Del propio terruño

Todos necesitamos comida material para mantener nuestros cuerpos vivos. Al mismo tiempo, necesitamos sustento espiritual…

En la porción de Torá de Miketz (Génesis 41:1-44:17), Iosef, reciente virrey de Egipto, hace los preparativos necesarios para enfrentar la hambruna inminente del país. Organiza el establecimiento de una reserva de comida. Se construyen grandes lugares de almacenamiento. “Iosef recogió todos los víveres…en la tierra de Egipto, y los depositó en las ciudades; los productos del campo del área suburbana de cada ciudad, los acopió dentro de la respectiva (ciudad)” (Génesis 41:48).

Rashi explica como Iosef, sabiendo que cada tierra conserva sus propias frutas, pidió que “pusieran en la cosecha algo de la tierra del lugar en que creció”, protegiéndola así contra la putrefacción.

¿Qué enseñanza podemos extraer de este breve relato?

Todos necesitamos comida material para mantener nuestros cuerpos vivos. Al mismo tiempo, necesitamos sustento espiritual, si nuestra alma quiere sobrevivir.

Para el judío, el estudio de Torá es la sustancia de supervivencia. Con este fin, nos “plantamos” en los libros santos. Los frutos de nuestro trabajo son el conocimiento de Torá que vamos aumentando.

A medida que pasa el tiempo, nuestras habilidades “agrícolas-espirituales” van mejorando. Nuestra erudición crece y con ella nuestro propio sentido de importancia. El ego y el orgullo amenazan con comerse nuestra integridad. ¡Deben tomarse los recaudos necesarios para proteger la cosecha contra la pudrición!

En nuestras plegarias diarias, le preguntamos a Di-s: “Que mi alma sea como polvo para todos; abre mi corazón a Tu Torá”. Para mantener nuestro ego controlado, a menudo se requiere una modesta limpieza psicológica. Sólo de una postura de humildad, podemos entender la última parte del rezo –que nuestros corazones se abran a la sabiduría Divina.

Sin embargo, existe el erudito que insiste en recibir honores. Cuando entra a un cuarto, siente que la gente tiene que ponerse de pie como señal de respeto a él. Cuando se lo llama a la Torá, sólo leerá la aliá (parte de la porción semanal) más selecta.

Tal y como nuestro erudito ve el “Que mi alma sea como polvo para todos” explica que él tiene sus propias insuficiencias espirituales. Cuando se trata, por ejemplo, de llegar a un hermano judío, es absolutamente inepto. Él nunca intentaría interactuar con un judío que no está comprometido con el cumplimiento de Torá y mitzvot, por temor que él mismo pueda enredarse y corromperse. Darse cuenta de este fracaso le ayuda a mantener su ego controlado.

Pero Iosef no aceptará esta humildad “importada”. En palabras de Rashi, él insistió en que “ellos pusieron la cosecha algo de la tierra del lugar en que creció”. Iosef nos enseña que para impedir que nuestros productos se pudran, aplicar simplemente cualquier “tierra” no sirve; debemos utilizar la tierra del lugar en que crecieron nuestros productos. Donde el estudio de Torá lo ha hecho engreído, la humildad y el propio sentimiento de insuficiencia deben venir del mismo lugar –de entender que cualquier cosa que usted haya adquirido es un regalo de Di-s, y que debe constantemente esforzarse por estar al mismo nivel de lo que le ha sido dado.

Dovi Scheiner

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