El círculo se cerró

Normalmente el cementerio es asociado a situaciones tétricas. Sin embargo, la historia de la que fui testigo es digna de una encantadora novela…


Todo comenzó hace aproximadamente 15 años. Un Cementerio judío en medio del campo en la provincia de Entre Ríos. Como todos los años, un matrimonio de amigos nuestros visitaba a sus ancestros que reposan allí. Pero como es común en estos lugares, la llave del Cementerio la tenía un judío del pueblo- Don Jaime. Fueron a su negocio, y allí se encontraron con una increíble sorpresa: detrás del mostrador se hallaba una hermosa adolescente que los recibió con una sonrisa. Resultó ser la hija mayor del dueño de casa, que les contó que tenía una hermana, y que su mayor deseo era estudiar para ser ganenet (maestra jardinera). Ellos- entrenados con la premisa del Rebe de Lubavitch de acercar a cada iehudí a sus fuentes- hablaron con Don Jaime y lo convencieron de enviar a sus hijas a conocer al Rabino (mi esposo) que vivía en una ciudad cercana. Y así, de pronto, un viernes a la tarde llegaron a nuestra casa. Dos pimpollos, con sus ojos claros puros como el aire del campo. Todo les parecía interesante, disfrutaban de cada detalle de ese Shabat que pasamos juntos. Y después de poco tiempo no había dudas. La hija mayor decidió viajar a Buenos Aires. Su padre estuvo inmediatamente de acuerdo. La apoyó a pesar del dolor de la distancia. Ella se ganó inmediatamente un lugar dentro de la comunidad. Estudió y con mucho esfuerzo logró su primer objetivo: hasta hoy es una exitosa ganenet. Al poco tiempo, su hermana menor la siguió. Y Don Jaime, como siempre, apoyó el ‘despegue’ de sus hijas. Sabía que el pueblo no era el mejor lugar para ellas. Durante años las había criado solo, pues su esposa había fallecido prematuramente. Les enseñó todo lo que pudo y les dio el ejemplo de ser un judío orgulloso de su condición. Cada vez que nos veíamos sólo tenía palabras de agradecimiento y cariño para con nosotros. Todavía recuerdo cuando, durante sus visitas, me esperaba con el mate cuando regresaba cansada a mi casa después de enseñar en la escuela.
Hoy sus hijas formaron familias importantes y ejemplares dentro de la comunidad judeo-argentina. Lo llenaron de orgullo y lo premiaron con dos yernos que lo quisieron y respetaron, y 10 hermosos nietos que caminan seguros por la senda del judaísmo. Esta semana Don Jaime- R’ Jaim ben Abraham Z”L- devolvió su alma a Di-s. Y volvimos a ese Cementerio. Sus hijas, sus yernos, sus amigos estaban con él. Y allí, en medio del campo, en ese pequeño lugar de tumbas antiguas, sentí que se cerraba un círculo. Y gracias a Di-s, con final feliz.

Miriam Kapeluschnik

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