Un policía con kipá

Gary Moscowitz usa comúnmente una Kipá de color azul oscuro que combina con su uniforme de oficial de la Policía…


“Fortalece y haz resistente tu coraz6n y ten fe en Di-s”. Palabras que le ayudan a enfrentar cara a cara el desafío de ser policía patrullero de la ciu­dad de Nueva York, junto con las diferentes reacciones que enfrenta por ser un vigilante Judío ortodoxo.

Cuando Moscowitz recorre las calles de su distrito, sus ojos están atentos en busca de problemas. Pero cuando conversa, su mirada es fija y rotunda. Habla despacio pero intensivamente. Puede hacerlo por horas sobre los temas que le interesan: La Policía, el necesitado Judío, Israel, Karate, droga entre los adolescentes.

Moscowitz parece no detenerse ni por un instante. Trabaja en la Policía durante el día y estudió abogacía por la noche. De todas formas, “exprime” el tiempo para participar de las reuniones de la Asociaci6n Nacional por los Judíos Pobres (que él mismo fundó), entrenar personal de seguridad en el John Jay College, enseñar Karate y llevar una vida social y observante de las Mitzvot

Moscowitz creció junto a sus cuatro hermanos en medio de un hogar Judío observante de clase media en el barrio de Bronx. Estudió en una leshivá, cuida el Shabat y reza tres veces por día.

Estaba enseñando Estudios Sociales en una escuela secundaria durante dos años, cuando un anuncio sobre un examen del Departamento de Policía llamó su atención. Aprobó su examen escrito, psicológico, psíquico y médico, además de una investigación sobre su vida personal. Y así decidió probar suerte en la Academia de Policía.

Cuando Moscowitz contó sus planes a su familia, asegura que creyeron que se había vuelto loco. “Mi madre me dijo que no podía ser un Judío observante y policía a la vez”. “Yo le dije que sí podía”.

Hoy en día es uno de los 25 Judíos ortodoxos que son oficiales (incluyendo una mujer) en el Departamento de Policía de Nueva York. En concordancia con la Ley Judía, no trabaja en Shabat, salvo que haya una emergencia de por medio. Pero siempre lleva consigo su arma y chaleco anti-balas, como lo requiere el departamento; cuenta además con un heter (permiso de Rabí Moshé Fainstein) para portar todo esto en Shabat.

Moscowitz es conciente que su trabajo no es muy usual. “Cuando mis conocidos Judíos me encuentran sin el uniforme, generalmente no me creen que soy policía. Y cuando logro convencerlos me dicen: ”¿Y qué piensas hacer cuando seas mayor?” No lo toman en serio. Me preguntan: ”¿Qué sucedió? ¿Te rechazaron en la escuela?”.””

No siempre la reacción es negativa. Muchas personas se sienten orgullosas de ver un Policía Judío; otras se sorpren­den. “Un día manejaba el patrullero, sin mi gorra reglamentaria, cuando una mujer que viajaba en un coche a mi lado, codeó a su esposo y le dijo: -Mira Herbie, un policía con un ”yarmulke”. Herbie miró y se llevó por delante al coche que tenía adelante…”

Moscowitz pasa por un hotel familiar en la calle 47 y saluda a un anciano de 97 años que encontró cierta vez en un restaurante Kasher cercano. Así comenzó a visitarlo diariamente, encontrando otros jóvenes voluntarios que lo imitan. “Las comunidades irlandesas e italianas siempre conocen a algún policía que pueda ayudarlos, los lehudím no” dice Moscowitz, “pero los lehudírn pueden hablar más fácil con un policía judío”.

Los años que Moscowitz lleva en el Departamento, le han permitido balancear su posición de hombre Judío y oficial de Policía; y comprobar que no son cosas incompatibles. Trae a colación lo que dice el Deuteronomio: “Jueces y oficiales de Policía deberás tener en todos los portones de tus ciudades”, y agrega: “Cuando uno piensa en esto, ser un policía es una Mitzvá”.

Por Ruth Masón

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