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Esta historia la contó Rabí losef Silverman de Pittsburgh
Iosef tenía un amigo – Jaim- que estudiaba en la le-shiva de Jabad en Brooklyn y participaba de la “Campaña de Tefílín” todos los viernes con un grupo de amigos.
Jaim tomaba el metro con cuatro de sus amigos al corazón de Manhattan y visitaba las exclusivas oficinas para que judíos que trabajaban allí colocaran Tefilín.
Generalmente obtenían respuestas positivas. Pero una empresa de abogados era como un iceberg impenetrable. Los abogados no-judíos eran amistosos y buenos, pero los judíos nunca tenían tiempo. Y aquéllos que estaban interesados eran desalentados rápidamente por el director de la empresa.
Él era un duro y exitoso abogado, que cobraba varios cientos de dólares por hora. Cuando estaba en cualquier parte en la oficina, incluso en su despacho, no había oportunidad en que nuestros héroes pudieran pasar el escritorio delantero.
Así fue durante medio año, hicieron “cero avance” pero no se rindieron.
Un viernes, cuando llegaron al metro y esperaban, uno de los vendedores que sostenía una corbata negra, se les acercó, y dirigiéndose a Jaim, dijo: “Necesitas una corbata”
“No, gracias” Jaim dijo educadamente. “No me gustan. Pero gracias, de todos modos”
“No” El jovencito insistió “Necesitas una corbata. Eres una persona importante, con camisa blanca. Te haré un descuento. Cinco dólares en lugar de siete. ¿Bueno?”
“¡No!. No quiero una corbata” Jaim protestó.
Pero el muchacho no aceptaba una negativa. Durante los siguientes cinco minutos dijo. “¡Esta corbata es para ti! Sé lo que estoy diciendo. La necesitas”.
Jaim intentó protestar más asertivamente, pero sin efecto. El joven vendedor no se rendía. Finalmente los muchachos decidieron que la única manera de librarse de él era comprar la corbata. Jaim le dio los cinco dólares y tomó la corbata, feliz de tener un poco paz. Sin embargo, el vendedor no se dio por vencido hasta que le colocó la corbata como se debe.
Jaim se encogió de hombros, pensando que en cuanto saliera el tren se la quitaría.
Pero el vendedor conocía su negocio. “Ahora debes prometerme que no te la quitarás”
Jaim se sorprendió diciendo bruscamente de repente “¡De acuerdo! ¡De acuerdo! ¡Hoy la voy a usar!” En ese momento el metro vino, y en veinte minutos estaban en Manhattan.
Finalmente llegaron a la “empresa iceberg”.
Salieron del ascensor en el decimoquinto piso, entraron en la recepción de mármol y sonrieron a la re-cepcionista. Unos de los abogados gentiles sonrió y… ¡Entonces apareció…. el jefe!
“¿Por qué están aquí?” le dijo a la recepcionista. No esperando respuesta se volvió a ellos y dijo severamente: “¿Quiénes son? ¿Qué quieren?”
“Somos alumnos del Lubavitcher Rebe y vinimos a ver si hay judíos que deseen ponerse Tefilín” uno de ellos contestó.
El hombre permaneció en silencio por un segundo. Entonces, apuntó a Jaim y dijo. “¡Tú! ¡Quiero que tú me sigas!”
No parecía bueno. ¡Él era jefe de la empresa! Jaim, sin pensar demasiado, lo siguió por un corredor ancho.
El abogado cerró la puerta detrás de ellos, se volvió a Jaim y dijo. “Quiero colocarme Tefilín”
Después de ponérselos, el hombre le dijo:
“¿Quieres saber por qué finalmente estuve de acuerdo en ponerme el Tefilín?”. “Bien, te diré.”
“Podría parecer un hombre exitoso pero el hecho es que tengo grandes crisis en la vida. Nuestra empresa está perdiendo varios casos muy grandes y sufre otros retrocesos financieros. Estoy teniendo problemas personales también. Necesito ayuda. No sé a quien dirigirme, alguien a quien realmente le importe. Como abogados, vivimos a veces una vida muy fría.
“Entonces, ayer vi una de las tarjetas que ustedes dejaron aquí con la foto del Lubavitcher Rebe, y empecé a preguntarme si quizás él podría hacer algo. Después de todo, puse Tefilín durante algún tiempo después de mi Bar Mitzvá. Quizá no creerás esto, pero anoche tuve un sueño.
“Veía al Rebe. Él sonreía y yo le pregunté si me ayudaría. Él contestó: “¡Pero te envío un grupo de jóvenes todos los viernes con los Tefilín!” Yo contesté: ¡Parecen un manojo de vagos! ¡i ¿Por qué ninguno de ellos usa corbata?!!
El Rebe me dijo: “¿Quieres una corbata? De acuerdo enviaré a alguien con corbata!” Y me desperté”
“Cuando hoy vi a uno de ustedes con corbata, supe que no era sólo un sueño.”
El abogado empezó a colocar Tefilín regularmente y se desarrolló una agradable amistad entre él y los muchachos. Por lo que se sabe, sus problemas se fueron aliviando.

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