¿No Hay un Lugar para Nosotros en este Mundo?

Hace 70 años un terrible pogrom era desarrollado por Hitler en Alemania. Este día nacía la noche de los cristales rotos…


Los Nazis dijeron que esta acción había sido tomada en reprimenda por el asesinato de un oficial alemán en París, pero según las fuentes, fue un pogrom organizado que involucraba a los oficiales de más alto rango de la Alemania Nazi. Así instruyó Josef Goebbels a los líderes de la SA (Camisas marrones):

Las Sinagogas deben ser quemadas siempre y cuando esto no involucre peligro a los alrededores…los comercios y departamentos privados de todos los judíos deben ser destruidos pero no saqueados. Los judíos, especialmente los más ricos, deben ser arrestados. Aprisionen tantos como entren en nuestras celdas.

Luego de su arresto, deben contactar inmediatamente a los campos de concentración para que sea arreglado su confinamiento… En Baden Baden, un cristiano, que fue obligado a observar la marcha de los judíos esa noche escribió: se veían como figuras cristianas, sus cabezas en alto, erguidos sin ningún sentimiento de culpa-.

En la Sinagoga local de Banden, el Dr Arthur Felhinger fue obligado por la SS a leer ante los judíos congregados, pasajes extraídos del libro de Hitler “Mein Kamp”. Cada vez que su voz se atenuaba, los hombres de la SS se paraban detrás de él y lo castigaban con palazos. Las lecturas continuaron por un largo tiempo. A aquellos que deseaban hacer sus necesidades, se les era permitido hacerlo al lado del Arca de la Sinagoga.

Cuando concluyó la ceremonia, la Sinagoga fue incendiada. Mientras tanto, el 10 de Noviembre, los Nazis arribaron al Orfanato de Dislanken. Había 46 personas de las cuales 32 eran niños. Ellos observaban mientras los Nazis destruían todo el edificio. Todos los niños eran echados a la calle, quedándose sin protección alguna.

El oficial del pueblo afirmaba: “Los Judíos no merecen ningún tipo de protección”. Los niños permanecían de pie, afuera, aterrorizados, observando como libros, sillas y camas eran arrojadas por la ventana. Alentados por la masa de 200 personas que se encontraban fuera, los Nazis continuaron con el Pogrom. Mientras el Director del orfanato miraba la muchedumbre, podía observar a todo el personal que regularmente trabaja en el lugar.

Ellos no mostraban ni un poco de remordimiento o compasión por aquella situación. Ninguno de ellos dijo una sola palabra en defensa de los niños que eran abandonados y dejados sin hogar. Mientras muchos no judíos consentían y se unían a la masa, unos pocos actuaron de manera diferente. Una semana después de la Kristallnacht, en Swabia, el pastor Julius von Jan predicó frente a su congregación: “Casas de culto han sido incendiadas con impunidad. Hombres que sirvieron a nuestra nación y cumplieron con su deber han sido arrojados en campos de concentración por el sólo hecho de pertenecer a una raza diferente.

Nuestra infame nación merece el castigo Divino”. Una semana más tarde, el Pastor von Jan fue brutalmente golpeado y llevado a un campo de concentración. Poco tiempo después de la Kristallnacht, un oficial Alemán en Berlín le informó al Consulado de la US que 50.000 Judíos arrestados luego de la Kristallnacht, serían liberados a otros países y esperaban ser recibidos allí. En una votación en América los días siguientes a la Kirstallnacht, “el 88% de los Americanos desaprobó las medidas de Hitler tomadas con los judíos, mientras que el 60% aseveró que fue la culpa de los Judíos”.

Unos meses después de la Kristallnacht, un joven de 12 años, llamado Eric Lucas fue enviado por sus padres a Inglaterra. “Vivíamos justo en la frontera, desde allí se extendían las ciudades libres de Bélgica y Holanda. Era sólo una hora de tren hasta el Canal de Ostend. Dejé Alemania durante una fría y oscura mañana de Febrero. Era el único pasajero que abordó el tren en esa estación. Había poca gente dentro y la mayoría eran oficiales y soldados.” “Cuando finalmente pude ingresar al tren, corrí hacia la ventana para ver a mis padres, a quienes no pude observar hasta que el tren abandonó la plataforma. Los vi a la distancia, de pie, ellos no podían acercarse al tren.

Los salude tímidamente, lleno de miedo, pero aún ese pequeño ademán era demasiado para los guardias. Un hombre de uniforme negro se apresuro hacia mí y me dijo: “Tú, cerdo judío, un ademán más y no sales de acá”. Permanecí junto a la ventana. A lo lejos podía observar, una pareja entrada en años, que se mantenía en silencio. No podía siquiera atreverme a decirles una palabra o insinuar un ademán final de despedida. Podía ver sus rostros con claridad. Unas horas antes de que me llevaran hacia la estación del tren, mi padre y mi madre apoyaron sus manos sobre mi cabeza reclinada, invocando la vieja bendición, que dice: “Que Di-s te permita ser como Efraim y Menashé”- que Sea bondadoso contigo, haz tu trabajo y cumple con tu deber, y si Di-s así lo quiere, nos volveremos a ver nuevamente. Nunca olvides que eres un judío, no olvides tu gente y no nos olvides a nosotros”.

Esto fue lo que dijo mi padre, mientras sus ojos se volvían suaves y tristes. “Mi niño”, agregó mi madre, mientras las lágrimas caían sobre su bondadoso rostro, “tal vez podamos ir detrás de ti, pero ¿sabes qué? Nunca estarás lejos de mí. Con un último esfuerzo, pronunció las palabras hebreas: “Ve ahora lleno de vida y en paz.” Parado frente al vidrio, me fui con la certeza de que nunca más los volvería a ver. Manos crueles nos mantuvieron separados, aún el último y más íntimo momento. Di-s, ¿por qué, tiene que ser así?.

Allí estaban los dos, de pie, mi padre sostenía su bastón fuertemente, agarrando la mano de su esposa. Fue la primera y última vez que los vi llorar. Mientras el tren empujaba los vagones fuera de la estación llevándome hacia un lugar seguro, pegué mi rostro contra el frío vidrio de la ventana y lloré amargamente.

En Marzo de 1939, Eric Lucas aún trataba de conseguir una Embajada extranjera que le diera la Visa para traer a sus padres. Desafortunadamente, no lo pudo lograr. Eric recibió una carta final de sus padres, en la que su madre escribía: “No nos volveremos a ver de nuevo, ¿acaso no hay un solo lugar en el mundo para estas dos personas ancianas? No creo que vivamos mucho tiempo más. No hay motivos para seguir teniendo esperanza.

Estamos tan solos y olvidados. ¿Acaso nadie nos puede ayudar? Tres años más tarde los padres de Eric Lucas perecieron en el Holocausto. Claro que hubo héroes durante la noche del Kirstallnacht y durante el Holocausto, y debemos hacer todo lo que esté en nuestro poder para asegurarnos de que sus historias sean transmitidas de generación en generación, pero la otra parte de la tragedia también debe ser difundida.

La parte que muestra que hubo más malvados que santos, más expertos en cerrar puertas que valientes que lograran abrirlas, que cientos de operadores ferroviarios iban a trabajar todos los días con sus viandas, mientras que mujeres y niños eran llevados a coches de carga para ser llevados a los campos de la muerte. Luego manejaban sus trenes hasta Awschwitz y Maidanek, sin siquiera pensar dos veces la atrocidad que estaban cometiendo.

Que esta lección nos llegue hasta el fondo del corazón. Recordemos la cantidad de oportunidades que tuvo el mundo para detener este hecho, y no lo hizo. Exijamos tener voto, nunca más demos un paso atrás permitiendo a la humanidad llegar a tan alto grado de denigración delante de nuestros ojos. Que la memoria de los millones de mártires nos guíen hacia un mundo mejor, para los judíos y para toda la humanidad.

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