Traduciendo al traductor

Los caminos del cielo son insospechados.
Es imposible a veces, entender por que suceden algunas cosas, aunque finalmente, mirando hacia atrás, vemos como los puntos se unen y finalmente se logra el cometido: un alma regresa a casa

“Si,” insistió Robin Dixon de Los Angeles Times, “Quiero ir a la ciudad de Lubavitch. Y las siete horas de viaje no son un impedimento”.
El Rabino Avraham Bercowitz estaba impresionado de la determinación de Dixon. Como director ejecutivo de la Federación de las Comunidades Judías locales, y emisario del Rebe de Lubavitch en Moscú, con su esposa Lea, era la persona indicada para esta viajera. Ella había llamado porque estaba interesada en investigar la vida judía en Rusia.

“Mi primera búsqueda me llevó a Jabad”, dijo. “Se ve que el suyo es el grupo más dominante en la vida judía en Rusia hoy en día. La dedicación y éxito me intrigó, y luego que descubrí que todo había comenzado en la pequeña ciudad de Lubavitch, en el borde de Bielorrusia, cientos de años atrás, decidí que una visita a la ciudad podría proveer el fondo para mi historia”.

El Rabino Berkowitz no quería arruinar su interés, pero tenía sus dudas. ¿Qué había para ver en ese pequeño pueblo en donde las calles no están ni siquiera pavimentadas?. La única presencia judía en la ciudad estos días, es la de gente que va a orar a las tumbas de los Rebes de Lubavitch que fueron enterrados allí. ¿Qué podría mostrarle a la periodista más que el pequeño museo?

Mientras pensaba en ello, el Rabino Berkowitz tuvo una idea. En el verano del año 2001, algunos de los cientos de estudiantes de las Yeshivot de Lubavitch, que habían ido a Rusia para organizar Sedarim de Pesaj, habían hecho contacto con niños judíos en esa área. Los estudiantes estaban en Smolensk, cerca de Lubavitch, y en el verano armaron un campamento en una escuela pública de Lubavitch. Ese campamento podría ser el lugar ideal para que la Señora Dixon compruebe la vida judía.
El viaje fue planeado. Cuando el auto vino a recoger al Rabino Berkowitz, se unió al fotógrafo y a un Ruso que trabajaba para Los Angeles Times como traductor e investigador. En el curso de la conversación hablaron acerca de sus vínculos religiosos, ambos dijeron que eran gentiles. El traductor se presentó como Yasha Ryzhak, miembro de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Consciente de la audiencia potencialmente amplia de la historia y el largo tiempo de viaje por delante, el Rabino Berkowitz comenzó a explicar la historia, filosofía y actividad de Jabad. Expuso sobre el origen del movimiento en la ciudad de Lubavitch, cuyo nombre significa “la ciudad del amor fraternal”. Mientras hablaba, Dixon tomaba notas y Yasha le hizo muchas preguntas. Algo acerca de sus investigaciones parecían estar más allá de la curiosidad normal.
En un momento, Yasha declaró: “Debería llamar a mi abuela, pronto nos estaremos acercando a Smolensk. Mi familia procede de dicho lugar. Nunca he viajado a esta región, y me gustaría conocerla”.
Después de pasar quince minutos en el teléfono con su abuela, se dirigió al Rabino Berkowitz, con una expresión de asombro mezclado con confusión.
“Rabino”, dijo lentamente, “mi abuela me acaba de decir algo que nunca supe. Cuando se enteró de que estaba viajando a Lubavitch, se emocionó y me dijo que, durante la guerra, sus familiares habían falsificado sus documentos de identidad y cambiado sus nombres. Eran de origen jasídico, los hombres había estudiado en la Yeshiva de Lubavitch. El nombre de su bisabuelo era Zalman, por el Rabino que fundó el movimiento, y su apellido era Rivkin “.
El Rabino Berkowitz estaba impresionado.
“¿Es tu abuela materna o paterna?”, preguntó deliberadamente.
“Es la mamá de mi mamá”
“Entonces, Yasha, de acuerdo a la ley judía, eres Judío”, el Rabino Berkowitz declaró. Esta información tomó desprevenido a Yasha. Una larga conversación se produjo durante el resto del viaje. Yasha escuchaba atentamente, pero le resultaba difícil relacionarse con su identidad recién descubierta.
Más tarde, los visitantes encontraron a los niños del campamento.
En el pequeño museo, el Rabino Berkowitz señaló una pared en la cual colgaba un póster que mostraba a los jasidim que habían estudiado en la ciudad, y marcó a uno de los cuales llevaba tefilín.
“Así es como probablemente se veía tu abuelo, Yasha. Todos los días, se ponía su propio par de tefilín, así como se ve retratado aquí”.
“Escucho lo que estás diciendo”, respondió Yasha, “pero yo no soy judío”.
“Según la ley judía, lo eres, el Rabino Berkowitz le recordó “¿Te gustaría colocarte los tefilín, aunque sea solamente para honrar la memoria de tu abuelo?”
Yasha se quedó pensativo por un momento y luego asintió.
“Qué extraño”, murmuró, “De repente siento que soy Judío!”

Inspirada por la visita y por las extensas entrevistas que había realizado, Dixon escribió una historia de características impresionantes, que fue creada para publicar el 12 de septiembre de 2001. Los terribles acontecimientos del martes 11 de septiembre, sin embargo, la atrasaron varias semanas después. Dixon le informó al Rabino Berkowitz que, debido a que era una historia sensible al tiempo, con el campamento de verano como uno de sus puntos fuertes, lo publicaría en una fecha posterior adecuada. Se disculpó por haber tomado gran parte de su jornada para un artículo que permanecería temporalmente sin publicar.

Pero el Rabino Berkowitz no estaba decepcionado. Sabía que se trataba de una fuerza superior el que le había ordenado realizar el largo viaje a Lubavitch, y sus efectos fueron cada vez más evidentes, incluso sin la publicidad del influyente periódico. Yasha (ahora Yaakov) Ryzhak se adentró en su recién descubierto judaísmo, y hoy es un orgulloso miembro de la comunidad de Jabad de Moscú.

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario