El extraño caso de la calavera flotante

Un hombre fue de paseo al lado del río cuando notó algo raro y fantasmagórico: ¡una calavera que flotaba en la superficie del agua!. Su reacción fue rara. No tomó su celular ni su cámara digital. En cambio, se volvió al cráneo y pronunció las siguientes seis palabras arameas: “AL DEATEFT ATFUJ, VESOF METAIFAIJ IETUFUN”…

Si le hubiera hablado en español, podría haber dicho algo parecido a esto: “Por haber ahogado a otros, ellos te ahogaron a ti. Y finalmente, aquellos que te ahogaron también se ahogarán”. Resulta menos poético en español, aunque esencialmente es el mismo punto.

La razón por la cual usó el arameo fue porque en el momento en que el incidente tuvo lugar -algún tiempo antes del final de la Era del Segundo Templo–el arameo no era un idioma difunto. De hecho, estaba muy vivo, sobre todo entre los judíos que vivían en Babilonia.
El hombre que caminaba a lo largo del río había vivido en Babilonia hasta la edad de cuarenta. Emigró entonces a la ciudad santa de Jerusalém para estudiar junto a Shmaia y Avtalion, dos hermanos de extracto griego que se habían convertido al Judaísmo y finalmente se transformaron en los estudiosos Judíos más renombrados de su época.
El hombre era Hilel, el autor de declaraciones bien conocidas, como: “Si no soy para mí quién es para mí”, “Lo que es odioso para ti no lo hagas a tu amigo” y otros. Era famoso por su conocimiento profundo y paciencia extraordinaria. Al igual que Moisés, era célebre por su humildad y, como Moisés, vivió ciento veinte años. Según la tradición cabalística él y Moisés compartieron la misma alma.

MAIMONIDES Y LA CALAVERA

Otro hombre con el nombre de Moisés, Moisés Maimónides, que vivió unos 1,000 años después de la historia de la calavera- escribió lo siguiente en su comentario al Tratado de Avot (“las Ética de los Padres”) donde la historia del cráneo es recordada (parafraseó):
Existen consecuencias de nuestras acciones- consecuencias que reflejan esas acciones. Si usted comete un asesinato y ahoga a otros en un río para esconder su crimen, recibirá su castigo en la misma forma de su crimen. Si usted concibe algo injusto para beneficiarse a costa de otros, eso mismo se usará finalmente en contra suya. Desde el lado positivo, si usted implanta algo que beneficia a otros, eso mismo vendrá a beneficiarlo finalmente también. En hebreo se llama: midá kenegued midá- medida por medida. Así es cómo Maimonides y otros comentaristas explican el mensaje de Hilel.

EL FARAÓN CONTRA MOISÉS 2do ROUND
El nieto de Maimónides, Rabí David Hanaguid, cita una tradición pasada por “los primeros comentaristas” que dice que el cráneo flotante perteneció al mismísimo Faraón. Hilel le dijo por consiguiente: “Porque tú ordenaste que se ahogue a los niños judíos en el Nilo, fuiste ahogado”. Era específicamente Hilel que confrontó al cráneo del Faraón, ya que por ser una reencarnación de Moisés, fue situado allí para confrontar al Faraón.
Según esta interpretación, dice Rabí Itzjak Luria, el renombrado místico de Safed- del siglo XVI conocido como “el Santo Arí “- la segunda mitad de la declaración de Hilel no está dirigida al Faraón sino a los judíos: “Así como el Faraón fue ahogado, así se ahogarán todos los perseguidores de Israel.”
El Lubavitcher Rebe, Rabi Menajem Mendl Schneerson, vio en el comentario del Arí palabras de consuelo al alma cansada del judío desterrado, al alma de quien siente que él o ella están frente a un desafío insuperable, una nube impenetrable de oscuridad. Hilel, el gran líder de Israel, se vuelve a esta persona y le dice: “Si el Faraón, la encarnación de mal, el hombre que sembró el miedo incluso en el corazón de Moisés, tanto como para que Di-s tuviera que tranquilizarlo y decir, ‘ Ve al Faraón–Yo te acompañaré, ‘ terminó ahogado en un río, ciertamente todos los Faraones de la historia- todas las grandes serpientes que intentaron e intentarán ahogarnos a través de la persecución física y espiritual- también se hundirán. Pues el mal carece de sustento. Al igual que el humo, que oculta nuestra visión durante un tiempo pero debe desaparecer finalmente.”

BURLÁNDOSE DE LOS POBRES
Si eso fuera todo lo que podríamos aprender de la declaración de Hilel, sería bastante. Pero hay más. Aquí hay otro bonito pensamiento:
¡Parece extraño que ese Hilel, el hombre de bondad, humildad y paciencia increíble, reprendiera a un hombre muerto! Según la tradición judía, uno no debe realizar ninguna mitzvá en un cementerio. Pues ejecutarla es considerado “burlarse de los pobres” (loeg larash), ya que aquellos que moran en la tierra ya no son capaces de realizar mitzvot. Así como no comeríamos una cena gourmet delante de alguien que es incapaz de permitirse el lujo de una rodaja de pan, uno no debe mostrar el Tzizit, por ejemplo, en presencia de aquellos que ya no pueden cumplir con ese mandato.
¿Por qué, entonces, Hilel, el hombre de bondad y humildad, reprendió a esta persona muerta que no podía hacer nada con este reproche?
La respuesta, dice el Rebe, es que cuando Hilel se encontró con el cráneo del Faraón, pensó: “¿Por qué Di-s ha puesto delate mío esta visión? Llegó entonces a la conclusión de que había llegado finalmente el momento para el alma del Faraón de encontrar paz. Y usando al Faraón como un ejemplo con que enseñar un mensaje significativo, Hilel elevó el alma del Faraón y le concedió la habilidad de encontrar paz.


CONCLUSIONES:

Lo que comienza como un paseo inocente a lo largo del río resulta ser un pasaje lleno de lecciones significativas:
* Lo que va, viene.
* Incluso el mal más formidable es pasajero.
*Todo lo que viene a tu encuentro tiene un propósito y tú debes cumplir ese propósito. No siempre ese propósito es claro pero debemos aprovechar esas situaciones cuando el propósito está claro.
*Incluso un Faraón puede redimirse finalmente y debe ser redimido cuando llega el momento.

Y ésa es la historia de la calavera flotante.

Rabi Yosef Marcus

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