Sin dudas

Hace veinticinco años, viajaba en un autobús en Tel Aviv y entablé una conversación con el hombre que se sentó a mi lado…


Parecía tener sesenta años, estaba prolijamente afeitado y llevaba una kipá que indicaba que era un judío observante.
Le conté que yo había estudiado filosofía. Él sonrió, me preguntó si había oído hablar de Martin Buber (filósofo secular judío, existencialista) ya que tenía una historia interesante para contarme. (Era tan interesante que bajé del autobús cinco paradas después de la que pensaba.)
“Cuando era un joven, en Alemania, asistí a una de las conferencias del Profesor Buber acerca de “Cuentos de los Maestros Jasídicos”. El hombre era un orador inteligente, un cuentista cautivador que me mantuvo literalmente fascinado durante toda su charla que duró varias horas.
“Pero después de la conferencia, cuando con muchísimo entusiasmo me puse de pie para aplaudir, la persona que estaba sentada a mi lado, me golpeó en el hombro y dijo: “No se sienta tan exaltado. No estoy seguro de que el profesor preste atención a los preceptos básicos de la Torá”
Yo estaba espantado por lo que me decía. ¡La conferencia era acerca de temas jasídicos y de Rebes! “No se preocupe” agregó serenamente, “no es Lashón Hará (hablar mal de otro iehudí)) él está orgulloso de ello. Vaya y pregúntele”
Me aproximé al podio donde el Profesor estaba rodeado por sus admiradores y le pregunté: “¿Es verdad que usted no observa los preceptos?”
“Él me miró con ojos inteligentes y dijo con un tono de misericordia: “Mi estimado joven, hay muchos niveles de conocimiento religioso y observancia. Existe el Judaísmo de Moisés que depende de la Palabra Escrita y las Mitzvot y existe el de Abraham; una pura conexión intelectual que es sin dudas la verdad. Y ése es mi nivel”
“Yo lo miraba en un shock y dije: ¡Pero esto es contrario a todo lo que usted ha hablado acerca de los maestros jasídicos!. ¡Y si me pregunta, es sin dudas nada más que puro egotismo!”
“Usted es aún muy joven” me contestó, “cuando sea mayor, entenderá” Me respondió.
“Bien” mi vecino de asiento continuó, volviendo sus ojos a los míos. “Unos años después vino la guerra. Pasé por los campos de concentración. Vi asesinar a mis padres, a mis tres hermanos y cuatro hermanas. Estuve allí durante cuatro años que fueron como cien de infierno. Pero entonces, un día finalizó. Usted tiene que bajar pronto probablemente, por lo que le haré corta la historia”.
“Unos años después de que la guerra me mudé a América con mis parientes y viví en Los Ángeles cuando vi un anuncio en un periódico judío que decía que Martin Buber iba a hablar en un salón de conferencias.
Compré una entrada y fui. Allí estaba el mismo hombre, un poco mayor, con las mismas historias y las mismas conclusiones filosóficas. Esperé hasta que terminó, caminé a él y le dije: “Profesor Buber ¿me recuerda?” Él agitó su cabeza. “No”. Yo continué. “Bien, hace aproximadamente quince años en Berlín le pregunté por qué usted no cree en la Torá y usted contestó que yo entendería cuándo me hiciera mayor.
“Bien, quiero que sepa, profesor, que he crecido muchísimos años desde entonces y puedo decirle que, sin duda, ¡¡¡usted está completamente equivocado!! No existe algo así como Judaísmo sin los preceptos.
Me miró y dijo: “¡Usted haga su Judaísmo y yo haré el mío!”
Le contesté: “Usted haga su Judaísmo… ¡Y yo haré el de Di-s!”

Por Ierajmiel Tilles

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