Pirkei Avot III:I-”El juez subjetivo”

“Akaviá ben Mahalalel dijo:… sabe… ante Quién habrás de rendir juicio y cuentas…”

Dijo Rabí Israel Baal Shem Tov: Cuando la persona llega ante el Tribunal Celestial para rendir balance por su labor en la Tierra, primero es requerida su opinión sobre la vida de otro. “¿Qué es lo que piensas sobre alguien que actuó así y así?”. Luego de escuchar su veredicto, se le mostrará que estos actos y circunstancias son iguales a los propios. Resulta entonces que, es el mismo individuo quien juzga sus propias conductas y defectos.

Esto explica la construcción oracional de este pasaje del Pirkei Avot: “ante Quien habrás de rendir juicio y cuentas…”. ¿Acaso el veredicto no es dictaminado luego del interrogatorio que se le realiza al imputado?. ¿No tendría que preceder en el texto el “rendir cuentas” al “juicio”?. La respuesta es que nunca se emite juicio sobre la persona desde lo Alto.

Sólo luego de que la propia persona emite su fallo sobre otro en circunstancias iguales, la Corte Celestial aplica el veredicto a su propia vida. Es decir, primero viene el “juicio” que uno emite sobre el prójimo, y luego sigue la “cuenta”, que el Tribunal Celestial hace con uno.
La misma idea queda implícita en otro pasaje de este capítulo de Pirkei Avot: “y desde el Cielo se cobran del hombre con y sin su conocimiento”.

Cuando una persona expresa consciente su opinión sobre el otro, inconscientemente está emitiendo un juicio sobre sí mismo.
El trasfondo de este “juego” maquiavélico en realidad nos brinda una imagen profunda sobre lo especial del alma. En toda la Creación nada es más noble y elevado que la “chispa Divina” que se encuentra en el alma del judío. Esto está reflejado en el hecho que al hombre le fue entregado el libre albedrío - un potencial compartido únicamente con el Creador mismo.

El libre albedrío da lugar al error y el pecado, pero también confiere libertad absoluta para realizar el bien sin condicionamiento interior alguno. Esta facultad es infinitamente superior al nivel de criaturas de Di-s más espirituales, como los ángeles, el Tribunal Celestial, etc, que están condicionados en su espiritualidad a su carácter y naturaleza, que no pueden superar.

Por eso, cuando el alma llega al Cielo para ser juzgada, nadie puede juzgarla, aunque se trate del ser más elevado y espiritual de las criaturas, pues el alma pertenece a una dimensión superior a la que no tienen acceso ni comprensión. La única en la tierra y el cielo capaz de juzgar al alma, es el alma misma.

(De una alocución del Rebe, 10 de Shvat 5720, Beyond the letter of the law)

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