Fe y el Tsunami

Diez minutos después de que el desastre golpeó las noticias, mi teléfono empezó a sonar. Y así siguió 24 horas por día…

Maridos que buscan a sus esposas. Madres que buscan a sus hijos. Amigos que buscan a sus compañeros de viaje.

Siendo uno de los emisarios de Jabad en el Sudeste Asiático, fui despachado esa misma noche a las áreas más golpeadas. Mi misión: ayudar con la búsqueda y rescate, particularmente a los miles de israelíes perdidos y otros viajeros judíos. Iaakov Dvir, Cónsul israelí en Tailandia, así como el Ministro Silvan Shalom, demandaron la ayuda urgente de Jabad en Tailandia. Todos nosotros-los seis rabinos de Jabad y nuestras familias y los doce estudiantes rabínicos que viven y trabajan en Tailandia- ayudamos atendiendo llamadas, compilando listas, ofreciendo ayuda y confortando a los sobrevivientes.

Cuando llegué a Phuket aún los cuerpos hinchados estaban alineados en las calles. Tenía centenares de nombres en mis listas, con nuevos que se agregaban a cada momento. Durante tres días hice mis rondas en depósitos de cadáveres, hospitales y resguardos provisionales, intentando hacer coincidir caras y destinos a los nombres en mis listas.

A los sobrevivientes los proveemos de comida, ropa, cuidado médico y transporte a casa. A los muertos, tengo la tarea desafortunada de ayudar al ZAKA (Identificación de Víctimas de Desastre) voluntarios que han volado desde Israel para realizar la identificación, ordenando un entierro judío apropiado, etc. En un lugar dónde desgraciadamente tantos fueron arrojados en tumbas masivas, se siente cierto alivio al saber que la víctima ha sido encontrada y recibirá un entierro judío. De momento que un cuerpo judío es identificado, no queda solo ni un minuto.

Ayer encontramos a Mattan. Lo buscamos durante dos días. El niño de 11 meses fue arrancado de los brazos de su madre cuando jugaban en la playa. Ella y su marido sobrevivieron el tsunami, pero Mattan no aparecía. El martes por la mañana, Steve y Sylvia Nesima encontraron a su hijo. Estaba en el depósito de cadáveres junto con centenares de niños que no pudieron contra las olas monstruosas. Mattan fue llevado a Bangkok dónde los emisarios de Jabad lucharon contra el reloj, hasta que pusieron su cuerpo en el avión de El Al a Israel. Nuestros tres Batei Jabad en Bangkok, Chiang Mai y Ko Samui se han transformado en centros de ayuda, comunicación, comida, dinero, transporte y resguardo. Hemos abierto nuestras líneas telefónicas para las llamadas de padres que no descansarán hasta que oigan a su hijo en el otro extremo.

Los sobrevivientes vienen agitados, hambrientos y agobiados. Necesitan ir a casa y estar con su familia. Hasta que eso sea posible, es nuestra responsabilidad proporcionarles ese amor, consuelo y seguridad.

Hoy, cuando visité el hospital, una mujer israelí me llamó y me contó su historia. Viajaba en barco con otros 41 israelíes. Cuando llegaron a Ko Phi Phi las olas empezaron a golpear. Corrieron tan rápido como pudieron, pero el agua los alcanzó. Fueron barridos inmediatamente con árboles y automóviles. La mujer estaba segura de que su vida se terminaba y de repente instó a decir el “Shemá” a todos. Con las últimas fuerzas, clamó la unidad de Di-s. Y cuando terminó, sintió un tronco bajo sus pies que ayudó a que su cabeza quedara fuera del agua. Flotando, vio una soga bajar del cielo. La soga era tirada de su barco dónde otros sobrevivientes se habían refugiado. La subieron a bordo y pudieron salvar a 40 del grupo. Hay aún dos desgraciadamente, desaparecidos.

Gracias a la dedicación y trabajo de todos, hemos logrado mucho avance. De una lista inicial de 2,000 judíos desaparecidos, sólo 17 siguen en esa situación. Que Di-s nos bendiga para continuar teniendo éxito en nuestro trabajo, y que este desastre sea el último que conozcamos y sea el principio del verdadero comienzo de bondad y redención.

Rab Nechemia Wilhem, director de Jabad de Bangkok

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