La oveja difícil

El Zohar nos dice que la Torá tiene tanto un cuerpo como un alma. El “cuerpo” de la Torá es su parte “física”, los sucesos históricos que refiere y las leyes que legisla.

Obviamente, el deber de devolver un objeto perdido a su propietario no se limita a bueyes, ovejas, asnos y vestidos, sino que se aplica -como concluye el versículo – a “cada cosa perdida de tu hermano”.
El Talmud explica que la Torá cita estos ejemplos porque cada uno de ellos nos enseña otra de las leyes concernientes a los objetos perdidos1.
Sin embargo, mientras descifra las leyes a ser derivadas de “buey”, “asno” y “vestido”, no logra hacerlo en el caso de “ovejas”. “Las ovejas perdidas son una dificultad”, concluye el Talmud, queriendo decir que el significado legal de la palabra “ovejas” del versículo resultó difícil a los Sabios2.
El Zohar nos dice que la Torá tiene tanto un cuerpo como un alma. El “cuerpo” de la Torá es su parte “física”, los sucesos históricos que refiere y las leyes que legisla. Pero implícita en este cuerpo hay un “alma”, una dimensión mística en la que cada historia tiene su analogía sublime y cada matiz legal su contraparte espiritual.
En consonancia, la mitzvá de devolver un objeto perdido se aplica no solamente a la propiedad física del semejante, sino también a sus pertenencias espirituales.
Si encuentras una vida perdida -una mente confundida, un corazón que no funciona bien, un alma que ha perdido su brújula moral o su sensibilidad espiritual- devuélvela a su propietario. No puedes mantenerte indiferente a la dificultad espiritual de un hermano tal como no puedes ignorar su buey díscolo.
Específicamente, los cuatro ejemplos de “objetos perdidos” enumerados por la Torá se corresponden con cuatro enfermedades prototípicas del alma humana.
1) El buey es una bestia volátil y poderosa. Provocado, es virtualmente imparable. Un momento pasta sosegadamente; al siguiente, son cientos de kilos de músculo y carne furiosa, estrellándose contra todo lo que encuentra a su paso.
Todos conocemos a su primo espiritual: el antagonista bruto pertinaz que fustiga cualquier cosa con la que no está de acuerdo o que desafía la tranquilidad de su masticación.
2) Cuando el asno se rebela contra su amo, no se enfurece y cornea; clava sus talones y fríamente desatiende las órdenes, súplicas, y hasta los golpes que llueven sobre él de parte de su amo.
Espiritualmente, el asno obstinado es peor que el toro furioso.
El “buey” al menos responde; el hecho de que se muestre irritado significa que ha sido desafiado. Por el otro lado, la frialdad y la indiferencia significan una distancia mayor de la santidad y la verdad3.
3) El “vestido” representa una enfermedad espiritual más nociva aún. La palabra hebrea para vestido, begued, se relaciona con beguida; “traición”. El buey antagónico y el asno indiferente podrían resistirse o ignorar a su amo, pero no se ocultan detrás de una ingeniosa identidad. La personalidad bégued es la de uno que engaña a los demás -y, peor aún, a sí mismo – en cuanto a dónde radica su lealtad, haciendo mucho más difícil para él admitir su comportamiento y rectificarlo.
4) Y luego está la oveja, una criatura caracterizada por la mansedumbre y docilidad. Mientras éste podría parecer un mal menor que los primeros tres, es el más difícil de superar. La persona que pelea, ignora o incluso traiciona a su Di-s, puede llegar a reconocer la verdad y rectificar su comportamiento. Pero no puedes convencer al individuo “oveja” del error de sus modales; él concuerda plenamente contigo. No puedes avivar las llamas de su corazón; él ya está encendido con inspiración. Sabe la verdad, le preocupa la verdad, desea hacer lo que es correcto, pero es demasiado tímido como para hacer cualquier cosa por ello.
Este es el significado más profundo de las palabras del Talmud:
“La oveja perdida es una dificultad”. Con respecto al “buey, asno o vestido”, hay maneras de tratar con la pérdida de un alma. ¿Pero qué ha de hacerse con la “oveja”? Aquí el Talmud no tiene una fórmula, ninguna solución logística.

Deficiencias útiles

No obstante, la Torá ordena: “¡Devuélvelos a tu hermano!” Cada pérdida espiritual es recuperable, cada deficiencia puede transformarse en una fuerza positiva.
Un buey que corre furioso es una fuerza destructiva, pero cuando es adecuadamente encaminado y canalizado, cuando su pasión es desviada a fines santos, “Muchas cosechas rinden la fuerza del buey”4.
La obstinación del asno, adecuadamente sublimada, se traduce en resistencia y perseverancia por mantenerse fiel a la propia misión y a Di-s frente a las pruebas y dificultades5.
La traición, también, tiene sus usos positivos; la vida física misma es un acto de subterfugio por parte del alma, quien asume una identidad y cuerpo materiales sólo para explotarlos para servir a sus metas espirituales6.
Y la mansedumbre de la oveja, por más difícil que sea el problema que presenta, también puede reclamarse como una virtud. La mansedumbre puede ser modelada como auto-negación a Di-s, una auto-negación que suelta no la pasividad y la resignación de la oveja perdida sino el resuelto e intransigente activismo de aquél que ha subordinado su ego y sus tinieblas para servir a un amo omnipotente.
Basado en Likutei Sijot, Vol. 1′ págs. 155-158

Notas:
1.Por ejemplo, la palabra “vestido” nos enseña que la persona sólo está obligada a devolver un objeto que tiene marcas identificatorias o características (simanim) con las que el propietario puede demostrar que es suyo (un vestido es un objeto que siempre puede ser identificado por el tamaño, color, material, y similares). Si alguien encuentra algo que no tiene simán (como ser frutas o monedas sueltas) no está obligado a devolverlo, aun si sabe quién lo perdió, porque se presume que el propietario ha renunciado a toda esperanza de recuperarlo.
2. Talmud, Bavá Metziá 27a.
3. Comp. con Talmud, Shabat 53a: “Un burro tiene frío incluso en el pico del verano”.
4. Proverbios 14:4.
5. Así, Iaacov bendijo a la tribu de Isajar con la capacidad de procurar el estudio de la Torá con la resistencia de un asno (Génesis 49:14; Rashi sobre el versículo).
6. Este es el significado más profundo de que Iaacov vistiera las ropas de Eisav para recibir las bendiciones de “el rocío de los cielos y la grasa de la tierra”, como se relata en Génesis 27.

Extraído de “El Rebe Enseña”,Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

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