Vaiakhel – “Cielo y Tierra”

No te sientas desalentado por la tremenda brecha que encuentras entre el espíritu y la materia, entre la teoría y la práctica, entre lo ideal y lo real. Cierto, es virtualmente imposible duplicar la perfección del espíritu en la tierra mundana, pero no es una duplicación lo que Di-s quiere. Él quiere un santuario terrenal, un santuario construido con los materiales finitos de la vida física. Di-s deseó que el mundo material, con todas sus limitaciones e imperfecciones, fuera santificado y elevado al hacerse que sirviera a un fin Divino.

Las 79.976 palabras y las 304.805 letras del jumash (los “Cinco Libros de Moshé”) encapsulan la totalidad de la Torá. Todo está allí: toda la Halajá (ley de la Torá), las historias del Midrash, el extenso mar homilético de la Agadá, los innumerable conocimientos de las obras místicas, filosóficas y éticas de la Torá de todas las generaciones.
De hecho, no hay letra o palabra superflua en el Pentateuco: si un versículo es líricamente repetitivo, si se emplean dos palabras donde sería suficiente una, o una más larga cuando bastaría otra más corta, hay aquí un mensaje, un concepto nuevo, otra ley.
Rabí Akivá, nos cuenta el Talmud, derivaba “montañas y montañas de leyes de las rajitas ornamentales de una letra” de la Torá1.
Aun así, hay dos Secciones Semanales de la Torá, Vaiakhel (Éxodo 35:1-38:20) y Pekudei (Éxodo 38:21-40:38 que consisten, casi en su totalidad, de una repetición aparentemente inútil.
En las anteriores secciones de Terumá y Tetzavé (Éxodo 25-30), la Torá ofrece un detallado informe de las instrucciones de Di-s a Moshé respecto de la construcción del Santuario, sus muebles, y los atuendos sacerdotales vestidos por aquellos que llevaban a cabo el servicio en éste.
Luego, en Vaiakhel y Pekudei, nos cuenta cómo el pueblo judío cumplió estas instrucciones. Nuevamente se nos informa de la construcción del Santuario en minucioso detalle, hasta las dimensiones de cada pilar, panel y tapiz, los materiales de cada vestimenta, y las formas decorativas esculpidas en el oro de la menorá (veintidós copas, once esferas y nueve flores).
¡Una única frase, algo así como “Los hijos de Israel hicieron el Santuario exactamente como Di-s había ordenado a Moshé”, hubiera “ahorrado” a la Torá más de mil palabras!

La traducción
En realidad, había dos Santuarios: un modelo celestial y un edificio terrenal.
En Sus instrucciones a Moshé, Di-s alude a “la forma que te ha sido mostrada sobre la montaña”2. Sobre la cumbre del Monte Sinaí se le mostró a Moshé una imagen del hogar en el que Di-s deseaba morar; al pie del Monte Sinaí, el pueblo de Israel tradujo esta visión espiritual en una estructura de oro y cedro físicos.
Nunca en la historia un traductor se había visto desafiado por dos “lenguas” tan dispares.
El espíritu es nebuloso, la materia es concreta. El espíritu es infinito, la materia es definida por el tiempo y el espacio.
Y lo más importante, el espíritu es naturalmente sumiso, fácilmente expresivo de una verdad superior, en tanto que la materia no reconoce nada salvo su propia inmanencia.
Con todo, era una morada física lo que Di-s deseaba. Era en el Santuario terrenal donde la Presencia Divina vino a radicarse, no en el Santuario espiritual de la cima del Monte Sinaí.
Aun así, el universo material es la más baja de las creaciones de Di-s, baja en el sentido de que es menos consciente de su nulidad innata ante Di-s, menos expresiva de su fuente Divina y propósito. Pero es precisamente a causa de su “bajeza” que Di-s quiso que las sustancias físicas fueran convertidas en un Santuario para alojarlo.

Di-s deseó que el mundo material, con todas sus limitaciones e imperfecciones, fuera santificado y elevado al hacerse que sirviera a un fin Divino3.
En ello radica la lección de los dos Santuarios: No te sientas desalentado por la tremenda brecha que encuentras entre el espíritu y la materia, entre la teoría y la práctica, entre lo ideal y lo real. Cierto, es virtualmente imposible duplicar la perfección del espíritu en la tierra mundana, pero no es una duplicación lo que Di-s quiere. El quiere un santuario terrenal, un santuario construido con los materiales finitos de la vida física.
Para enfatizar esta idea, la Torá invierte cerca de doscientos versículos “extra” en su narración de la construcción terrenal del Santuario. Cada panel, cada clavija y cada borla hecha por los hijos de Israel se parecía, en cada detalle, al modelo espiritual descrito varios capítulos antes; pero era un articulo diferente, un Santuario diferente.
Sí, debe hacerse que la tierra refleje los cielos; que refleje, en cada detalle, el plan maestro Divino para la vida. Pero que permanezca terrenal en naturaleza y sustancia, un hogar físico para Di-s empleando las características únicas de lo físico para expresar la verdad Divina.

Basado en Likutéi Sijot, Vol. 1, pags. 195-198

Notas:
1.Talmud, Menajot 29b. Comp. con Talmud de Jerusalén, Peá 2:4.. “Las escrituras, la Mishná, el Talmud y la Agadá, y cualquier cosa que un estudiante calificado habrá de declarar ante su maestro, todo se dijo ya a Moshé en Sinaí”. 2. Éxodo 25:40, 26:30, y 27:8.3. “Di-s deseó una morada en los planos inferiores” (Midrash Tanjuma’, Nasó 16); “Esto es todo el hombre; éste es el propósito de su creación y de la creación.

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