Honorable extinción

En pocos años el Rabino se transformó de recién graduado en una personalidad internacional…

Eran pocas las personas de la ciudad que aún no habían sido acercadas por sus enormes esfuerzos. Le esperaba un futuro promisorio. Pero en ese momento comenzó a sufrir un problema médico. Al principio lo ignoró, pensando que Di-s se encargaría de cuidarlo. Pero para ese entonces la situación se agravó tanto que a duras penas podía sentarse.
Renuente, fue a visitar a su doctor. El médico lo envió inmediatamente a consultar a un especialista en el tema.
El Rabino quedó aturdido al escuchar que el doctor le dijo: “Rabino, ya es muy tarde. El crecimiento está más allá de nuestras posibilidades para tratarlo”.
Con el 97% de seguridad de que el crecimiento era maligno y que su vida estaba a punto de concluir, el Rabino salió de la oficina del médico rezando por un milagro.
Ese mismo día visitó a otro especialista, un renombrado profesional que trabajaba en investigación de la Universidad.
Luego de un corto examen, le confirmó el diagnóstico del primer profesional.
¡Era sin dudas el final de su vida!
“¿Cómo puede ser?” se preguntaba mientras se dirigía a su hogar, para considerar cuál sería el próximo paso. Estaba devastado. Su esposa estaba embarazada. Su situación económica era catastrófica: estaba absolutamente endeudado. ¡Estaba a punto de dejar a su familia una pesada herencia de pobreza y no había nada que pudiera hacer al respecto!
Era viernes de tarde y tenía un turno para realizar la biopsia el lunes de mañana. Trató de conseguir un pasaje de avión para pasar Shabat junto a su Rebe, el Rebe de Lubavitch, pero no había lugar hasta el sábado a la noche. Sólo habló con sus asistentes más cercanos. Les encomendó hacer los “arreglos” necesarios.
Ese Shabat fue muy extraño. A la tarde, el Rabino organizó un farbrenguen (reunión jasídica) con su congregación pero apenas pudo hablar. Nadie entendía lo que sucedía.
El sábado a la noche tomó el avión para ver al Rebe y pasó todo el tiempo concentrado en sus pensamientos. Llegó el domingo a la mañana temprano y se paró frente a la puerta de la oficina del Rebe esperando poder verlo. Los Jasidim que lo veían lo saludaban efusivamente. Era una persona muy conocida. Pero él estaba en otro mundo como para responder.
Finalmente, el Rebe apareció. Entonces, como continuando un pensamiento, el Rebe lo miró y le dijo:
“Una honorable extinción” y continuó su camino.
“¿Honorable extinción?”, pensó. Me voy y nada quedará de mí. Estaba destrozado. Se dirigió al aeropuerto para unirse nuevamente a su esposa y a sus hijos.
Durante el viaje de regreso cavilaba: “Al menos será honorable”. El pensamiento lo tranquilizó y pudo dormir.
A la mañana, reluctante, acudió a su cita con el médico. El examen fue rápido y luego fue enviado a la oficina del doctor especialista. El médico revisó los resultados, los volvió a leer. Tomó una nueva prueba. Finalmente, rascándose la cabeza, dijo: “No entiendo nada. De acuerdo a los reportes… Pero yo lo revisé tres días atrás. Es muy extraño. No hay nada!” repetía el profesional.
“¿Qué?” preguntó el Rabino. “Nada” dijo el médico.
El Rabino salió del consultorio y fue a ver al segundo profesional. Demandó un segundo examen. Después de un rato, el doctor dijo: “No comprendo. Tres días atrás había allí un crecimiento del tamaño de una pelota de softball. ¡Ahora no hay nada! Es como si se hubiese extinguido…”
El Rabino salió alegremente del consultorio, cantando: “Honorable extinción. Es una honorable extinción”.

(Adaptado de “There is One” de Gutman Loks)

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