El Cohen silencioso

Hace unos años, durante un Seder de Pesaj, me senté cerca de un judío francés…

Me dí cuenta que Julián, un ateo auto-proclamado, se resistía a cualquier intento de comprometerse en la discusión de la mesa acerca de Judaísmo. Me comentó, para demostrar su antipatía a cualquier cosa judía, que siempre había estado absorto por el pensamiento Zen, particularmente por sus koans ( ejercicios mentales teóricos). Había, sin embargo, dos koans que aún no había resuelto:
Koan #1: “Una mano se desliza debajo del agua, pero la manga no se moja. ¿Cómo?”
Koan #2: “Un toro se estrella y atraviesa una ventana. Su cabeza, cuerpo y piernas se chocan a medida que la atraviesan, pero no su cola. ¿Por qué?”
Pregunté a Julián si estaba al tanto del verdadero y original koan: la palabra hebrea “kohen” significa sacerdote, refiriéndose a los sacerdotes -los kohanim- que servían en el Santo Templo.
En el Templo, había dos tipos de servicios: el de los Kohanim y el de los Levitas- Leviím. Los Levitas servían a Di-s a través de la canción. Los Kohanim servían en silencio. Por más grande que sea el poder de canción, no se puede comparar al poder de silencio. El silencio del servicio de los Kohanim, accedía a la dimensión más íntima de lo Divino, que ni siquiera puede ser contenida por la melodía más bonita.
Desde nuestra limitada perspectiva, el sonido es más ruidoso que el silencio. Desde la perspectiva de la verdadera Realidad, sin embargo, el silencio es más poderoso que el sonido. No porque Di-s es más cercano al silencio que de lo que Él es cercano al sonido, sino porque el silencio nos otorga la destreza de elevarnos de nuestra percepción y sentidos limitados y experimentar lo sublime.

Éste es el verdadero kohen. El santo kohen.
“Entonces,” dije a Julián, “volvamos a sus primeros koan: “Una mano se desliza debajo del agua, pero la manga no se moja. ¿Cómo?”
“¿El agua puede mojarse? No. Agua es humedad. Desde nuestra perspectiva limitada, una mano y una manga secas que se deslizan en el agua deben mojarse, porque seco y húmedo son dos estados diferentes. La Realidad, no es ni seca ni mojada, y por consiguiente incluye e integra a ambos. Cuando nos sublimamos (a través de la tevilá- la inmersión en una mikve- baño ritual, que tiene las mismas letras hebreas que bitul, auto-anulación) en el ‘ agua pura del conocimiento’ y experimentamos silencio, entonces nuestra manga y brazo no pueden mojarse y ni todo nuestro ser, porque somos la humedad en sí misma.
“A su segundo koan: “El toro que se estrella a través de la ventana y la cola no lo hace. ¿Por qué?”
“Permítame preguntarle: “¿Por qué no? ¿Por qué la cola debe seguir?”
“Un profesor de filosofía pidió a estudiantes recién graduados que escribieran su discurso respondiendo a una sola pregunta: “¿Por qué?”
Un estudiante recibió un sobresaliente porque respondió: “Porque”. ‘ El otro recibió un sobresaliente plus por contestar: “¿Por qué no?”
“Todos nuestras preguntas de “¿por qué?” se originan del hecho que partimos de principios definidos que son dados por sentado y por consiguiente preguntamos “¿Por qué?” Sin embargo, desde la perspectiva de Di-s, que está más allá de todas las definiciones y paradojas, cualquier pregunta de “¿Por qué?, o cualquier pregunta en general, resulta absurda. Ante Di-s, “¿Por qué no?” es la pregunta más apropiada.
“El toro, nuestro lado agresivo, se estrella y pasa a través de una ventana. Esperamos que todo él se estrelle. Cuando la cola no lo hace, nos preguntamos: “¿Por qué?”
“ Amigo” dije, “Suspenda su lógica y permanezca callado. “¿Por qué no?” “Porque el silencio es el secreto del santo Kohen”.
El francés saltó de su silla.
“¡Claro! Después de todos estos años que pasaron, por supuesto…” Continuó murmurando para sí, entre estallidos de risa… “¿Por qué no? ¿Por qué no?”
Se sentó por un instante. Me miraba en silencio. Un silencio que era más ruidoso que cualquier palabra. Y de pronto dijo:
“¿Por qué permitió Di-s- tu Di-s- el Holocausto?”
Permanecí callado. Luego dije: “Acaba de toparse con el más grande de todos los koan. Ha pasado su vida entera en busca de los misterios del koan, y tiene problemas con el último koan, la última paradoja”.
Se me acercó, mirando fijamente en mis ojos, escuchando con todo su ser.
“¿Por qué acepta las experiencias transcendentales que son consecuencia de las paradojas intrínsecas inherentes a todo koan, mientras que se niega a aceptar la paradoja de un Di-s bueno que permite el mal? ¿Si Di-s es Realidad-la integridad de la Realidad-es posible que ese Di-s transcienda nuestras definiciones limitadas de bueno y malo? A saber, ese Di-s no es bueno ni malo (de acuerdo a la manera en que nosotros definimos los términos), ni seco ni mojado, ni sí ni no, y por consiguiente no podemos preguntar “¿por qué?” o incluso “¿por qué no?”
“La razón por la que usted y yo, y todos, agonizamos por ese asunto- se debe a que este koan ha golpeado nuestra casa. Otros koans son ejercicios teóricos que nos intrigan e incluso pueden conducirnos a una verdad mayor. Pero al final del día, vivimos y dormimos apaciblemente, sabiendo que nuestra lógica no comprende el sonido de un aplauso de la mano o la mano seca en el agua húmeda. Sin embargo, no podemos dormir apaciblemente cuando sabemos y sentimos la agonía de niños inocentes que fueron masacrados implacablemente, sus cenizas echadas al viento y su sangre desvalida ha sido absorbida por los céspedes de la tierra Bávara.
“Éste, mi amigo, es el último koan. Y no tengo ninguna respuesta para él. Ninguno de nosotros la posee. De hecho, Di-s nunca tendrá una respuesta que podamos entender y Di-s tampoco duerme apaciblemente. Cuando los romanos sometían a una muerte tortuosa a los más grandes Sabios de su tiempo, los ángeles celestiales lloraron a Di-s: “¡¿Esto es Torá y este es su premio?!”
Di-s no dió ninguna explicación teológica. Él simplemente dijo: “Permanezcan callados…”
El silencio. La única contestación”.
Julián me miró por una eternidad y no pronunció otra palabra en toda la noche. Yo tampoco.
Pero antes de que se fuera a casa, me dijo en la puerta al despedirse: “Es tan difícil. El dolor es tan profundo.”
Poco después supe que este judío francés es un sobreviviente del Holocausto y es un Kohen, un santo Kohen.

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