¿Premio o castigo?

…Contestamos al llamado del alma. Aprendemos sobre nuestras raíces, sobre la herencia que dejaron nuestros antepasados, y…hacemos la transición al estilo de vida religioso…

Comenzamos a cumplir Shabat, kasher, nos vestimos con recato y participamos de las numerosas tradiciones de las fiestas.

Aún así, algo anda mal. Nuestro bagaje del pasado no parece permitirnos abrazar por completo la nueva vida. Miedos, ansiedades, angustias no nos dejan tan pronto, aunque estemos haciendo todas las cosas correctas. Sin intentar hacer de este ensayo algo dramático, me gustaría compartir mi visión que ha iluminado y profundizado mi relación con el Creador.

Empecé a creer en Di-s en mi adolescencia. Mi adhesión a las prácticas religiosas aumentaban a paso firme desde los 16 años, y ya a los 20, emprendí la observancia por completo. Empecé a cumplir mitzvot según mis conocimientos y capacidades. Todo iba bien por fuera. ¿Pero qué pasaba por dentro? ¿Qué había sobre mi relación personal, íntima con Di-s?

Leí muchas historias sobre la experiencia de vivenciar el amor y la devoción por Di-s, y entendía intelectualmente que Él siempre está con nosotros. El mensaje subconsciente, sin embargo, era diferente. Percibía a Di-s como un espectador de mi vida. Él me miraba desapasionadamente desde arriba, mientras yo me esforzaba a través de los desafíos diarios, esperando el momento que me resbalase para disparar Su castigo. Yo constantemente temía que algo terrible me pasaría si bajaba la guardia. No podía confiar en nada, porque podría desaparecer como reprimenda o recordatorio por ser demasiado arrogante. No sólo eso, sino que Di-s podría infligirme dolor a Su antojo. Por fuera, intelectualmente, aceptaba la visión judía de Di-s benévolo, compasivo y atento, lento para la ira y lleno de bondad y verdad; en el interior, subconscientemente, mi vieja idea persistía.

Durante uno de mis “viajes investigatorios”, intenté descubrir las razones de mi miedo al castigo, y de mi vergüenza de pensar que me lo merecía. Entendí que estaba bajo la fuerte influencia de la ideología pagana que se reforzó aun más por la rigurosa disciplina de los adultos durante mi educación. Ir en contra de lo establecido estaba mal, pero al mismo tiempo me causaba dolor y sufrimiento mi propia desobediencia y premeditación. El consuelo sólo era posible si yo respondía a las expectativas que de mí se esperaba.

Para mi sorpresa y alivio, finalmente pude reconciliar este adoctrinamiento subconsciente de la niñez con mis luchas de adulto.

Cuando las personas se refieren a las experiencias negativas de la vida como castigos, ellos operan en base a pautas materialistas. Según esta visión, lo “malo” se vuelve cualquier cosa que se interpone mientras una persona experimenta los placeres y las comodidades de la vida. Perder un trabajo significa que habrá menos dinero para conseguir las cosas que uno quiere tener, para hacer las cosas uno quiere hacer. Una enfermedad trae dolor. Hay frustración por no poder disfrutar del deporte ni incluso de gritar los goles. Parece que no hay respuesta acerca de por qué pasan cosas malas –calamidades naturales, guerras, muerte. Uno llega a la conclusión de que Di-s es un Di-s cruel, rápido para el castigo. Esta visión lo llena a uno de ansiedad y miedo del futuro. Si algo está bien ahora, significa que no lo estará en algún punto en el futuro.

El acercamiento espiritual ofrece otra explicación a los eventos aparentemente dolorosos de la vida. El principio subyacente de la Creación es que Di-s hizo este mundo con el propósito de servirLo con absoluta devoción y entrega, haciendo de esta existencia material un lugar de morada para Él. Él es el Creador, y Él dispone todo para que funcione según Su deseo. Con cada cosa que nos pasa, bueno o malo, podemos aprender a servirLo un poco mejor, atraer más Su Presencia. Los desafíos que nos ponen delante nunca exceden lo que podemos manejar. Di-s no sólo está detrás de nosotros, animándonos y alegrándonos mientras reunimos la fuerza para seguir adelante, sino que está a nuestro lado, insuflándonos energía y llevándonos en Sus brazos cuando somos incapaces caminar solos. Él no está para quebrarnos, sino para crearnos. Perder el trabajo, enfermarnos, o cualquier otra calamidad que podamos pensar no es castigo. Al principio, las desgracias nos hacen buscar más profundamente en nuestros propios recursos, hasta que entendemos que no podemos hacerlo sin Él. De ahí, nos damos cuenta que nada es posible sin Él y comienza a infiltrarse en nuestras mentes y corazones, cambiando el marco de referencia del mundo: desde una postura centrada en uno mismo, hacia una centrada en Di-s, exactamente como Él quiere que sea. No me imagino una fuente de mayor regocijo y seguridad.

En el curso de mi búsqueda religiosa, escuché estas explicaciones, las leí, incluso hablé sobre ellas yo misma, pero nunca se volvieron una realidad para mí hasta que las confronté con mis profundamente arraigadas viejas creencias, que eran la causa de todo el miedo, la ansiedad y la vergüenza. Ahora, el proceso de liberarme de los distorsionados puntos de vista de mi niñez y enfrentar la realidad de manera madura, está empezando a tener lugar. Este proceso lento y suave, a medida que insufla mi alma de inspiración, gratitud, y humildad, me permite proclamar que todo sólo puede ir mejorando de hoy en adelante.

Gittle Gesina

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