Koraj en la cena

Como la mayoría de la gente de mi generación, me abochorno cuando oigo la palabra “M”…

Cuando la oigo siento un frío aire que me baja por la espalda. Izo banderas mentales, aparecen señales: “Alguien quiere bajarme línea”. Me pongo en guardia inmediatamente.
La palabra M es Moralidad. No tengo nada en contra de la moral. Crío a mis hijos como personas morales y éticas. Es la asociación de palabras la que me pone en guardia.

Como un viejo sobreviviente me dijo una vez en cuanto a “lavar el cerebro”, ‘no hay nada malo en tener una mente limpia, pero preferiría lavármela yo solo, gracias’.

Así que se pueden imaginar lo que fue cuando tuvimos invitado a cenar a un buen rabino que empezó a hablar sobre la moralidad.

“¡El problema hoy,” empezó su perorata estereotipada, “es que todos hacen sus propias reglas! ¡Y las cambian al antojo! Lo que significa que no hay …”

Sí, ya la venía venir. Respiré profundamente, relajando mis extremidades, concentrándome en: Quédate tranquilo, mantén el control, no temas”…

Y entonces vino:

” ¡…MORALIDAD!”

Afuera, un auto de policía dio una estampida, empezó a sonar la sirena. Sentía que mis manos se contorsionaban, pero inmediatamente recobré mi calma interna. Por lo menos superficialmente.

Interpretando mi calma como consentimiento, el querido rabino continuó. “Es esta cosa de humanismo”, se enfureció. “Esta idea de que el ser humano es la medida de todas las cosas. Los filósofos del Iluminismo creían que el racionalismo y el conocimiento eran la panacea a todo los sufrimientos. ¡Bien, ahora sabemos que estaban equivocados! ¡Miren a dónde la razón humana nos ha llevado!”.

“Buen punto”, contesté, mientras me acomodaba dolorosamente hacia atrás. Mi esposa odia cuando discuto con los invitados. (Si usted quiere invitados, no incomode a su esposa cuando vienen.)

Y continué: “Alemania era el cenit de los logros intelectuales. Sin embargo, rectores de universidades, ganadores de premios nóbeles y grandes filósofos estaban entre aquellos que apoyaban la política racista de Hitler. ¡Ellos permitieron que se redefiniera la moralidad por el bien de su valor primordial de ‘Deutschland Uber Alles’!”.

“Excelente ejemplo!”, exclamó mientras su puño golpeaba nuestra mesa y la cuchillería se arreglaba sola en el aire.

“¿Entonces cuál es su alternativa?”, inquirí inocentemente.

“Debe haber normas estructuradas por una Autoridad más alta”, replicó inmediatamente. “Normas absolutas con las que los humanos no puedan jugar. Una moralidad inmutable”.

“Entonces usted quiere que las personas acepten la autoridad?” estaba pisando terreno peligroso, pero mi querida esposa estaba fuera de la habitación en ese momento. “¿Pero no fue eso lo que pasó en la Alemania nazi? Quiero decir, lo que pasó fue posible gracias a la inculcada tradición de la nación de sumisión absoluta a la autoridad.”

Nuestro invitado se encontró desubicado por un momento, pero pronto tragó saliva y habló: “¿Quiere decir entonces que usted tomaría partido por Koraj?”

Estaba en grandes problemas. Mi adorada esposa recién había vuelto. Y para peor: nunca había superado mi simpatía por Koraj, el primer anarquista del registro de la historia. ¡Sus clásicas palabras sonaban junto con la indignación de todos aquellos que habían luchado por los derechos humanos y la dignidad a lo largo de las épocas: “Todas las personas, todos son sagrados, y Di-s está dentro de ellos! ¿Así que, qué derecho tienes para levantarte contra la comunidad del Eterno?”.

Así que, en la forma judía clásica, me opuse a su pregunta con la mía propia: “¿Qué hay de malo en Koraj? Tenía una plataforma válida, después de todo.”

“Koraj se puso en contra Moshé!”, contestó. Y entonces, entendiendo que eso no era realmente suficiente: “Y tenía su propia agenda oculta, a pesar de que Moshé seguía las instrucciones del Altísimo!”.

En este punto, desde lo Alto, descendió misericordia para mí. Mi estimada esposa se puso de mi lado. Supongo que ella también tiene el lado rebelde. Somos judíos, después de todo y no es de extrañar que Koraj fuera semejante líder popular. Todos los grandes líderes judíos empezaron oponiéndose al “establishment”. Mire al propio Moshé.

Ella hizo la típica pregunta judía, quizás la mayor pregunta de todo el Talmud, “¿Cómo lo sabe?”

“Bueno, Koraj simplemente tenía celos y quiso una posición más prestigiosa”, dijo el rabino. “Él era un agitador.”

“Sí, pero cómo lo sabes?” insistí. “Quizá Di-s también le habló a Koraj.”

“Pero nosotros sabíamos cuando Di-s le hablaba a Moshé!”, gritó el rabino exasperado. “En el Monte Sinaí, nadie nunca vio a Koraj y Di-s conversando. Por lo menos, no se informa. Y si hubiera pasado en la escena pública, se esperaría que fuese informado.”

“Entonces aceptamos a Moshé a nuestro propio juicio”, sugirió mi esposa en la manera típica femenina de hacer pensar que fue usted quien propuso la solución. “Usted está diciendo que nuestra creencia en Moshé está basada en una experiencia compartida por una gran masa de gente que unánimemente estaban de acuerdo que era Di-s Quien les habla.”

“Sí”, explicó. “Pero no aceptaron las reglas porque las encontraban conveniente, sino debido a su origen Divino. Eso hace esas reglas absolutas”.

“¿No haría las cosas mucho más fáciles?”, me quejé, “si pudiéramos tener otra experiencia del tipo Monte Sinaí cada veinte años? Podríamos tener a los medios, registrar toda la cosa…”

“Oh, la historia del Monte Sinaí, en sí misma, explica por qué eso no puede ser,” explicó el buen rabino. “Las personas no podrían aguantarlo. Ellos vinieron a Moshé y dijeron, ”Nos vamos a morir si esto sigue así. Hemos tenido nuestra prueba. Ahora ve tú a Di-s y repórtanos qué tiene Él para decirnos. Desde ese momento ha habido profetas, hombres y mujeres sagrados –pero sólo para confirmarnos que el hablar de Di-s con el hombre no es una imposibilidad. Hay que mantener ambos canales de comunicación abiertos. Pero ninguno de ellos puede agregar ninguna cosa a la Torá. La experiencia pública pasó sólo una vez.”

“Por otro lado, Tzvi”, apuntó mi estimada esposa, “Qué tipo de mundo sería si el Creador abierta y en forma regular desplegara Su autoridad? Nuestro libre albedrío se vería impedido severamente y no tendríamos ningún sentido de independencia. Ni la sensación de haber hecho logros personales.”

“Entonces qué es lo que se supone que una persona debería hacer hoy en día?”, me quejé. “¿Cómo podemos saber que esta moralidad absoluta es realmente Divina y no la agenda de alguien que nos quiere bajar línea?”

“Podemos ver dentro de nosotros”, opinó el rabino, “tomar una posición clara, objetiva, y decidir por nosotros mismos. ¿Esto se parece a algo que alguien podría hacer –este evento de revelación en el Éxodo y en Sinaí? ¿O es demasiado ridículo?”

Yo podría explayarme en esto muchísimo –pero eso es para otra historia. Para hacerla corta, personalmente, me parece absurdo imaginar a las personas fabricando una historia como ésta sobre tal gran evento público–y luego convencer a todos de estar de acuerdo en una sola versión. No me gustan las teorías de conspiración.

Claro, el Infinito Creador del cosmos nos habla a nosotros, seres finitos, en el Monte Sinaí también es bastante difícil de concebir. ¿Pero entonces, qué alternativa tiene Di-s si Él quiere que los humanos aceptemos una ética inmutable y no desgarremos Su mundo en pedazos?

De todos modos, usted puede aceptar o rechazar los hechos en base a si los puede ver o no (igual mucho de la excelente ciencia es imposible de visualizar). La evidencia está allí, para que sepamos que pasó. Sólo aquellos que quieren bajar línea desechan que haya pasado.
Por último léalo y verá que eso no es trabajo humano.

Así que el rabino resultó un buen tipo después de todo, y sus estructuras morales no le impidieron ciertamente disfrutar del postre helado. Y yo me alegro

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