cosas. Pensaba no regresar. ¿Todo acabaría bien?.

Salah descubrió que sus problemas sólo estaban empezando. Inicialmente, decidió mudarse a una ciudad con gran población religiosa. Pero con los ataques suicidas realizados en gran escala, Salah que usaba una kipá y vestía como judío, era sospechado debido a su nombre árabe y su tarjeta de identidad Palestina. (Recientemente, los atacantes se vestían como judíos para infiltrarse en áreas seguras.) Peor aún, su retorno al judaismo  estaba amenazando su vida. Durante un barrido policiaco, Salah sería enviado a la Franja Oriental. Si volvía a la Autoridad Palestina, sabía que lo colgarían por ser “colaborador” de Israel.
“Estaba enloqueciendo,” Salah confía. “Tenía miedo de caminar por las calles y de ir al Ministerio del Interior para cambiar mi estado, porque mi padre podría averiguar mi paradero y alguien con un cuchillo podría venir detrás de mí”. Finalmente, decidió hablar con el Rosh Ieshivá. La manera más fácil de resolver los problemas de Salah, era que se convirtiera oficialmente por el Rabinato y se le hiciera la circuncisión.

Para su asombro, Salah averiguó que había sido circuncidado según la ley judía. “Cuando nací, no había ningún mohel árabe. No había Intifada, y los judíos venían a los pueblos árabes libremente.

Había un mohel cerca, y él hizo las circuncisiones de los niños en nuestra familia. Después entendí que mi madre judía quiso que las circuncisiones de sus niños fueran judías”
En el último año y medio, Salah ha seguido sus estudios vigorosamente en la Ieshivá. Su acento árabe ha desaparecido, y las peot y barba enmarcan su cara. También su hebreo hoy es fluido.

Salah se reconectó con los parientes de su madre, que lo recibieron como a un hijo perdido y se colocó el nombre de su ilustre bisabuelo. A los 24 años, Salah, ahora “Iehuda”, se casó recientemente con una joven judeo-italiana.

Iehuda dice que hay centenares de mujeres judías como su madre que permanecen en pueblos árabes- no porque lleven una buena vida. Muchas, de hecho, son abusadas y se permanecen allí porque sienten que no tienen a dónde volver.

De M. Gardner

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