Si yo fuera rico…

Esta melodía pareció sonar adecuada mientras estaba leyendo una nota muy llamativa…

Esta melodía pareció sonar adecuada mientras estaba leyendo una nota muy llamativa (por lo menos para nosotros en la Argentina de todos los días) del Wall Street Journal, que indicaba que en los Estados Unidos de Norteamérica, ¡una de cada 125 personas es millonaria!.
¡Guau!- me dije. Y en mi fuero íntimo pensé que sería una experiencia sublime ser parte del grupo de los mimados acaudalados.
La nota en general se dedicaba a comentar cómo las tiendas minoristas se consagran a proveer a sus clientes de artículos de lujo como ser confecciones, perfumes, cosméticos, alhajas y mucho más de lo que nos podamos imaginar.
Parecía una noticia absolutamente banal y totalmente desconectada de nuestra realidad, hasta que leí la siguiente frase:
“Según los datos recopilados por Merrill Lynch & Co. y la consultora Capgemini Group la generación de entre 60 y 65 años también viene recibiendo herencias dejadas por sus padres en lo que se considera la mayor transferencia de riqueza de ese país”
Estas palabras me golpearon. ¡Guau! Me dije nuevamente. Entonces, si las consultoras realizasen un estudio de mercado dentro del pueblo judío, llegarían a la conclusión que 100 de cada 100 iehudim es acreedor indiscutido de una inmensa e incalculable herencia. Lo que nos convierte en personas extraordinariamente ricas. Claro que me refiero al plano espiritual de nuestras vidas, que en definitiva es el único que tiene una permanencia y estabilidad asegurada hasta el fin de las generaciones.
Más aun tomando en cuenta que estamos en las semanas posteriores a Pesaj, en las que llevamos a cabo una hermosa costumbre cada Shabat- hasta el previo a Rosh Hashaná y es la de estudiar un capítulo de PIRKEI AVOT- conocido en español como ÉTICA DE NUESTROS PADRES.
Recorrer cada Shabat el capítulo correspondiente de sus seis partes, se torna en una suerte de acumulación de riqueza espiritual. Cada palabra, cada frase- incluso en su acepción más simple- se convierte en legado de moral, buena conducta, amor al prójimo, respeto a los semejantes y al Creador, consejos y lecciones de vida que transforman a sus receptores en personas íntegras, dedicadas y comprometidas y por sobre todas las cosas, infinitamente acaudaladas. ¡Sí! Pues quien logra asimilar y internalizar estos conceptos de existencia, se convierte en un individuo que tiene, además, mucho para brindar a los demás.
Miren ustedes, muchos de los afortunados de América del Norte de hoy, lo son porque sus padres les han dejado sus fortunas. Nosotros, los judíos de hoy, somos receptores de un milenario legado que nos ha sido entregado- generación tras generación- por nuestros maestros, basado en las enseñanzas de nuestra sagrada y querida Torá. Y ella misma nos enseña que los maestros son llamados también, padres. ¡Si esto es así, se trataría entonces de la mayor transferencia de riqueza espiritual del planeta!.
Terminé de leer el artículo con la sublime sensación de pertenecer al grupo de afortunados herederos de la más enriquecedora experiencia: Vivir de acuerdo a la Torá.
(Es posible adquirir el Pirkei Avot en español en librerías judías y su traducción se halla también en el Sidur Tehilat Hashem- Edición de Kehot Sudamericana)

Miriam Kapeluschnik

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