Hay tres coronas

RABÍ SHIMÓN DIJO: HAY TRES CORONAS: LA CORONA DE LA TORA, LA CORONA DEL SACERDOCIO, Y LA CORONA DEL REINADO; MAS LA CORONA
DEL BUEN NOMBRE ESTÁ SOBRE TODAS
— El enuncia do de la mishná despierta una pregunta obvia: comienza afirmando que hay tres coronas, y luego procede a mencionar cuatro.

Esta dificultad puede ser resuelta al interpretar la mishná en términos cíe nuestro servicio a Di-s, y apreciando cada una de estas coronas como representante de una conducta espiritual diferente.
La corona del reinado se refiere a la aceptación del yugo del reinado de Di-s, el primer paso a ciar para establecer un vínculo con el Creador. Antes que nada, el judío debe entregarse a Di-s con el compromiso total y absoluto de un súbdito hacia su soberano.

Sin embargo, la aceptación del reinado de Di-s por sí misma no es suficiente, pues esta relación implica la existencia de una brecha entre el subdito y el Soberano. El súbdito está sometido, como un ente que se somete a otro, pero no está unido con su soberano. Esta deficiencia es superada por las “coronas” restantes, que permiten a la persona desarrollar un nexo interior con Di-s.

La corona del sacerdocio se refiere al Sumo Sacerdote, quien entraba (en el Gran Templo de Jerusalén) al Sancta Sanctórum, el lugar que contenía las Tablas de los Diez Mandamientos. Las Tablas representan un estado perfecto de unidad con la Tora pues, a diferencia de las letras escritas sobre pergamino (como en un Rollo de la Tora) o papel, los Diez Mandamientos estaban grabados en la piedra misma; la palabra de Di-s es parte integral de quien la contiene. Esto alude a la persona cuyo deseo y placer (no solamente su sumisión) están identificados con la Tora.

La corona de la Tora se refiere a una conexión más internalizada aún. Cuando la persona estudia Tora, sus pensamientos y estructura mental captan y asimilan la sabiduría de la Tora, internalizando su conexión con la Divinidad. La Divinidad no es sólo un foco más de su deseo y placer, sino que pasa a ser parte integral de su estructura y persona.

No obstante, aun cuando la persona haya logrado estas tres coronas, sigue siendo todavía una entidad que percibe su propio Yo: se ha sometido al Altísimo, su deseo y placer se dirigen a El y ha imbuido su ser con la Tora, pero no se ha trascendido a sí misma. Su Yo es uno moldeado y permeado por lo Divino. Por eso se requiere de la corona del buen nombre, el que alude al buen nombre por la conducta, las acciones. A diferencia de las coronas anteriores que hacen a la perfección interior de la persona (sumisión, placer y comprensión de lo Divino) las buenas acciones implican la elevación y el efecto sobre el mundo exterior. Representa un nivel de entrega y anulación absoluta al Altísimo donde no piensa en la elevación espiritual de su Yo, y su unión con Di-s, sino en la del objetivo de Di-s, la elevación del mundo.

Esto significa la corona del buen nombre: la involucración de la persona con su entorno, para imbuirle espiritualidad y conectarlo con el Altísimo. La persona que está sola, no precisa de un nombre. ¿Cuándo es necesario un nombre? Cuando uno se comunica con otros.
Se logra un buen nombre cuando la persona vive su vida de todos los días con una conducta en consonancia con la Tora porque entonces los actos que ejecuta diseminan luz Divina en todo el mundo.

Ahí trascendió su Yo — se entregó a la Voluntad Divina más allá de su ser.

No obstante, la Divinidad estimulada con la ejecución de mitzvot con frecuencia no está manifiesta, ni en el mundo en general, ni siquiera dentro de nuestras almas. Muchas veces, aunque la persona ejecuta numerosos actos de bien y mitzvot, la influencia que estos ejercen sobre su carácter no es inmediata, ni directa.
Sobre esta base, podemos comprender nuestra mishná.

En principio sólo hay tres coronas, pues el logro de un buen nombre —la denominación de Divinidad por el mundo— no es necesariamente una corona; no siempre transforma a la persona y brilla en ella.

¿Cuándo se convierte un buen nombre en una corona? Cuando, como continúa la mishná, ésta es ole al gavei-hém: “está sobre todas”, apoyada sobre las otras tres. Cuando el esfuerzo por difundir Divinidad en el entorno del mundo material viene a continuación de “ellas”, es decir, cuando tiene lugar como una extensión de las tres elaboraciones interiores de “reinado” (sumisión a Di-s), “sacerdocio” (placer y deseo de Divinidad) y “Tora” (internalización intelectual y emocional) — entonces también el buen nombre se convierte en una “corona”.

Cuando la persona se ha desarrollado a sí misma en estas tres fases del servicio Divino, sus esfuerzos por difundir luz en el mundo también generarán una luz interior, la que lo orientará a la más profunda y abarcante entrega a Di-s.

(Likutéi Sijot, Vol. IV, pág. 1214 y ss.)

Extraido de “En la senda de nuestros padres”

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