Hashem castiga a Miriam

Después de haber explicado a Miriam y a Aharón lo que habían hecho mal, Hashem castigó a Miriam. Pero primero la nube de Hashem se alzó y abandonó la carpa. Hashem es como un padre misericordioso que no puede soportar el sufrimiento de sus hijos. Después que la nube se fue, la piel de Miriam se volvió blanca y se cubrió con izara’ai. Así la castigó Hashem por haber expresado lashon hará de Moshé.

Por lo general, Hashem castiga a quien se expresa con lashon hará con tzara’at primero en su casa y sus ropas como una advertencia. Pero, como Miriam era una gran tzadeket, Hashem fue más estricto con ella. Inmediatamente El la castigó con tzara’at sobre su cuerpo. Ella fue castigada más que Aharón porque ella fue la que comenzó a hablar lashon hará.
Miriam estaba tan acongojada cuando la tzara’at brotó en su piel que no podía hablar. Aharón también estaba muy dolido cuando vio que su hermana tenía tzara’at.
“Por favor, mi señor”, le rogó a Moshé, “¡perdónanos por obrar mal! Un metzorá es semejante a una persona muerta. ¿Puedes estar tranquilo cuando nuestra hermana es como alguien que está muerto?”
Moshé inmediatamente le rogó a Hashem: “Por favor, Hashem, cura enseguida a Miriam”.
¿Por qué quería Moshé que Miriam fuera curada inmediatamente? Porque esto evitaría a su hermana la vergüenza de ser expulsada de los tres campamentos.

La tefllá (oración) más corta y la tefilá más larga

Una vez se le pidió a uno de los alumnos de rabi Akiva que dirigiera el davenen (oración). Su davenen fue muy corto. Los otros estudiantes se burlaron de él. “¡Vean a este estudiante: su oración es tan corta!”, exclamaron.
“Déjenlo tranquilo”, dijo rabi Akiva. “¿Acaso su oración fue más corta que la de Moshé Rabeinu cuando su hermana estaba enferma? ¡Moshé oró sólo cinco palabras a Hashem!”
¿Por qué la tefilá de Moshé fue tan corta? Una razón: para que nadie se atreviara a decir: “¡Para su hermana el oró más que para nosotros!”
Una vez, se le pidió a un alumno de rabi Akiva que fuera eljazán. El oró una tefilá muy larga.
“Vean a ese gran jazán”, se burlaron los otros estudiantes. “¡No lo molesten!”, los reprendió rabi Akiva. “¿Acaso él oró más que Moshé Rabeinu después del pecado del becerro de oro? En aquella ocasión Moshé rezó a Hashem durante cuarenta días y cuarenta noches”.
En aquella oportunidad, Moshé estimó necesario orar largas tefilot porque toda la nación estaba en peligro. Cuando su hermana era la única persona que estaba en peligro, su rezo fue más corto.
A veces es correcto el rezo corto y a veces el rezo largo. Pero para que Hashem escuche la tefilá, lo más importante es meditar las palabras de las plegarias.
Hashem le preguntó a Moshé: “¿Por qué te desesperas?” Moshé le contestó: “Hashem, yo sé cuan doloroso es ser atacado por tzara’at. Recuerdo cuando Tú me afectaste con tzara’at. Cuando Tú te apareciste la primera vez ante mí en la zarza Tú me castigaste con tzara’ai.”
Hashem dijo: “He oído tu tefilá. Curaré a Miriam. Pero no la curaré inmediatamente. Ella se merece un castigo. Miriam se deberá alejar de los tres campamentos durante siete días”.
Miriam tuvo que dejar los tres campamentos como todos los otros metzoraim. De este modo Bnei Israel se enteraron de su pecado.
¡Eso era exactamente lo que Hashem quería! El quería que todos se enteraran del castigo. Ellos debían deducir: “¡Qué terrible castigo impone Hashem por lashon hará! El fue tan estricto con Miriam que ama a su hermano, y sólo habló lashon hará para ayudarlo. ¡Cuánto más estricto será El para castigar al que habla lashon hará simplemente porque le disgusta otro judío!”
Bnei Israel deberían haber aprendido la lección: se debe ser cuidadoso con el lashon hará. Cuando los espías retomaron después y hablaron lashon hará acerca de Hashem y Eretz Israel, Bnei Israel no deberían haber aceptado lo dicho por los espías. Pero ellos no aprendieron del castigo de Miriam.
No obstante, Hashem honró a Miriam mientras la castigó. Durante los siete días que ella permaneció fuera del campamento, la nube de Hashem no se alzó del Mishkán. Toda la nación (más de un millón de personas) esperaba que Miriam volviera antes que comenzara el viaje.
Hashem recompensó a Miriam midá-negued-midá. Cuando ella era pequeña, ella había esperado en las orillas del Nilo para cuidar a su pequeño hermano Moshé que estaba en una canasta en el río. Ahora todos la esperaron siete días: la nube de Hashem, los cohanim, los leviim que llevaban el Mishkán y todos los judíos.

Extraído de “El pequeño midrash dice”

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