Mente y corazón

La mente, por naturaleza y necesidad, es distante y separada. Para captar un concepto debe asumir una distancia objetiva, despojándose de toda involucración con, o afinidad, a su tema en cuestión, y adoptando un desinterés reservado, hasta indiferente, por la entidad estudiada. Sólo entonces pueden ser exactos y completos su análisis y comprensión.

El corazón, por otra parte, es involucrado, ligado, gloriosamente subjetivo. El corazón se relaciona con el objeto de sus afectos, salvando distancias, superando las barreras entre “yo” y “otro”.Sin embargo, el vínculo verdadero y perdurable nace solamente de la comprensión. Los sentimientos que se basan en nada más que el impulso o la atracción instantánea, finalmente son tan etéreos como lo ardiente que son, tan pasajeros como lo intenso que son. Son aquellas emociones que se conciben en la matriz de la mente las que poseen profundidad y continuidad; es el amor que se funda en una comprensión y apreciación de lo amado, el que puede trascender las fluctuaciones del sentimiento, la vacilación y el letargo, y los numerosos otros obstáculos del tiempo y el cambio. De modo que la aparentemente fría y distante mente es, en verdad, la fuente y esencia de cualquier relación significativa. El distanciamiento asociado al examen racional se ubica, de hecho, en el núcleo de nuestra capacidad emocional de unirnos a otros.

La mente de Di-s “De mi propia carne percibo a Di-s”, dice el versículo. El hombre es una metáfora de lo Divino: al examinar nuestra propia construcción fisiológica y psicológica, aprendemos mucho acerca de la realidad Divina y la manera en que Di-s elige relacionarse con Sus creaciones.?Así, la paradoja mente-corazón —el modo en que el distanciamiento mental es la esencia y fundamento del genuino apego emocional— nos provee de un modelo para la paradoja del galut -exilio. También la relación de Di-s con nosotros incluye elementos tanto “intelectuales” como “emocionales”. A veces, percibimos lo que parecerían ser señales de distanciamiento y desinvolucración de Su parte. Di-s parecería haber apartado el foco de Su atención de nuestras vidas, abandonándonos a los antojos de la “oportunidad” y el “destino”. Nuestra existencia parece privada de toda dirección y propósito. Di-s Se está “distanciando” de nosotros, dejando de ser nuestras vidas, aparentemente, dignas de Su interés.En verdad, sin embargo, esta Divina “objetividad” porta las semillas de una conexión mayor. Es un distanciamiento en aras de una relación más perdurable, un alejamiento para crear una cercanía más significativa aún.

Ostensiblemente, el galut es un quebranto espiritual, una merma en el nexo entre nosotros y Di-s; en verdad, es la esencia de una identificación más profunda, y de un compromiso, de uno a otro.El ocultamiento del semblante Divino a nosotros en el galut, por parte de Di-s Mismo, es un acto de amor. A pesar de nuestra dolorosa incomprensión, sirve para ahondar nuestro apego a El.

En las ‘Tres semanas de Restricciones”, experimentamos abandono, enajenación y distancia; pero estos dan nacimiento a las “Siete semanas de Consuelo”, que comienzan con el shabat siguiente al 9 de Av, donde se lee las haftarot que consisten en profecías describiendo cómo Di-s consuela a Su pueblo y cómo se reconstruye la relación entre ambos. Privados de las expresiones exteriores de nuestra relación con Di-s, nos vemos impulsados a descubrir su médula, el nexo esencial que trasciende toda distancia física y espiritual. Así, es sólo mediante la experiencia de galut que se concretan las más profundas dimensiones de nuestro matrimonio. Externamente, las Tres Semanas son un período de alejamiento y separación; en esencia, son la cumbre del apego y la conexión.

Basado en Likutéi Sijot, Vol. II, págs. 359-363;?SeferHaSijot5749, págs. 609-611; ibíd., pág. 614, nota 45??

Extraído y adaptado de “El Rebe enseña” Edi

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