La fabrica de ladrillos

Antes de que pudieran convertirse en un pueblo, elegido por Di-s como Su “luz para las naciones”, los hijos de Israel debieron experimentar primero el “foso de fundición de Egipto”.

Durante 210 años fueron “forasteros en una tierra que no les pertenecía”, y los últimos ochenta y seis de estos fueron obligados al trabajo forzado por los egipcios, principalmente en la fabricación de ladrillos3.

¿Por qué ladrillos?
Nada es casual en el mundo de Di-s, particularmente en la historia de Su pueblo. Si fuimos forjados como una nación en los hornos de ladrillo de Egipto, entonces el ladrillo es significativo en nuestra misión en la vida.

“Y el ladrillo les sirvió de piedra”
El hombre es un constructor. Algunos construyen estructuras físicas: casas, ciudades, caminos, instrumentos de alta o baja tecnología, y un sinfín de otros útiles (o inútiles) objetos. Otros se abocan a la construcción más metafísica, estructurando palabras, matices o sonidos para que alojen ideas o sentimientos.
Pero todos construyen una vida, forjando materiales de su propio entorno, sociedad y psiquis en un edificio que cumple una cierta función y objetivo.
El hombre, dotado de libre albedrío por su Creador, podría hacer de éste un objetivo material o espiritual, uno egoísta o altruista, uno positivo o negativo; o lo puede convertir en el fin máximo de “construir una morada para Di-s”4 al dedicar su vida a la observancia de la voluntad de Di-s tal como ésta se revela en la Tora.
Los materiales que usamos entran en dos categorías generales: concedidos por Di-s y hechos por el hombre.
Mucho de aquello con que construimos nuestras vidas ya estaba aquí cuando llegamos a escena, listo para su uso, o con su potencial implícito, aguardando descubrimiento y concreción. Pero Di-s nos facultó para hacer algo más que simplemente desarrollar Su mundo.
Deseando que fuéramos Sus “socios en la Creación”5, nos impartió la habilidad de crear potencial donde éste no existe.
En ello radica el significado más profundo de los ladrillos que moldeamos y pasamos por fuego a medida que madurábamos como nación.
En el undécimo capítulo de Génesis la Torá describe la invención del ladrillo: originalmente, los sobrevivientes del Diluvio habitaron regiones montañosas y extraían piedras como material edilicio; pero luego se radicaron en el valle de Shinar (posteriormente Babilonia), donde desearon construir “una ciudad y torre cuya cabeza alcanzara los cielos”.

¿Dónde hallarían materiales lo suficientemente fuertes para una estructura tan masiva? Alguien tuvo una idea: “Dijeron uno a otro: ‘Hagamos ladrillos de molde, y cozámoslos en fuego’. Y el ladrillo les sirvió de piedra, y la arcilla de mortero”6.
“Piedra” representa aquellos materiales que Di-s nos provee para construir nuestras vidas. No es que el hombre no precise esforzarse; la piedra debe cortarse de la montaña, ser transportada, tallada, y adaptada a muchas otras para que se alce una estructura.
Pero la piedra está allí, sólida y adecuada para la tarea, esperando desarrollo.
En nuestras vidas personales, estos son los elementos que están naturalmente calificados para servir como parte de un hogar para Di-s y se prestan fácilmente a este fin: nuestros rasgos positivos de carácter, los lugares y momentos sagrados de la Creación (por ejemplo, las veinticuatro horas del Shabat y la Tierra Santa), los objetos y fuerzas designados para la ejecución de una mitzva (por ejemplo, un Rollo de la Torá, un par de tefilín).
Luego, están aquellos elementos que son utilizables como material de edificación como la cruda arcilla: nuestros instintos egoístas y animales, y un mundo material que oscurece la verdad de su Creador. Elementos que, por naturaleza, no son conductores, o incluso contradicen, cualquier cosa buena y Divina.
Para incluir estos elementos en la “morada para Di-s” que hacemos de nuestras vidas, debemos forjar ladrillos: sobarlos y moldearlos de una forma que nunca han conocido, foguearlos en el horno del autosacrificio y amor a Di-s, hasta que se vuelven tan sólidos y sostenedores como las “piedras” sagradas en nuestro edificio.

Basado en Likutéi Sijot, Vol. VI, pags. 13-25

Notas:
1. Isaías 42:6.2. Deuteronomio 4:20.3. Véase Exodo 1:14 y 5:7-19; Midrash Rabá, Bamidbar 15:16.4. “Di-s deseó una morada en el mundo físico” (Midrash Tanjuma’, Nasó 16); “En esto consiste todo el hombre; éste es el propósito de su creación, y de la creación de todos los mundos, superiores e inferiores”

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