La risa y la frivolidad acostumbran al hombre a la inmoralidad

RABÍ AKIVÁ DIJO: “LA RISA Y LA FRIVOLIDAD ACOSTUMBRAN AL HOMBRE A LA INMORALIDAD SEXUAL. LA TRADICIÓN ORAL ES UNA CERCA EN TORNO DE LA TORA; LOS DIEZMOS SON UNA CERCA PARA LAS RIQUEZAS; LAS PROMESAS SON UNA CERCA PARA LA ABSTINENCIA; UNA CERCA PARA LA SABIDURÍA ES EL SILENCIO”. 3:13

RABÍ AKIVÁ DIJO — Rabí Akivá era hijo de conversos, y él mismo no comenzó el estudio de la Tora sino hasta los cuarenta años. Nuestros Sabios explican que un converso60 conserva una tendencia hacia sus costumbres anteriores. Similarmente, la persona que ha vivido una perspectiva mundana durante muchos años es proclive a mantener esa orientación materialista incluso cuando se supera hacia el mundo del espíritu y la Tora. Por este motivo, es Rabí Akivá quien enfatiza la importancia de adoptar “cercas”, vallas de seguridad que protejan.
(Ibíd., Sijot Shabat Parshat Shelaj, 5740)

LAS PROMESAS SON UNA CERCA PARA LA ABSTINENCIA — Por un lado, la abstinencia es una cualidad positiva, pues la involucración con lo mundano y los placeres materiales crean un ciclo que se autoalimenta y que frecuentemente conduce a la indulgencia excesiva y al descenso de la espiritualidad del hombre. Por otro lado, nuestros Sabios se han expresado también en contra de hacer votos de abstinencia, afirmando: “Es suficiente con lo que la Tora te ha prohibido”. Lo que es más, a pesar de las desventajas del burdo materialismo, hay una ventaja en el trabajar con lo mundano si se lo hace de acuerdo a las directivas de la Tora. A través de ello, la persona eleva e introduce espiritualidad en su entorno material y revela la fuente Divina de todo lo que existe.
Ambas tendencias son válidas para la Tora. La pregunta es: ¿cuál es la apropiada y en qué momento determinado? Para clarificarlo, será útil una perspectiva histórica. Durante la época del Primer Beit HaMikdash, cuando la Pesencia Divina brillaba abiertamente (había profetas, milagros visibles a los ojos de todos, etc.), los Sabios no instituyeron demasiadas “cercas protectoras”, prohibiciones y restricciones adicionales a las leyes bíblicas. En su mayoría, éstas fueron establecidas en la época del Segundo Beit HaMik-dash, en un período en el que la revelación Divina había disminuido (desapareció la profecía, en el propio Templo faltaban el Arca de la Alianza con las Tablas de la Ley, etc.). Y en generaciones siguientes, a partir de la destrucción del Beit HaMikdash y el exilio espiritual (y consecuentemente también el físico) de nuestro pueblo, la institución de “cercas protectoras” aumentó progresivamente en la ley judía.

¿Cuál es el principio que rige esta tendencia? En una época en la que la Divinidad se revela y es palpable en el mundo en general, es más fácil estar conectados con la espiritualidad y a su vez revelar la Divinidad contenida dentro de la materia. Pero cuando el mundo está en oscuridad espiritual, la Presencia Divina no está revelada, es más difícil encontrar la espiritualidad en la materia y se vuelve aconsejable limitar la involucración con lo mundano. En momentos de debilidad y oscuridad espiritual, la materia y sus placeres pueden arrastrar al hombre en lugar de ser un medio para la elevación. Es éste el momento para la abstinencia.
Aunque la nuestra es una era de enorme oscuridad espiritual, por lo que parecería que la estricta abstinencia sería la actitud requerida, no es éste el momento para restringir nuestra involucración (enmarcada en las pautas de la Tora) con lo mundano. Dado que nos estamos acercando tanto a la Era de la Redención Mesiánica, cuando la Divinidad que permea y da vida a cada elemento de la existencia se revelará, ya tenemos ahora el potencial para anticiparnos —siguiendo las instrucciones de la Tora— a esta revelación, y cumplir la directiva de “conócelo a Di-s en todas tus sendas”63, apreciar Su presencia en todos los aspectos del mundo.

(Likutéi Sijot, Vol. IV, pág. 1076 v ss.¡ Sijot Shabat Parshat Vaigash, 5752)

Extraído de “En las sendas de nuestros padres”

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