Capítulo III:IV – “El que permanece despierto toda la noche pone en su vida en peligro”

Rabí Janina ben Jajinai234 dijo: El que permanece despierto de noche o marcha por el camino solo y vuelve su corazón al pensamiento vacuo, pone, en efecto, su vida en peligro.

Rabí Janina ben Jajinai habla ahora acerca de la categoría del pensamiento. No existe mejor remedio para limpiar la mente humana y evitar el pensamiento pecaminoso que las palabras de la Tora. Si la Tora está ausente de la mente, se la considera pecaminosa, aunque esté libre de pecado y herejía.
Cuando alguien despierta en plena noche, cuando el mundo duerme y no se oyen sonidos humanos, cuando la mente está completamente descansada y el cuerpo está libre de la pesadez de la comida nocturna, ¿qué mejor tiempo para el estudio de la Tora? Pero si en ese momento en lugar de sentarse a estudiar Tora o contemplar los estudios de la Tora, el tiempo se emplea para tonterías e ideas mundanas sin sentido, entonces se es responsable por la propia alma.

Lo mismo es válido cuando alguien viaja solo, y nadie puede molestarlo con la conversación mundana, y en lugar de dirigir los pensamientos al estudio de la Tora, emplea el tiempo en pensar cosas triviales. Por cierto, en este caso, también se es responsable por la propia alma.
Algunos comentarios señalan que el maestro se refiere a dos momentos “el que se despierta durante la noche y el que viaja solo por el camino”, ya que ambos casos involucran peligro. La noche es el momento en que se encuentran las fuerzas dañinas (mazikím). De modo similar, cuando una persona viaja sola por la ruta, inclusive durante el día, está en situación de peligro: “Todos los caminos son considerados peligrosos.”

Esto es válido en ausencia de palabras de Tora, cuando alguien está meramente perdiendo el tiempo (batían). Entonces ese alguien es responsable (ajaraíut) por ponerse en situación de peligro, porque el momento y el lugar conducen a ello. Por el contrario, cuando un individuo contempla palabras de Tora, él es consciente del mal, y sabe que la Tora lo protegerá.

Como hemos dicho, la noche es un buen momento para el estudio, ya que la mente está en completo reposo. Además, se agrega otra ventaja: en ese momento el estudio es particularmente aceptable para Di-s.
A medianoche, Di-s se pasea con los justos por el Paraíso (Gan Edén). Los cielos, los planetas y los santos jaiot-ángeles (jaiot ha-kodesh) entonan cantos y alabanzas a Di-s, y a ellos se unen los justos del Paraíso. Si en ese momento una persona se sienta a estudiar Tora, Di-s provoca que su voz sea escuchada en el Paraíso, y Di-s y todos los justos escuchan lo que esa persona está leyendo.

Los justos le preguntan a Di-s: “¿De quién es la voz que estamos escuchando?.”
“Es la voz de tal persona”, contesta Di-s, “que se ejercita en el estudio de la Tora. Escuchemos ahora sus palabras. Yo prefiero esto a todos los cantos y alabanzas que entonan los ángeles (malajim) en las alturas.”
Esta es una hermosa hora dé deseo ante Di-s, Quien siente mucho placer (najat ruaj) por esos estudios de Tora. Por eso, nadie debería sentirse incómodo porque abandona el sueño a fin de complacer a Di-s.

Es obvio que si una persona se despierta en medio de la noche y permanece despierta en la cama pensando en cuestiones triviales, finalmente sufrirá por ello. Perdió preciosas horas en vano en lugar de estudiar Tora.237

El Santo Zohar afirma que cuando una persona se despierta durante la noche, es porque su alma retorna a ella para que pueda estudiar Tora, y no para que piense en sus actividades. Ésto refuta la opinión de los que afirman que despertarse en medio de la noche es sólo para rabís (jajamim), cuya profesión es estudiar la Tora, y que no se refiere al resto de la gente. Sí fuera así, a la noche Di-s sólo devolvería las almas a los eruditos de la Tora (talmidei jajamím), y El no procedería así con el resto de la gente.
[Pero sabemos que toda clase de individuos se despiertan en medio de la noche,] y esto es la evidencia de que a la noche Di-s devuelve las almas a toda clase de personas. Es por lo tanto imperativo decir que todos tienen la obligación de estudiar: el ignorante (am haaretz), tanto como el erudito de la Tora.

Por supuesto que la obligación de estudiar del trabajador ignorante, puede ser mayor que la del rabí. El rabí estudia todo el día la Tora, mientras que el resto de la gente está absorbida por sus actividades. Por eso, quizás el rabí no se pueda concentrar durante la noche, porque su mente está cansada de estudiar todo el día. Pero un trabajador ignorante tiene la obligación de despertarse para estudiar o leer todo lo posible. Puede encarar algunos versículos bíblicos, algunos párrafos de Mishná o varios Salmos. Todo será placentero para Di-s, ya sea mucho o poco, siempre que sea por amor al cielo (le-shem Shamaím).

No se debe prestar atención al aguijoneo de la inclinación maligna (ietzer hará) que dice que al levantarse de noche el cerebro se debilitaría, o que eso es causa para enfermarse o que provoca dolor de cabeza. Lo seguro es: “El que observa un mandamiento no experimentará el mal” (Eclesiastés 8:5).
El que observa un mandamiento por amor al cielo, sin motivos ulteriores, no enfrentará el mal. Di-s está siempre de su lado.

Si una persona se levanta para estudiar Tora y le duele la cabeza y se perturba (za’ef), debe darse cuenta que estaba destinado a sufrir una enfermedad más grave. Pero debido al favor de Di-s, él es perdonado con un simple dolor de cabeza en mérito a que se despierta para estudiar. Debido al mérito de su estudio, le fue evitada una enfermedad más grave que se supone debía soportar. El dolor de cabeza no es consecuencia de su estudio ya que “El que observa un mandamiento, no enfrentará el mal”.
Por supuesto, a veces se sabe que el dolor de cabeza se debe a levantarse para estudiar. Hay que soportarlo en honor de Di-s y por el deseo de cumplir Su voluntad. A veces una persona permanece hasta tarde jugando a las cartas con sus amigos y pierde el sueño, y le duele la cabeza. No se preocupa por esto porque su placer excede a la molestia. También debe considerar que lo excede el honor de Di-s.

Extraído de “Legado ancestral” de editorial Bnei Sholem.

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