Tributo a un líder mundial

El Rebe no fue solamente el líder de nuestra generación. Será el líder de las generaciones futuras. Muchas generaciones se beneficiarán por lo que el Rebe fue para el pueblo de Israel.

El último de los Cinco Libros de Moshé comienza con la reprimenda de éste hacia el pueblo judío. Decía lo siguiente: “¿Cómo puedo yo solo sostener vuestra dificultad y carga?”. Moshé confiesa que no puede sobrellevar la carga del liderazgo por sí mismo exclusivamente. Por lo tanto, decide que fueran elegidos individuos selectos para ayudarle. Y describe sus calificaciones de la siguiente manera: hombres sabios (jajamim) comprensibles (nebonim) y llenos de conocimiento (ieduim). Uno no puede menos que asociar esta declaración de Moshé Rabeinu con Jabad. Estas palabras hebreas forman la sigla de JABAD –JOJMA, BINA y DAAT-.

El liderazgo de toda la comunidad de Israel fue entregado al Rebe de Lubavitch, y él cumplió esa misión al máximo.
Su preocupación fue el pueblo entero de Israel, una preocupación muy profunda. Los judíos de cada rincón del mundo, no importa cuán abandonados y por más pequeño que fuera su número, estaban en su mente y sobre su corazón y alma.
Si hubo un hombre calificado para reconstruir vida judía tras el gigantesco jurbán – el trágico Holocausto que se abatió sobre nuestro pueblo- fue el Rebe. El reconstruyó la vida judía, haciendo que los judíos, sin excepción, sin mirar en su posición en la vida, se sintieran parte de esta reconstrucción. Se preocupó por cada judío dondequiera éste estuviera. Esta fue una dedicación y devoción única por Klal Israel.
No afirmo haber entendido al Rebe, ni pretendo ser capaz de evaluar su erudición o grandeza espiritual. Con todo, tuve el privilegio de pasar gran cantidad de tiempo con el Rebe, muchas veces, desde tarde por la noche hasta las tempranas horas de la mañana. Con frecuencia, durante nuestra conversación con el secretario, desde afuera, hacía sonar el timbre y yo me levantaba para salir pues sabía que había más gente esperando ver al Rebe. Pero el Rebe me retenía diciendo: ¿Qué? ¡Estamos hablando de Klal (de cosas comunitarias generales)!” No había perturbación cuando estaba abocado al trabajo de fortalecer a Klal Israel.

Una de sus mayores preocupaciones fue la comunidad judía en la ex Unión Soviética, donde tres generaciones de judíos se vieron alienados de toda faceta de judaísmo. El único movimiento subterráneo que triunfó en Rusia durante el régimen bolchevique fue Lubavitch. Este movimiento clandestino funcionó con una incansable devoción por las necesidades de los judíos y el judaísmo. ¡Y el Rebe era su líder! No importaba a cuántas miles de millas de distancia estuvieran estos judíos, esperaban –con enorme sed- escuchar algo desde “770” (de la Sede Mundial de Lubavitch, oficina del Rebe)

El Profesor Herman Branover, un devoto jasid y un gran científico, con quien me encontré en Riga, cuenta lo siguiente: Cuando Gorbachov llegó al poder la gente estuvo muy preocupada, y el Rebe envió un mensaje a la Comunidad Judía en Rusia diciéndole que no se preocuparan, que las cosas mejorarían. Ellos, naturalmente, aceptaron las palabras del Rebe, y se serenaron un poco.

Años después, cuando Gorbachov estuvo en Israel, el Profesor Branover pasó bastante tiempo con él y aprovechó la oportunidad para preguntarle: “Cuando usted llegó al poder, ¿pensó realmente que iba a cambiar de rumbo respecto de sus predecesores?”

Y Gorbachov dijo:

“No, en absoluto, de hecho mi idea era ‘apretar’ un poco más que mis predecesores”.

Gorbachov no sabía dónde se dirigía, pero el Rebe tuvo la visión necesaria como para predecir que las cosas mejorarían.

Recuerdo un incidente relacionado con una aeronave de El-Al secuestrada y desviada a Argelia. Corría el rumor de que el General Ariel Sharon debería haber estado en ese avión y que canceló su viaje cuando el Rebe le dijo que no viajara. Cuando me encontré con el Rebe, poco tiempo después, sentí curiosidad y le conté acerca de los rumores a fin de comprobar su veracidad.

El Rebe no reconoció el hecho de que mantuviera a Sharon alejado del avión. Sólo dijo:

“Sharon vino a despedirse de mí antes de irse a Israel y yo le dijo ‘no vayas’. Y Sharon no fue”.

Muy naturalmente, hice mi próxima pregunta:

“Si usted sabía que el avión sería secuestrado, ¿por qué solo salvar a Sharon cuando podría haber salvado a todos los demás?

El Rebe respondió con incredulidad:

“¿Piensa que yo vi un avión siendo secuestrado? El vino a decir adiós y todo lo que yo hice fue decir: “no vayas”.

Para mí esto era el testimonio de una cierta visión que sólo poseen seres humanos excepcionales. A esta visión se refería el Profesor Branover. La misma que fue empleada para reconstruir la vida judía en el mundo.

Yo tuve el privilegio de ser el más joven delegado al Ultimo Congreso Sionista realizado en Basilea, Suiza, antes del establecimiento del estado judío. Allí tuve oportunidad de sentarme en comités importantes y encontrarme con muchos de los líderes. También fui privilegiado con encontrarme con los líderes de Torá del mundo. Cada uno tuvo una cierta área de conocimiento y pericia. Uno podía estar bien versado política o diplomáticamente; otro podía estar bien actualizado en cuestiones de economía; y otro en las ciencias o asuntos militares; el Rebe, sin embargo, se involucró en todo. Durante las muchas horas en que escuché y discutí cada fase imaginable de la vida de Eretz Israel y de Klal Israel, fui testigo de la pericia del Rebe no solamente en la educación, no solamente en el conocimiento y la práctica de la Torá, sino en todas las facetas de la vida humana. Su enorme interés por la integridad de Eretz Israel es, por supuesto, bien conocido. Desafortunadamente, tuvo mucho para preocuparse.

Habló mucho de llegar a otros. Hay muchos, muchísimos, que trabajan en este campo, y no minimizo sus esfuerzos. Pero el trabajo de Lubavitch de llegar a otros no se compara a ninguno de ellos. Es muy superior. La devoción y dedicación, el espíritu de sacrificio de sus emisarios, en todas partes del mundo, es legendaria.

Recientemente tuve oportunidad de pasar un viernes por la noche con el Superior Rabino de Latvia –un Sheliaj de Lubavitch. Durante las últimas horas de ese viernes por la noche, pude apreciar la devoción, la disciplina. Nada es demasiado difícil. Si hoy hay vida judía en Riga, se debe a este Superior Rabino, quien bien podría haberse quedado con su familia en la comodidad de Kfar Jabad. En cambio, soporta los rigores de Riga.

También tuve ocasión de encontrarme con Rabí Leib Raskin, quien ha sido activo en Casablanca, Marruecos, durante muchos años, como Sheliaj del Rebe. Cuando me fui de su apartamento cerca de la una de la madrugada de un viernes por la noche, le pedí que me disculpara por ocuparlo hasta tan tarde. Me dijo:

“¿Qué quieres decir con disculparte? Ante todo, tú eres el primero aquí que es de “allí” (“allí” entonces, en Marruecos, significaba “Israel”) permitiéndonos oír qué sucede. En segundo lugar, que mis hijos sepan que en el mundo hay un judío que habla idish”.

Estuve en Sudáfrica en los años ’70, cuando la comunidad judía estaba alborotada y el Rebe la tranquilizó. Los Shlujim allí hicieron su trabajo, y lo hicieron bien.

Si hay un Seder en Himalaya, ¿quién lo hace? ¿Si se necesita un shojet –matarife ritual- en Tasmania, ¿quién lo proporciona? Si se necesita un mohel en cualquier parte del mundo –ellos estaban allí, y ellos están todavía allí.

Alcanzar a otros al máximo es parte de la reconstrucción de la vida judía. Una tremenda cantidad de creatividad es constantemente demostrada. Cuando el Rebe comenzó la campaña de Tefilin durante la Guerra de los Seis Días, tefilín no era la cosa más popular, quizás, en el día del Bar Mitzvá o un mes antes. Pero miren hoy, qué han hecho los tefilín del Rebe:

Cuando vienes al Kotel, el Muro Occidental, el judío religioso reza ya sea minjá, maariv o shajarit, y si viene durante algún otro momento del día, recita Tehilim (Salmos). ¿Pero que hace un judío no-religioso en el Kotel? Los tefilín se han vuelto sinónimo de Kotel para el judío no-comprometido.

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