Ganando la guerra contra la esperanza

Una de las primeras tareas que aprendes como soldado es cómo hacer brillar tus botas. No importa si estás asentado o cuál sea tu misión, tu día comienza con el lustrado de tus botas. Cuando mis hombres y yo llegamos a Ground Zero, el fuego ardía fuera de control y el humo quemaba nuestros ojos. Lo primero que llamó mi atención fue la ceniza.

Automóviles, personas, edificios – todo estaba cubierto por una profunda ceniza. Después de un tiempo se nos ocurrió que muchas de las personas que quedaron atrapadas dentro del World Trade Center se quemaron completamente, cremados por el intenso calor provocado por las explosiones y fuegos. Esa ceniza era lo que quedaba de ellos. Esa noche no lustré mis botas. ¿Cómo podría hacerlo? ¿Haría alguna diferencia? No he lustrado mis botas desde el 11 de Septiembre, y cuando mi misión aquí se termine y no sea más necesaria mi presencia en Ground Zero, estas botas serán enterradas, no serán usadas nuevamente.La pregunta que escucho todos los días, de boca de soldados, civiles, políticos y personal de rescate es: “ ¿Cómo pudo Di-s permitir que esto suceda?” Me lo preguntan mientras caminan sobre las cenizas, mientras trepo a edificios destruidos, cuando veo torrentes de familias de duelo, tratando de divisar algo por encima de las barricadas. Podría decirles que hay gente que elige hacer el bien y quienes eligen hacer el mal. ¿Pero qué le digo a las miles de inocentes personas que están sufriendo, las víctimas y los familiares de los difuntos?¿Qué puedo ofrecerles? Sólo puedo tratar de ofrecerles esperanza. Esencialmente mi trabajo es esperanza. No soy un experto en guerra en el desierto, no puedo pilotear un F-16, e incluso a veces, me trabo cuando trato de mandar mis e-mails. Pero conozco el valor que el judaísmo da a la esperanza y la fe. El Talmud nos enseña que incluso cuando el filo de la espada del enemigo está posado en su cuello, la persona no debe perder la esperanza. Dentro de cada individuo hay un increíble reservorio de esperanza y fortaleza. Lo he visto en nuestras Fuerzas Armadas durante 26 años.

Pero el 11 de Septiembre dejó al descubierto esta esperanza en cada persona.
Vi esperanza en el bombero que estaba parado sobre los escombros ardientes, sus botas derritiéndose, esperando hallar sobrevivientes. Vi esperanza en los ojos de un miembro del cuerpo de rescate, que encontró una kipá (solideo) entre los restos del desastre, esperando que yo pueda averiguar a quién pertenecía.
Vi esperanza en una voluntaria que supo que yo tocaría el Shofar en Groun Zero en Rosh Hashaná. Cuando escuchó las notas del Shofar, lágrimas rodaban en sus mejillas. Al concluír el servicio religioso, respiró hondamente y retornó a su trabajo.
Vi esperanza y fortaleza en el grupo de Ingenieros de Combate que construyeron una Suká allí para los trabajadores de salvataje y los familiares de las víctimas judíos. Escuché esperanza en las palabras del Presidente Bus y el Gobernador Pataki. Vi esperanza en las acciones del Intendente Giulliani, que estuvo constantemente con los grupos de salvamento, dándoles aliento y agradeciéndoles por su ayuda.
La gente común, el personal de rescate, los dirigentes, nos ayudaron a tener esperanza y fe en el momento que más lo necesitamos. Un abuelo hablaba con su nieto acerca de cómo se sentía por lo sucedido. “Siento como si dos lobos estuvieran luchando en mi corazón. Un lobo está pleno de enojo, desesperación y desaliento y el otro está lleno de compasión, fortaleza y esperanza” dijo el abuelo.
El nieto pregunto: “¿Y cuál ganará la lucha en tu corazón?”
El abuelo respondió: “Aquél yo alimente”.
Si hay algo que necesitamos hoy es la esperanza. Aliméntese usted y a todos los que lo rodean con fe y esperanza de que las cosas mejorarán. Nunca se den por vencidos. La esperanza es el ingrediente esencial con el cual reconstruiremos nuestra sociedad. Sin ella, tenemos edificios que pueden ser destruidos. Con ella, somos una nación, subyugada a Di-s, indivisible, con libertad y justicia para todos.

Nota del Editor: El Coronel Jacob Z. Goldstein es el capellán en jefe del las Fuerzas Armadas de Nueva York. Es un rabino de Jabad que pasó 30 años en el servicio a su país. Él y su equipo fueron testigos de los trágicos eventos del 11 de Septiembre, y una de las primeras unidades militares que arribaron a Ground Zero.

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