Pirkei Avot I:IV “Que sea tu casa un lugar de reunión”

José ben loezer de Tzeredá y losef ben lojanan de Jerusaiem recibieron [la tradición oral] de ellos, losé ben loezer dijo: ” Que tu casa sea un lugar de reunión de los sabios, empólvate con el polvo de sus pies y bebe sediento sus palabras.”

Los dos maestros mencionados pertenecen a la segunda generación de sabios de la Mishná55. losé ben loezer era el presidente (nasí) y losef ben lojanan era el director del tribunal (bet din), que seguía en rango al presidente.
Esto es válido para todos los casos en que en la Mishná se mencionan dos nombres: el primero era el presidente y el segundo era el director del tribunal.56
Los dos sabios citados recibieron la Tora oral de Shimon el Santo y de Antigüenos de Sojo. Ellos eran expertos en todos los aspectos de la sabiduría y sobresalientes en sus buenas cualidades.57 También se distinguían   por   su   temor   a   Di-s   y   por58  sus buenas acciones.”" Es así que el Talmud afirma que cuando murieron nadie pudo señalar que alguna vez ellos hubieran cometido un pecado.59
La Mishná afirma que “Cuando losé ben loezer y losef ben lojanan murieron, los eshkolot dejaron de existir”. Ellos dos eran los últimos eshkolot. La palabra eshkol es un acróstico de ish shehakol bo, “un hombre que lo tiene todo en sí mismo”. Esto denota a una persona que posee gran sabiduría y todas las buenas cualidades.
Literalmente la palabra eshkol evoca un racimo de uvas. Algunos afirman que se los llamaba así porque los sabios se arracimaban como las uvas para oír las palabras de estos líderes cuando ellos enseñaban.
José ben loezer era el líder espiritual de la ciudad de Tzeredá. Su lema era: “Que tu casa sea un lugar de reunión de los sabios, empólvate con el polvo de sus pies y bebe con sed sus palabras”.
El aconseja a la persona que desea merecer la verdadera comprensión y apreciación de la Tora: Haz de tu casa un lugar donde los estudiosos de la Tora se puedan congregar y reunir. Acondiciona un lugar donde ellos puedan estudiar y enseñar. Como la Tora será enseñada en tu casa, también tú estarás seguro de estudiar.
Pero, en primer lugar, hay otra condición que tú debes cumplir: debes permitir que te ensucie el polvo de los pies de los estudiosos. No te comportes con los estudiosos de la Tora como lo harías con alguien que se abusa de la hospitalidad. No consideres que la presencia de los estudiosos es algo corriente. Cuando ellos vengan a tu casa a estudiar, sitúate en el lugar del polvo de la tierra ante los estudiosos. Considérate un huésped en su presencia.
Por último, tú debes “beber con sed sus palabras”. Adopta una actitud alerta para no aburrirte con las enseñanzas de los estudiosos. Cuando una persona está repleta, hasta la mejor comida del mundo no la tienta. Si come, no encuentra en la comida ninguna satisfacción sino que sólo le encuentra defectos.
Por lo tanto, cuando oigas una lección de Tora debes proceder como la persona que se está muriendo de sed y a la que se le ofrece agua. Aunque el agua es insípida, para la persona sedienta es la bebida más deliciosa. Lo mismo es válido respecto de cada palabra de la Tora que escuches.
Darles buen recibimiento a los estudiosos de la Tora en la propia casa ya es muy meritorio. El Talmud afirma que cuando se le da la bienvenida al estudioso de la Tora en el hogar y se comparten con él nuestras pertenencias, Di-s considera que le hemos ofrecido los mayores sacrificios.
Sabemos que Di-s bendijo a Obed Edom porque guardó el Arca Sagrada en su casa. Está escrito: “El Arca de Di-s permaneció en la casa de Obed Edom de Gath durante tres meses, y Di-s lo bendijo a él y a toda su familia” (Samuel II, 6:11). Obed Edom no gastó dinero para mantener el Arca; él sólo limpió la habitación en la que se la colocó y la mantuvo aseada. Por esto Di-s lo bendijo con ocho hijos, y cuando estos hijos se casaron todas sus esposas parieron, cada una de ellas, sextillizos sanos.
Si por el mero hecho de guardar el Arca en la casa la recompensa es tan grande, imagina la recompensa para el que trae para la palabra viva del estudio de la Tora a su casa, y gasta dinero para sustentar a los estudiosos que estudian allí que después que la mujer de Tzorfat recibió al profeta Eli’ahu (Elias), su casa fue bendecida con alimentos mientras que el resto del mundo moría a causa de una hambruna (Reyes I, 17:8 y siguientes). También su hijo fue bendecido a causa del huésped que ella recibió.
Extraido de “Legado Ancestral” de Editorial Bnei Sholem


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