¿Piratas judíos?

Aunque parezca increíble, existieron piratas judíos. Quizás sin el parche en el ojo y la botella de ron en la mano, pero con seguridad con la bandera de la calavera flameando en los mástiles de sus barcos…

En Bridgetown, capital de Barbados, en el mar Caribe. En el centro de la ciudad resaltan las antiguas casas de estilo colonial, pintadas de azul fuerte, verde o naranja mango. Cerca de allí, en el cementerio judío que se halla junto a la Sinagoga “Nidjei Israel” las lápidas recuerdan la presencia de una comunidad judía que floreció en el siglo XVIII. Al lado del cerco se encuentra la tumba de Iaakov Mashiaj. En su lápida puede verse claramente que al costado del Maguén David (Estrella de David) se encuentra grabada el inconfundible símbolo pirata: una calavera con dos huesos cruzados…
Junto a él está enterrada su esposa, Débora. Ambos fallecieron en 1693, con diferencia de meses. En la tumba de Débora se hallan los mismos símbolos.

¿Piratas judíos? Los piratas, en general, son un fenómeno histórico del siglo XVII, y muchas veces los judíos fueron sus víctimas. ¿Dónde reside la diferencia entre la piratería común y los piratas judíos? Las persecuciones y expulsión de los judíos de España, causaron un trauma en el espíritu judío. Entre algunos de sus descendientes, el deseo de venganza hizo que se unieran a barcos piratas para atacar las naves españolas. Se sabe que en Chile se fundó en los siglos XVII y XVIII una asociación de piratas judíos, protestantes y musulmanes que se dedicaba únicamente a atacar barcos de España.
Muchos de los judíos que se unían a los piratas eran timoneles o cartógrafos excelentes. En Shabat descansaban y poseían una cocina kasher en el barco.

David Abarbanel nació en el año 1580 en Holanda, descendiente de una familia de origen español. Cuando David tenía 19 años, su padre decidió mudarse al Nuevo Mundo, pero al acercarse a las costas de América fueron atacados por una nave de España. Todos los miembros de su familia fueron asesinados. David logró escapar y se unió a la Armada Inglesa. Rápidamente ascendió al puesto de capitán. Era conocido como “Capitán Davis”, llamó a su barco “Ierushalaim” y durante diez años luchó contra los enemigos de Inglaterra en el Mar del Caribe. En el otoño del año 1609 se perdieron sus pasos en el océano Atlántico. Se cree que fue sorprendido por una fuerte tormenta que hundió su nave.

Una figura llamativa es la de Iaakov Curiel. Poco se sabe de él, gracias a lo escrito en el “Sefer HaJizionot” de Rabí Jaim Vital Z”L. Allí relata que Iaakov Curiel descendía de una importante familia judía española que mantenía estrechas relaciones con la monarquía española antes de la expulsión. Curiel poseía tres barcos piratas en el Mar Caribe, y obtuvo grandes riquezas con ellos. Al final de sus días retornó al camino de la Torá y se mudó a la Tierra de Israel. Estudió Torá en el norte (seguramente en Tzfat) y tuvo el mérito de ser enterrado junto al Santo Arí Z”L.

La isla de Curazao, a 250 km de Venezuela, sirvió de refugio para los judíos españoles al ser expulsados de su país. Los primeros judíos llegaron allí en el siglo XVII eran portugueses. La kehilá “Mikve Israel” del siglo XVII estaba compuestas por algunas familias judías adineradas y muchas otras muy pobres, y dependía de la institución-madre en Asterdam. Allí los judíos que están registrados en los libros de la Kehilá figuran como marineros, capitanes, etc. Se leen apellidos como: Gabay, Eben Atar, Curiel, Ieshurun, Rafael, Mendes. Los barcos se llamaban: “Mazal Tov” “Abraham e Itzjak” “David HaMelej” “Reina Ester”. El peligro que implicaba en esos días navegar en el Caribe, donde se libraban constantes batallas, obligaba a equipar los barcos con cañones.

A veces sucedía que las cosas se hacían incontrolables. En el mes de Adar del año 1753 el Rabino Ioshua de Córdoba, Rabino de la Kehilá de Curazao, se vio en la necesidad de incluir en sermón a su congregación conceptos que seguramente son únicos en la historia judía como: evitar ataques piratas en alta mar de un barco judío a otro, o exigir mayor solidaridad cuando un barco español atacaba un barco judío.
En el cementerio de la congregación “Mikve Israel” pueden verse tumbas de navegantes judíos, sobre cuyas lápidas están apoyados los mástiles de sus barcos, como en el caso de la familia Henriquez. En otra punta se halla el “shojet” (matarife ritual) que viajaba en los barcos para proveer de carne kasher a los navegantes iehudim. La tumba más llamativa es la de una mujer: Lea Jana Schneur. En su lápida se ve la simbólica calavera con los huesos cruzados, que atestigua sobre la inusual empresa familiar, y en su parte inferior está grabada la imagen de una mujer con sus seis huérfanos y su esposo, el famoso pirata…

(Datos extraídos de una nota de Rab I Plotkin)

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