La vida en el Arca

Durante los doce meses que duró el mabul, los planetas celestiales no funcionaron normalmente. Por lo tanto, los habitantes del arca no podían distinguir por el sol o la luna si era de día o de noche. Solo las piedras preciosas que Noaj había traído al arca servían como indicativo del tiempo. Cuando brillaban, los habitantes del arca sabían que era de noche, cuando se opacaban, era de día.
Así pasó un año. No fue un año tranquilo para la familia de Noaj, quienes nunca tuvieron tiempo ni de acostarse ni de dormir tan siquiera una noche entera durante los doce meses. Tenían la responsabilidad de velar y alimentar a miles de pájaros, bestias y animales domésticos. Cada animal requería su alimento en un momento diferente, algunos de día, otros al amanecer, otros en distintos horarios de la noche. Noaj y sus hijos trabajaban de día y de noche.

Una vez Noaj demoró en darle la comida al león éste lo pateó y Noaj salió rengueando.
Había un animal llamado Zikita que rechazaba cualquier alimento que Noaj le ofrecía. Noaj se preguntaba como sobreviviría. Una vez cuando estaba cortando una granada un gusano salió del fruto, de inmediato Zikita abrió su boca y se lo devoró. Así Noaj supo lo que necesitaba y se aseguró de tener una buena provisión de gusanos.

Una vez Noaj se dio cuenta que había descuidado al ave Jul que estaba discretamente sentado en una jaula escondida en la parte interior del arca.
-¿No necesitas comida? preguntó Noaj, sorprendido. -No quise molestarte- contestó el pájaro Jul -Vi cuan ocupado estabas y decidí no ocasionarte mas trabajo.
-Te doy mi bendición- dijo Noaj -Mi deseo es que vivas para siempre.
Mientra Noaj estaba en el arca, rezaba continuamente (Tehilim 142:8) -Sálvame de la prisión- porque mi alma está cansada del olor a leones, osos y panteras. -”Noaj- dijo Hashem – Mi orden es que no salgas del encierro durante doce meses completos.

El arca flotaba a salvo como un barco en el océano mientras el mundo alrededor se había transformado en una tremenda tierra de nadie y llena de agua. Llovió copiosamente durante cuarenta días. Cada gota que Hashem enviaba había hervido en el Guhinam previamente. La lluvia era tan caliente que la piel se pelaba al tomar contacto con ella. Las gotas no eran de agua solamente sino también de fuego. Además del agua de arriba, se abrieron todos los pozos y fuentes de la tierra de los cuales emanaban agua hirviendo. Los gigantes de la Generación del Diluvio habían creído que podían impedir que brotara agua de los pozos simplemente pisándolos, pero el agua era tan caliente que les falló el plan. ¿Qué hizo entonces esta generación cruel? Tomaron a sus hijos más pequeños y los colocaron en las aberturas para sellarlas. Pero como el agua continuaba fluyendo ponían un niño sobre el otro en las aberturas de las fuentes para salvarse ellos. Si no hubiese sido por el fuego y el agua de arriba habrían sobrevivido.

El agua llegó hasta los 15 amot (aproximadamente 7,5 metros) por encima de los picos de las montañas más altas, porque esta generación se había burlado despectivamente -Somos gigantes, de 15 amot de altura y si alguna vez sobreviene una inundación nos pararemos sobre las cimas de las montañas y así estaremos a salvo. Ahora el nivel de agua estaba por encima de ellos y se ahogaron.
El agua del mabul contenía las substancias más tóxicas. Sólo los peces sobrevivieron porque no habían pecado como las otras criaturas. Todos los cuerpos humanos se desintegraban completamente. Ni un simple hueso se conservó intacto, ni siquiera el más pequeño, luz, en el extremo inferior de la espina dorsal.
El emperador Adriano le preguntó a R. lehoshua ben Janania – ¿De qué parte del cuerpo humano revivirá D- s a los muertos en el futuro?
-Del hueso luz de la espina dorsal- contestó R. lehoshua. -¿Cómo lo sabes?- preguntó.
-Tráeme ese hueso y te lo demostraré- respondió R. lehoshua. Cuando le trajeron el hueso luz a R. lehoshua le demostró al emperador que a pesar de que lo molió en un molino no se pulverizaba. Lo arrojó al fuego y no se quemó. Tampoco se disolvía en el agua. Finalmente R. lehoshua trajo un martillo y golpeó el hueso. El martillo se rompió y el hueso sobrevivió.
Cuando un hombre muere, su hueso luz se preserva a fin de formar la base a partir de la cual el cuerpo puede reconstruirse en los tiempos de tejíat hametim. Pero la Generación del Diluvio era tan malvada que ningún hueso de su esqueleto se salvó, ni siquiera el hueso luz. Ninguno de ellos será restituido a la vida cuando se levanten los muertos de sus tumbas. No estarán entre los que revivan para ser juzgados y sentenciados, la memoria de la Generación del Diluvio fue borrada de la faz de la tierra.

Extraído de “El midrash dice” de editorial Kehot.

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