La guerra de los seis días

Miremos un poco hacia los di?as previos a la e?poca de la Guerra de los Seis Di?as, que tuvo lugar en 1967. La guerra fue un ataque preventivo por parte de israel que lucho? contra Egipto (que planeaba un ataque), Jordania y Siria, con el apoyo de irak (y la Unio?n Sovie?tica). Con la ayuda del Cielo y con maravillosos milagros, la guerra termino? en seis di?as, despue?s de co- menzar el 5 de junio y finalizar el 10 de junio. Fue el triunfo de los pocos contra los muchos. En su conclusio?n, israel habi?a conquistado las grandes extensiones del desierto de Sinai?, la Franja de Gaza, Cisjordania, los altos del Gola?n y Jerusale?n Oriental.
Unos di?as antes de la guerra, se palpaba una gran tensio?n en el aire. Todo el pai?s estaba en crisis. Habi?an movilizado a los soldados. Yo, mientras tanto, continue? con mi trabajo de viajar por el pai?s hablando sobre judai?smo y jasidismo, con programas llamados “Erev Jabad” (“Anochecer con Jabad”) que teni?a lugar en las comunidades agri?colas.

El periodista Dan raviv me conoci?a de cuando grabamos el programa “Yom Bayishuv”, y le gustaba mi estilo. E?l organizo? una cita en el Eje?rcito como oficial Cultural. En los di?as previos a la guerra vino a mi? con la peticio?n de que tambie?n hablara a los soldados. asi? fue que me dirigi? a una serie de grupos de soldados, in- cluyendo la noche antes del estallido de la guerra.
El Sr. raviv me pidio? hablar a un escuadro?n en la noche del lunes 27 de iyar (4 de junio), y que trajera conmigo ma?s jo?venes Lubavitchers. a la hora sen?alada, un vehi?culo militar vino a recogerme, junto con varios colegas, los rabinos Tzvi Greenwald, Jaim rifkin, israel Naparstek, Meir Friedman, y otros. Nos llevaron a un kibutz en el sur, cerca de kiryat Malaji.
En la oscuridad de la noche nos llevaron a una zona boscosa. El rabino Greenwald hablo? primero durante varios minutos. Entonces el jeep subio? a un monti?culo de unos tres metros
de altura. Era como la “Plataforma de los Discursos”. Estaba completamente oscuro por todas partes. Difi?cilmente se podi?a distinguir los a?rboles. Me pidieron que suba sobre el jeep. Era como si las palabras estaban descendiendo del cielo a un pu?blico invisible. Empece? con los vocablos del versi?culo bi?blico que los Cohanim (sacerdotes) pronunciaban a los eje?rcitos de la antigu?edad que estaban a punto de entrar en batalla, “Escucha, Israel! Ustedes esta?n hoy aqui? para salir a la batalla contra sus enemigos. No temas y no tiembles, no dejes que tu corazo?n se debilite”.

Mi charla duro? alrededor de media hora, y fue de todo corazo?n. Queri?a animar a los sol- dados, para infundir la creencia y la confianza, y para levantar el a?nimo. Cuando termine? me sente? en el jeep, y continuamos a una tienda de campan?a militar que habi?a sido erigido cerca. alli? nos encontramos con el teniente general Motti Gur, el Comandante de la Brigada Paracaidista. Me dijeron que era su brigada la que me habi?a escuchado. La noche llego? a su fin y quedamos que la noche siguiente iba a hablar a un grupo diferente de soldados.
raviv me llamo? al di?a siguiente, para decirme que nuestros planes de llevar palabras de inspiracio?n a ma?s grupos de soldados se cancelaron. La guerra habi?a estallado. Tres di?as despue?s, la nacio?n judi?a se entero? de que la Brigada Paracaidista, dirigida por Motti Gur, habi?a conquistado el Muro de los Lamentos y el Monte del Templo. Eran los mismos jo?venes paracaidistas que habi?an oi?do mis palabras en el bosque totalmente oscuro.
Pocos di?as despue?s de la guerra, el general Gur me invito? junto a mi familia para estar entre los primeros en visitar el Muro Occiden- tal recie?n recuperado. Poco despue?s me encontraba entre los fundadores de un Stand de Colocacio?n de Tefili?n en el Muro que existe hasta hoy.

* Del diario del Rabino gansburg z”l

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