Tu casa más cercana

En la Parshá de la semana, Abraham Avinu nos da una lección magistral de cómo debe recibirse a los huéspedes. Conocidos y desconocidos por igual. La misma idea es llevada a la práctica desde hace miles de años por sus descendientes. Pero en esta última generación, el Rebe de Lubavitch introdujo además el original concepto del Beit Jabad…

El editor de la Revista Kfar Jabad, el Rabino Aharon Dov Halperin contó un extraño suceso que presenció cuando tuvo la oportunidad de compartir la comida de Shabat en un Beit (Casa de) Jabad en California.
“Había muchos invitados en la mesa y la conversación era alegre. De repente, un hombre joven extrañamente silencioso, con el pelo muy largo y una expresión rara en sus ojos, tomó asiento mirando fijamente su plato y negándose a responder o reaccionar a todo lo que sucedía a su alrededor.
Permaneció sentado así durante más de media hora, y cuando todos nos olvidamos de él, comenzó a mirar el enorme cuadro del Rebe que estaba en la pared. Se levantó de su asiento, tiró el cuadro y empezó a gritar: “¡Déjame solo!”

Los otros invitados trataron de calmarlo y finalmente, cuando lograron tranquilizarlo y después de beber un poco de agua, empezó a hablar.
Él era el hijo mayor de una familia judía rica de San Francisco. Después de graduarse de la escuela secundaria, se inscribió en la Universidad de Berkley y rápidamente se vio totalmente envuelto en el ambiente ‘hippie’.
Más adelante, cuando las drogas y las fiestas perdieron su encanto, se fue a la India para “encontrarse a sí mismo” en uno de los muchos cultos espirituales que es posible hallar allí.

Cortó todo contacto con su viejo mundo y se fue sin decir nada a sus padres, decidido a consagrar su vida a la meditación y al logro espiritual.
De pronto, una tarde, después de casi dos años de alejamiento completo, sintió un tremendo y súbito anhelo de ver a sus padres. Le dolía el corazón al pensar en su casa. Intentó meditar, pensar en otra cosa, pero no lo consiguió. Este anhelo lo acompañaba constantemente, todo el tiempo, provocándole llorar como loco. Dejó a su gurú, viajó al pueblo más cercano, llamó a sus padres quienes lo atendieron asombrados y les pidió que le enviaran un boleto de avión lo más rápido posible.

Cuando llegó a casa (sin entender aun por qué) sus padres estaban felices de verlo, a pesar de su raro aspecto zombi. Empezaron a conversar.
Cuando él contó la historia de su súbita nostalgia, su padre se quedó callado por un instante y después dijo: “¿Me puedes decir exactamente cuándo pasó esto, qué día y en qué momento? La razón por la cuál te lo pregunto”, continuó el padre, “es porque la semana pasada me sucedió algo extraño. Participé, junto un grupo de hombres de negocios, de un viaje organizado por Jabad para ver al Rebe Lubavitch.

Algunas personas le pidieron consejos. Otro pidió bendiciones, pero yo apenas tomé el dólar, dije gracias, y seguí caminando.
Pero entonces el Rebe me volvió a llamar. Su secretario me hizo retroceder, y el Rebe me dio otro dólar y entonces dijo: “Esto es para tu hijo mayor”. Qué cosa tan rara- pensé. ¿Cómo supo el Rebe que yo tenía un hijo mayor?”
¡Y ahora, sólo unos días después… aquí estás!! ¡¡Realmente es un milagro!!”
Cuando calcularon el momento en que el muchacho comenzó a extrañar a sus padres, comprendieron que el proceso se inició sólo unos minutos después de que su padre recibió el dólar.
Y eso es lo que provocó su arranque de nervios en el Beit Jabad. Trataba de dejar nuevamente su casa y volver a su gurú, pero su corazón no se lo permitía.
“¡Aquí tienes de regreso el dólar!”! Le gritó al Sheliaj- emisario del Rebe, a tiempo que le tiraba el billete que su padre recibiera. “¡¡¡Devuélvelo y dile que me deje en paz!!!”

La historia no termina acá.
Unos años más tarde, el Rabino Halperin se encontró con un miembro de la Kneset- el Profesor Avner Shaki- quien le contó una historia similar ocurrida aproximadamente una semana antes de este encuentro.
Estaba en un Beit Jabad de California para Shabat, y en el medio de la comida entraron tres hippies, se sentaron sin ser invitados, comenzaron a comer con sus manos, se negaron a decir las bendiciones y su comportamiento era bastante molesto.
Él se volvió al Sheliaj para pedirle que hiciera algo pero el Rabino lo reconfortó diciéndole que no debía preocuparse. “De hecho” agregó, “hace unos años yo era mucho peor. Y si usted no me cree, pregúntele al editor de la Revista Kfar Jabad.”
El hombre joven al que el Rebe había salvado hacia unos años de la India, había elegido el camino de Abraham Avinu.

¿Cuál es la importancia de recibir invitados?
La respuesta es que teniendo invitados acercamos la llegada del Mashiaj.
Cuando el anfitrión atiende las necesidades de sus agasajados, puede descubrir en ellos la revelación de una nueva e inesperada luz.
Análogamente, el Mashiaj traerá una nueva revelación, algo completamente inesperado, en la vida de todos y cada uno de nosotros, y el mandamiento de Hajnasat Orjim- Recibir Huéspedes- es el que más se asemeja a este concepto.

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