Gam Zu Letová- No hay mal que por bien no venga

¿Cuántas veces nos sucedió que estábamos con el tiempo justo, atrasadísimos? Llegamos a la parada del colectivo, a la estación de subte, o paramos al único taxi libre que se veía en cien cuadras a la redonda. Y el colectivo pasó de largo, el subte cerró las puertas o el taxi paró a unos metros de nosotros para llevar a otro pasajero. Seamos sinceros: ¿Cuál es la primera frase que se nos ocurre decir? No es necesario responder en voz alta. Sin embargo, los judíos tenemos una frase ideal para estos momentos y que nos evitará toneladas de stress: GAM ZU LETOVÁ (También esto es para bien). La enseñó un gran Sabio, Rabí Najum, a quien apodaron Gam Zu en honor a su frase, que era el leitmotiv de su vida (que entre nosotros, no fue para nada fácil).

También Iosef, en la Parshá de esta semana, le dice a sus hermanos que no se sientan mal por haberlo vendido, pues todo fue para bien. En realidad, Di-s lo envió a Egipto para traer salvación a toda la descendencia. Pero tengamos en cuenta que pronunció estas dulces palabras después de haber soportado ¡¡¡DOCE AÑOS DE PRISIÓN!!!. Bueno, es verdad, Iosef era un Tzadik-justo, y podía ver como cada uno de los pasos de la persona y de toda la Creación son guiados por la Supervisión Divina. Nosotros, seres humanos simples, no siempre podemos ver o comprender la bondad que reside en cada uno de los sucesos diarios.

Muy a menudo nos enojamos por pequeños acontecimientos y nos amargamos. Si probamos quitar de nuestra mente el pensamiento negativo que nos provocó una circunstancia aparentemente desfavorable, y nos concentramos en la “buena onda” del GAM ZU LETOVÁ- Todo es para bien- no sólo nos ahorraremos el tomar calmantes y antiácidos, sino que tendremos una perspectiva absolutamente distinta de nuestra vida. Voy a compartir con ustedes un hecho que me toca muy de cerca y que dejó a ojos vista la fuerza de esta frase: Una de nuestras hijas estaba residiendo en el exterior. El día de su cumpleaños estaba muy triste. Era un viernes de verano, todas sus amigas estaban de vacaciones y se hallaba lejos de casa. Depresión total. Sólo algo la ponía feliz. La familia le festejaría en Shabat su cumpleaños, en una casa en las montañas. Salió muy temprano para llegar con tiempo a su destino. Pero la ruta estaba inundada y los miles de autos que la transitaban avanzaban a paso de hombre. Imposible. Finalmente decidió retornar porque no llegaría al country antes de Shabat. Imagínense su humor. Cenó en casa de sus tíos, que no la esperaban. Aparentemente, todo mal. Pero ese Shabat mis cuñados habían invitado a una pareja de amigos. La comida sabática fue normal. O eso creyó mi hija. Los invitados quedaron encantados con ella y pensaron que sería ideal presentarle a su hermano menor pues serían el uno para el otro. Y gracias a Di-s, no se equivocaron. Después de unas semanas, mi hija recibió el regalo de cumpleaños más hermoso: su novio.

Ejercitemos el GAM ZU LETOVÁ y sonriamos más a menudo.

Miriam Kapeluschnik

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