La Silla Extra

Sobre la última visita de Shazar al Rebe, el 12 de Tamuz de 5733 (1973), nos cuenta Mijael Shesher: “Se dice sobre mí que soy el primer ciudadano del Estado, pero soy también el último, un Judío simple, que camina como un Jasid, que visita a su Rebe”, así me comentó Shazar cuando retornó de su visita al Rebe de Lubavitch en Brooklyn, muy tarde por la noche. Acompañé al tercer presidente del Estado como cónsul israelí en Nueva York y las visitas al Rebe -tres durante mis servicios- fueron siempre una experiencia enorme, no sólo para el Jasid de Jabad Shneur Zalman Robas-hov Z”L, sino también para un ‘Mitnagued’ como yo.

“Shazar visitó los Estados Unidos en tres oportunidades en sus últimos años. Dos como presidente que fue a representar al Estado en asuntos de gobierno (los sepelios de los presidentes Truman y Johnson), y una vez, cuando ya no era presidente, volviendo de un viaje desde México. Mas para Shazar, de cualquiera de las dos formas, era una vivencia extraordinaria encontrarse con el Rebe, que lo nutría de fuerzas espirituales y físicas, que ningún médico podría darle.

“La última visita al Rebe se produjo en el verano de 1973. Una mañana, mientras me encontraba en mi oficina, recibo una llamada de México City. Me informan que Shazar desea tomar parte del Farbrenguen Jasídico que se llevará a cabo al día siguiente por la noche. Inmediatamente me contacté con la oficina del Rebe para organizar esta visita. Después del mediodía arribó Shazar a Nueva York. Como en otras oportunidades, lo estaban esperando representantes del Estado y de Jabad. Descendió del avión, apoyándose sobre su bastón, agotado por el largo viaje. El Rabino Jodakov, secretario del Rebe de Lubavitch, lo bendijo en su nombre. Shazar preguntó cuándo podría encontrarse con el Rebe en audiencia privada. El Rabino Jodakov le contestó: “En el momento que Ud lo decida”.

“Era un jueves por la tarde. Shazar iba a permanecer en la ciudad hasta el sábado por la noche. Esa noche iba a ser el farbrenguen y no quedaba mucho tiempo para el encuentro. Miró su reloj, y luego de pensar un instante preguntó si podría ver al Rebe antes del Far-brenguen, a las 19.00 hs. El Rabino Jodakov le contestó afirmativamente. La comitiva de Jabad volvió a Brooklyn y yo acompañé a Shazar a su hotel en Manhattan”.

“Apenas tenía una hora para descansar y cambiarse. A las seis en punto, un contingente de Jabad enviado por el Rebe, se encontraba en el hotel para secundar a Shazar. Unos instantes antes de la hora fijada llegamos a Crown Heights. Había montado un gran dispositivo. Aunque ya no era un funcionario oficial, fue recibido con los mismos honores como cuando era presidente. Cientos de Jasidim lo recibieron con cánticos y el Rebe, que no solía salir de su despacho para recibir a la gente, se dirigió hacia la calle y ni bien el anciano Shazar (tenía 83 anos) bajó del auto, se estrecharon en un emocionado abrazo”.

“La comitiva en pleno ingresó en la muy recatada oficina del Rebe, cuyas paredes se encontraban colmadas con libros Santos. Luego de los saludos de rigor, se pidió al público que se retirara, permaneciendo solos el Rebe y Shazar. De lo que hablaron en detalle, tal vez nunca se sepa. Pero de lo que escuché de Shazar después de estos encuentros, no tengo dudas que además de hablar sobre temas relacionados con nuestro pueblo, pidió Shazar consejos personales al Rebe en quien confiaba y delante de él se encontraba como un Jasid delante de su Rebe”.
“La audiencia duró cerca de dos horas. Alrededor de las nueve fui llamado a la habitación y alcancé a escuchar que Shazar le decía al Rebe: ‘Me encuentro débil por el largo viaje, y le pido permiso al Rebe para retirarme antes de que finalice el Farbrenguen, si no me voy a sentir bien. De más está decir que el Rebe lo consintió”.
“La multitud ingresó a rezar Maariv e inmediatamente comenzó el Farbrenguen en el gran salón. Sobre el estrado estaban sentados los destacados de Jabad y sus ancianos, invitados especiales y gente de la Tierra de Israel, a las que siempre se les asignaba un lugar preferencial. El Rebe estaba sentado en su sillón, tapizado en rojo, y delante de él los micrófonos que llevaban su voz al público en general. Cerca del Rebe, se encontraba, fuera de lo común una silla extra, donde Shazar estaba sentado”.
“Aunque la hora era avanzada, y Shazar estaba sin fuerzas, un brillo refulgía de su rostro. Escuchó con mucha atención, aplaudió, estimuló al público con sus manos. En los intervalos, y luego de levantar su copa hacia el Rebe, recibiendo su bendición, bebía el vino y acompañó con gran entusiasmo las Melodías de Jabad”.
Recordé las palabras de Shazar, que no se sentía bien y tal vez tendría que retirarse antes de que termine el Farbrenguen. Mas el reloj avanzaba, las once, las doce… -los custodios israelíes y americanos, – que no comprendían el Idish, comenzaron a demostrar signos de cansancio, pero Shazar continuaba en su lugar… Después de la medianoche, me acerqué a preguntarle cómo se sentía, y él, que era muy inteligente, comprendió que mi pregunta era, cuándo pensaba levantarse, me respondió sonriendo: “Otro poco”, pero ese ‘otro poco’, demoraba en llegar. El Farbrenguen se extendió. El Rebe, tal cual como era su costumbre, habló con mucho entusiasmo, como un líder que dirige a sus Jasidim con mano fuerte. Los cánticos Jasídicos, que sobre ellos podría decir: Quien no escuchó las melodías de Jabad, no escuchó cánticos en su vida, se elevaban a cada instante. A las dos y media de la madrugada, seis horas y media después de haber comenzado, terminó el Farbrenguen”.
“Ahora, pensé, por fin volveremos al hotel. Pero no. Parecía que la audiencia que había comenzado antes del farbrenguen no había terminado y Shazar entró a lo del Rebe nuevamente a una charla personal que concluyó a las cuatro y media de la madrugada. El Rebe, acompañó a Shazar hasta el auto. En el camino me pidió disculpas por haberse demorado tanto. Ambos se abrazaron y luego emprendimos el regreso, acompañados, por pedido del Rebe, por el Rabino Jodakov, su persona de confianza”. “Shazar estaba emocionado hasta sus fibras más íntimas. Permaneció concentrado en sí mismo, sus mejillas húmedas por las lágrimas. Tarareaba en voz baja, las melodías, como si estuvieran acompañándolo. Todos sentimos, aunque nadie se animó a decirlo, que este había sido el último encuentro entre el gran Rebe y su Jasid”.
El Rabino Levi Qarelik, nos cuenta sobre ese Farbrenguen: En un momento, el Rebe le indicó a Shazar que diga “Lejaim”, mientras el amplio público prestaba atención al gran acercamiento que el Rebe le daba. Yo tenía doce años, y recuerdo que en medio del Farbrenguen, que se estaba transmitiendo en vivo por radio con traducción al inglés, ingresé a la sala de audio y escuché que el traductor, el Rabino Iaakov lehuda Hecht, le anunciaba a la audiencia: Se encuentran aquí muchos miembros de seguridad, pues en el Farbrenguen está presente una personalidad, que por motivos de seguridad no puedo revelar su nombre ahora, y lo haré recién al final…”
Rev Shmuel Shpritzer nos cuenta sobre un detalle del comienzo de la audiencia:
“Volviendo de México, Shazar realizó una visita a Texas. Por indicación del Rebe, el Shliaj (emisario) de Jabad allí, el Rabino Shimón Lazarov, fue a recibirlo y estar presente en su alocución. Más tarde, cuando Shazar llegó a Nueva York, ingresaron con él varias personas al comienzo de la audiencia con el Rebe, y entre los invitados de Jabad se encontraba también el Rabino Lazarov. Shazar le dio saludos al Rebe de su Shliaj en Texas, y el Rebe le dijo que él se encontraba aquí. . . el Rabino Lazarov se acercó a ellos, y el Rebe le preguntó si podría repetir el discurso de Shazar…” “una orden es una orden, y el Rabino Lazarov comenzó a repetir el discurso, mientras el Rebe no cesaba de sonreír… Cuando finalizó, el Rebe le preguntó a Shazar si estas palabras se parecían a las que él había dicho, y este contestó anonadado: “¡palabra por palabra!”.
Extraído de “Nasí de Jasid”

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