Pirkei Avot I:VIII – “No te asemejes a los abogados”

Iehuda ben Tabai y Shimon ben Shataj recibieron [la tradición oral] de ellos, Iehuda ben Tabai dijo: No te asemejes a los abogados. Cuando las partes de un juicio se presenten ante ti, considéralas [a ambas como] malvadas. Pero cuando se retiren considéralas [a ambas como] inocentes una vez que hayan aceptado tu veredicto.

Iehuda, el hijo de Tabai y Shimon el hijo de Shataj recibieron la Tora oral de Iehoshúa ben Perajia y Nitai de Arbel.
Iehuda ben Tabai solía decir: “No te asemejes a los abogados.” El se lo dice a sí mismo para el caso en que dos personas estén envueltas en un litigio que exige la decisión de un rabí. Uno de los litigantes quizá desee tranquilizarse y le pide al erudito de la Tora que escuche los argumentos que presentará ante el rabino.
A esto, Iehuda ben Tabai dice: “No te asemejes a los abogados”. No le enseñes al litigante qué argumentos debe alegar ante el rabino. No le digas cuáles son las respuestas a las preguntas que tú sabes que el rabino formula generalmente. Está prohibido enseñar al litigante a presentar su caso aunque tú sepas que sus argumentos son ciertos. Como erudito de la Tora, tu responsabilidad es no dar ventaja a una de las partes.
Por supuesto, va de suyo, que le está prohibido al rabino que juzgará el caso orientar previamente a uno de los litigantes. El rabino no puede siquiera, anticipar a los litigantes el tipo de preguntas que les formulará.
Otros comentarios interpretan que la afirmación: “No obres como los abogados” significa que no se debe imitar a los abogados y jueces corruptos que a menudo actúan en los tribunales civiles. Estos jueces discuten el caso con uno de los litigantes, y si les dan el soborno deseado juzgan a su favor. Otras veces, estos jueces le dicen a un litigante que el caso será decidido a su favor para obtener el soborno.
Por eso el maestro dice: “No seas como estos ‘administradores de la justicia’. Aunque no recibas soborno, no escuches los argumentos de un solo litigante, o no le informes el resultado del caso”. Cuando un rabino está juzgando un caso, le está prohibido oír argumentos o revelar su decisión a menos que ambos litigantes estén presentes.
Otros interpretan que la afirmación de lehuda ben Tabai se refiere al caso del que se apersona ante un rabino y le dice: “Tengo un pleito con otro, pero antes de presentarme con el otro litigante, quiero que me digas cuál será la resolución en este caso.” Está prohibido que el rabino que juzga un caso difunda algo a su respecto, ya sea la decisión que se adoptará o las preguntas que se formularán cuando ambas partes expongan sus argumentos. Esto se puede hacer en los tribunales gentiles, pero en los tribunales judíos está prohibido.
Otros comentaristas interpretan que la afirmación de lehuda ben Tabai es: “No obres como los jueces”. Ellos señalan que él se dirige a los discípulos del rabino que pueden estar presentes cuando su maestro juzga el caso. Los estudiantes no deben discutir acerca del caso como si fueran iguales que su rabino. Mientras el caso se desarrolla, los discípulos deben permanecer en silencio y sólo deben manifestarse cuando el rabino los autoriza.

Cuando los litigantes están ante tí…
El maestro continúa diciendo que cuando los litigantes exponen sus argumentos ante tí, debes considerar a ambos deshonestos. Somete a prueba sus argumentos ante cada rasgo de falsedad o engaño, de modo que la verdad se descubra.
Si tienes un prejuicio en favor de uno de los litigantes y lo consideras una buena persona, le creerás aunque te mienta. Ya que prejuzgaste, no podrás fallar contra él.
Quizá desees acordar a ambos litigantes el beneficio de la duda, juzgando a cada uno “de acuerdo con sus méritos” y considerar a ambos buenas personas. Pero si obras así, no indagarás sus argumentos para determinar la verdad. Si, por el contrario, consideras a ambos malvados,serás escéptico respecto de sus argumentaciones y es posible que establezcas la verdad.
No obstante, cuando el caso haya sido decidido, y los litigantes se han ido, debes juzgar a ambos “de acuerdo con sus méritos”. No sospeches que el demandante inició una falsa demanda para ganar la posesión de la propiedad del demandado sin justificación. Del mismo modo, si el demandado debe prestar juramento para contrarrestar el reclamo del demandante, no sospeches que juró en falso.
Puede parecer obvio que, ya que existen dos partes contrapuestas, una de ellas miente. Todo el caso debe ser juzgado sobre la base de esta presunción. Pero una vez que se adoptó la decisión, no consideres a ninguno de los litigantes malvado porque trató de presentar su pretensión del mejor modo.
Los asuntos comerciales son muy complejos y objeto de malentendidos. El hecho es único, pero dos personas lo pueden interpretar de manera diferente. Inclusive entre dos personas honestas que emprenden un negocio pueden tener lugar desentendimientos y cada una de las partes considera que su proceder es correcto.
Por lo tanto, lo más importante no es cómo argumentan las partes, sino cómo ambas aceptan el veredicto. En todos los casos hay un ganador y un perdedor. Cuando ambas partes, perdedor y ganador, aceptan el veredicto de buen grado, se debe considerar que ambos son honestos. Esto es especialmente cierto cuando el perdedor no revela ningún resentimiento hacia el juez.
Por supuesto que, a veces, el perdedor se va con amargura y resentimientos hacia el juez. Le da la espalda al juez con ira, como diciendo: “Si pudiera, me vengaría de tí”. En tal caso, el rabino no tiene la obligación de considerar al litigante una buena persona. Ya que él no acepta la decisión legal se lo debe considerar malvado.

Extraído de “Legado Ancestral”

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