REBELDE CON CAUSA

Mi camino ha sido siempre como el del ciervo en el bosque, saltando, escurriéndose, abriéndose paso…

Mi camino ha sido siempre como el del ciervo en el bosque, saltando, escurriéndose, abriéndose paso, manteniéndose lejos de las transitadas rutas que recorren los demás.
A los quince años abandoné la escuela secundaria. El año anterior mi nombre figuraba en el cuadro de honor y este año era Presidente del 10º Curso; pero ahora no tenía interés en seguir el orden establecido.
Cuando mis padres me informaron que “casa y comida” dependían de que completara la escuela secundaria, encontré una escuela privada que me permitía prepararme y tomar los exámenes de bachillerato. Al término de ese año escolar me encontraba dos años adelantado. En las palabras de mi padre, “libre para asociarme con los miembros marginales de la sociedad”.
Era al comienzo de los años ‘70, en Vancouver Canadá, una ciudad tan bohemia como San Francisco. Dicté clases de guitarra clásica y organicé el “Grupo de Discusión Anarquista” en la Universidad Libre de Váncouver. Aprendí Tai Chi, Yoga, me volví vegetariano estricto y concurrí a innumerables “Grupos de Encuentro”. A dedo, recorrí Canadá, Estados Unidos, Israel, Europa e Inglaterra. Encontré almas recorriendo y chapoteando por senderos de todo tipo, como jamás imaginara que existieran.

Regresé con la mente más abierta, pero el alma aún vacía y hambrienta. Nada de lo que había encontrado era para mí. Cuando estás en busca de algo, no importa dónde, lo último que encuentras es a ti mismo.
Decidí que era importante saber hacer algo bien y elegí la música. Me dirigí a una compositora de renombre, que vivía en Vancouver para que me diera lecciones. Ella aceptó, pero después de unas pocas sesiones instruyó a uno de sus alumnos graduados a que “me llevara de la mano y me registrase en la Facultad de Música de la Universidad de British Columbia”. No era el lugar donde deseaba estar pero decidí aprender algo. Al mismo tiempo comencé a practicar seriamente meditación, a dar clases de Yoga y a sentir fascinación por Lao Tsé.
Aún entonces, el estómago de mi alma estaba más vacío que nunca. Tal vez, pensé, lo que necesito es recluirme en un Monasterio Zen por unos años. El conflicto entre lo espiritual y lo sensual, lo metafisico y la carrera material, me desgarraba. No había dirección, sólo confusión. Recuerdo haber orado con todo mi corazón -sin pedir respuestas ni revelaciones- sólo que me fuera posible hablar de corazón a corazón con mi Di-s, porque en un mundo tan convulsionado se hace muy difícil hablar sinceramente con Di-s.
Cuando un pez encuentra el mar se sumerge. La primera vez que escuché una clase de misticismo jasidico, no importó que no comprendiera la mayoría de lo dicho. La lluvia llega como extraña a una tierra agrietada por años de sequía, pero la tierra recuerda. Aunque desconocidas para mi mente, las palabras eran un hogar para mis entrañas.
El primer salpicón de agua familiar me llegó por medio de un discipulo del Rebe en viaje. Recuerdo cómo me explicó que nuestro propósito es percibir la Divinidad dentro de cada cosa. En sus palabras percibí que había mucho más.
Miles de años de sabiduría colectiva y belleza. Yo quería saber quién enseñaba esto. Quería que me lo explicaran. Me dijeron que había un Rebe en New York. El ‘Lubavitcher Rebe’

En cuanto a mi espíritu rebelde, en el Rebe encontré al maximo rebelde. Hasta puedo decir que no te sometes al Rebe, sino te rebelas junto a él. Es una larga tradición de los Rebes de Lubavitch desafiar el monstruo que el mundo aparenta ser, seguir una visión interior en vez de la percepción superficial de los ojos ftsicos. No es sorprendente que todos los predecesores del Rebe pasaran un período en las prisiones zaristas o comunistas. El Rebe mismo se vio forzado a ocultarse antes de partir de Rusia.
El Rebe era un rebelde ortodoxo, un tradicionalista radical. Durante los años sesenta, el “establishment” judío observaba con desdén lo que sucedía a su juventud y gritaba: “Revuelta estudiantil” ¡Hippies y gente rara! Es una generación alocada y perdida”.
El Rebe declaró: “¡Por fin comienza a derretirse el iceberg de América! Por fin, los jóven es se dan cuenta de que no necesitan aceptar lo establecido. Rompieron los ídolos de sus padres, ahora sólo necesitan que se los guíe de regreso a las “aguas vivientes” de sus bisabuelos”.
El Rebe instruyó a sus jasidim salir a buscar a la juventud judía y ponerla en contacto con sus raíces. Por este motivo fue ridiculizado durante años. Pero una vez que la estrategia tuvo efecto, aquéllos que se habían burlado comenzaron a imitarlo.
Siempre innovador e inconformista, no consultaba con otros sobre sus campañas y estrategias. Con frecuencia había quienes se burlaban de él porque consideraban escandalosas sus decisiones.
“Ya estoy acostumbrado a esas tácticas”, respondía el Rebe.
“Cuando niño, como hijo mayor del rabino de una ciudad en Rusia, las autoridades me llevaban con frecuencia a interrogarme. Me ridiculizaban y atormentaban con abusos. No respondía a ninguna de sus tácticas. Así tampoco responderé ahora”
El Rebe tomó la misma actitud radical en su estilo de administrar las cosas. Lubavitch se convirtió en una organización donde la acción fluye de abajo hacia arriba. Rara, muy raramente, el Rebe pedía que se hiciera algo especifico. Siempre había sugerencias. Se esperaba que los jasidim tomaran la iniciativa e hicieran lo que les pareciera iba a funcionar. En reiteradas ocasiones, el Rebe frustró planes de crear una jerarquía rígida de toma de decisiones dentro de Lubavitch. Cada persona debe encontrar su mentor; y cada mentor, su propio mentor
Jamás hubo seguidores del Rebe, los seguidores no podían mantener el ritmo. El Rebe tenía únicamente líderes. Aquéllos que se rebelaban junto a él.

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