El préstamo desaparecido

A los trece años, ya era doblemente huérfano. Mi madre había fallecido cuando era un niño, y luego, casi a los catorce años también perdí a mi padre. Tuve que mudarme a la Yeshivá ya que no tenía otro lugar a donde ir.

Pasé parte de mi vida, desde los catorce años hasta los diecisiete viviendo en la Yeshivá de Manchester, y luego otros nueve meses en la Yeshiva en Gateshead, hasta que cumplí los dieciocho.
El gran día llegó cuando, en Septiembre del año 1958 tuve el permiso del Rebe para ir a América con Visa de Estudiante, y comencé a estudiar en la sede central de Jabad Lubavitch en 770 Eastern Parkway, Brooklyn. Llegué con gran entusiasmo a Nueva York, donde estudié cuatro años.

Durante el tiempo que estuve allí, tuve varias oportunidades para tener una audiencia con el Rebe, generalmente en mi cumpleaños. Esas visitas eran cortas. No era un trabajador ni un hombre casado, sino un chico de Yeshivá. ¿Qué problemas podía tener? Sin embargo, el Rebe siempre me decía palabras de aliento.

El siguiente gran acontecimiento en mi vida ocurrió cuatro años después de mi llegada a Nueva York, en verano del año 1962, cuando me comprometí con mi futura esposa, gracias a Di-s.
Fui a ver al Rebe para pedirle su consejo en qué debería hacer ahora: en dónde viviría, y cómo mantener a mi futura familia.
El Rebe me dijo que buscara trabajo en cuatro lugares: Manchester, Londres, Montreal y Nueva York. Debería explorar oportunidades de trabajo en esos lugares, y luego el me ayudaría a elegir la opción más apropiada para mi.

Hice eso, y finalmente se decidió que Londres sería el mejor lugar para mí. Y dicho sea de paso, luego me enteré que no tenía trabajo en Londres, pero cuando escucharon que el Rebe dijo que debería buscar una opción de trabajo allí, crearon una para mí. Estoy aquí hace más de 45 años, por lo que fue la opción correcta.

Cuando estábamos discutiendo mi futuro con el Rebe, de pronto me preguntó: “¿Le vas a comprar un regalo a tu novia para el casamiento?”
El pensamiento había entrado en mi mente, para ser honesto. Pero había un problema asociando con esto: falta de dinero. Por mi situación, de no tener padres y no haber trabajado mientras estudiaba en la Yeshivá, no tenía fondos.

Pero dije: “Seguro, si. Le voy a comprar un regalo”.
“¿Tienes dinero para hacer eso?”
“De hecho, no”
“Entonces, ¿qué planeas hacer?”
“Espero pedir prestado. Y también espero estar en una posición de poder devolverlo”.
“¿Tienes a quién pedirle prestado?”
“Todavía no…”
“¿Y qué hay de los otros pagos para el casamiento?”
No tenía una respuesta satisfactoria.
Me dijo: “Mañana ve a la oficina de mis secretarios y dales una lista de las cosas que necesitas y su valor, y yo arreglaré el préstamo”.

Hice eso. Al día siguiente llegué con mi lista de cosas incluyendo el regalo para mi novia. Daba un total de $1200 dólares. Puede que hoy en día no suene como una gran cantidad, pero sí lo era en esos tiempos. Recibí los $1200. Lo iba a devolver en 24 cuotas de $50.

Estaba seguro que las cosas iban a estar bien. Le compré a mi novia un hermoso regalo, tan lindo que todavía le cuenta a la gente de ello. Ella les dice: “El Rebe le dijo a mi marido que le comprara un regalo a su novia”.

Llegamos a Inglaterra, comencé a trabajar, y pude devolver los $50 por mes durante dos meses. Pero mi salario era sólo suficiente para cubrir mi alquiler y algunas necesidades básicas, y no me dejaba suficientes fondos como para pagar $50 por mes. De una forma u otra, pude hacer un tercer pago.

Pero luego no pude seguir devolviendo el préstamo, y comencé a recibir recordatorios de la oficina. Cuando recibes recordatorios, eventualmente pagas un poco más, por lo que hice un cuarto pago, reduciendo mi deuda a $1000.

Recibí más recordatorios, pero mi situación financiera no estaba mejorando, y no podía devolver la deuda en ese momento. Le escribí al Rebe, pidiéndole una bendición para sustento, y le dije que estaba teniendo dificultades al respecto.

Estoy seguro que me dio una bendición, no tengo duda de eso. Pero el punto más fuerte, que fue la indicación más clara de su importancia fue, que desde ese momento dejé de recibir recordatorios de su oficina para pagar la deuda.

Gracias a Di-s, con el tiempo las cosas progresaron, y llegó un momento en el que pude juntar la cantidad que todavía debía. Llegué a Nueva York, sintiéndome contento conmigo mismo. Entré a la oficina y dije: “Tengo una deuda que quiero pagar”.
Me preguntaron mi nombre, los detalles, el año en el que el préstamo fue realizado para fijarse en los archivos. ¡Pero no pudieron encontrar nada!
Dije: “El hecho es que debo $1000 y quiero pagarlos”.
Ellos dijeron: “Bueno, pero no tienes ninguna deuda”.
Dije: “Perdón, el Rebe hizo el préstamo, el tomo la iniciativa y lo arregló para mí. No deseo permanecer en deuda. Aquí está el dinero, póngalo en sus libros como deseen, y terminemos esta historia”.
Fue entonces que me di cuenta cuán grande era la sensibilidad del Rebe. Él sabía que no tenía una familia, que dependía de otros, y que mis compras eran restringidas. El sintió por mí como lo hace un padre. Al principio ofreciéndome el préstamo y luego preocupándose de esto por mí. Siempre estaré agradecido.

Por: Rab. Itzjok Sufrin

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