La amiga de Zahava

El primer mensaje era así: “Mi nombre es Zahava y mi número telefónico es 9786544”…

Una tarde, hace aproximadamente diez años atrás, entré en la oficina de nuestra Ieshivá (Seminario Rabínico) en Kfar Jabad ( población de Jabad en Israel) y revisé los mensajes del contestador telefónico. El primer mensaje era así: “Mi nombre es Zahava y mi número telefónico es 9786544”.
Evidentemente ella se había equivocado, así que decidí que debía hacerle un favor y devolverle el llamado. Llamé al número que dejó grabado y cuando Zahava atendió, traté de explicarle que había cometido un error. Ella me respondió: “Estoy hablando con Kfar Jabad, ¿verdad? Quiero hablar con Kfar Jabad”
Cuando contesté afirmativamente, ella continuó: “¡Muy bien! Bueno, tengo una amiga llamada Sara. Ella está embarazada y dice que no puede mantener al niño, ya tiene tres hijos y su esposo gana muy poco, así que ha decidido efectuar un aborto. Traté de hablarle, incluso envié rabinos y expertos en el tema, hablaron con ella durante horas pero de nada sirvió. Ahora ella aduce que lo único que puede hacerle cambiar de parecer es que el Rebe de Jabad en persona la llame por teléfono y le diga que no lo haga. Es por eso que lo llamo. ¿Usted es Jabad, verdad?”
Le expliqué a Zahava que el Rebe está muy ocupado, que reza, estudia y enseña Torá veinte horas al día y también responde aproximadamente mil cartas y pedidos diariamente, por eso es irrazonable esperar que él devuelva el llamado telefónico.

Le sugerí que yo mandaría un fax al Rebe, explicándole la situación de Sara y pediría una bendición para que la próxima persona que le hable pueda tener éxito en convencerla para que tenga su bebé.

Zahava estuvo de acuerdo, mandé el fax, y a la hora recibí un llamado desde la oficina del Rebe en Nueva York, con una respuesta urgente del Rebe!
El Rebe escribió: “¿Es cierto que la gente habló con ella y no tuvieron éxito? Rezaré por ella”

Llamé inmediatamente a Zahava y con mucha excitación le leí la respuesta del Rebe. Por un momento ella quedó en silencio y luego dijo despacio: “¿El Rebe quiere decir que estoy mintiendo? ¿Que nadie habló con Sara?”

No lo había pensado así, pero me di cuenta que tenía razón. Traté de buscar otro tipo de explicación posible a las palabras del Rebe, pero ella las rechazaba.
Hubo un silencio por un instante, yo no sabía qué decir.

Finalmente ella habló: “Bueno Rabino, quiero que sepa que Zahava no existe… yo soy Sara. Nadie habló conmigo para que no me realice el aborto. ¡No puedo entender cómo el Rebe lo supo! Pero algo es seguro- yo ya he recibido la respuesta, en persona, del Rebe, que tanto estaba esperando. Por favor, dígale que no realizaré el aborto. Dígale que he decidido tener al niño y confiar en la ayuda de Di-s”.

Envié de inmediato un fax a la oficina del Rebe con las palabras de Sara, y antes de las tres horas recibí otra respuesta: “Gracias por las buenas noticias. Está escrito en la Mishná del Tratado Talmúdico de Sanhedrín que quién salva un alma judía se le considera como que ha salvado al mundo entero. Por favor, dígale a la mujer, que acaba de salvar al mundo entero. Y que con ése mérito, Di-s le enviará bendiciones para éxito, salud y najat (satisfacción)” Los hijos de Iaakov representaban a todo el pueblo judío, y por ello cada uno es sumamente importante.

Por Rabi Tuvia Bolton.

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