El Tiempo

En la naturaleza, que es una Creación completa del Todopoderoso, hay muchos fenómenos.


El ciclo se expresa en la relación que hay entre el globo terráqueo, el sol y la luna que provocan cambios de las estaciones del año, y producen las diferencias de la noche y el día.
También a consecuencia de esto existen ciclos en el mundo animal y vegetal, que despiertan a la vida cada mañana y vuelven al descanso por las noches.
Podríamos continuar y ampliar este fenómeno sobresaliente, como también encontrar otros más en el mundo que nos rodea. La meditación profunda sobre este hecho refuerza el sentimiento de todos los seres humanos, de que detrás de esta maravillosa creación, existe un Di-s, creador y conductor del mundo.
Aunque profundicemos y penetremos en la Creación y sus secretos, no daremos con la verdad, a no ser que nos ocupemos también del propósito y el objetivo de esta creación maravillosa. Entonces descubriremos los diferentes motivos que hay en ella.
Si nos encontramos frente a un aparato que fue diseñado y realizado en forma muy experta y que despierta en nosotros un gran asombro, la impresión sólo será completa cuando comprendamos cual es el propósito de dicho aparato. Por otro lado, de no haber un propósito, el aparato será como una piedra sin ninguna utilidad.
La misión del Jasidut es revisar y analizar el contenido espiritual y el proposito de la Creación. Por eso mismo, el Jasidut se ocupa de explicar las secciones semanales de la Torá con un sentido más profundo, y con una visión de las cosas en un contexto eterno.
Esta semana se lee Parshat “Vaiejí” y concluimos con ella el libro de “Bereshit”, primero de los cinco libros de la Torá.
Existe un concepto básico que a veces llamamos “la misión” y otras veces llamamos “diáspora y redención”, aunque verdaderamente los dos son lo mismo.
La misión comienza desde el momento en que entra el alma al cuerpo del recién nacido. El alma que bajó al mundo desde los niveles más altos y recibió una misión trascendente de Di-s. Si cumple con esta misión, tendrá asegurada una gran recompensa.
También en nuestros antepasados encontramos el tema de diáspora y redención. El patriarca Abraham recibió la orden: “vete para ti de tu tierra…” donde el objetivo y la recompensa son “y serás un gran pueblo…”.
Iaakov, su nieto, salió hacia Harán – la diáspora – sin nada, y volvió con grandes riquezas y acompañado por todos sus hijos, las Tribus de Di-s.
Más tarde Iosef, hijo de Iaakov, es llevado a Egipto y tras él siguen todos sus hermanos con sus familias donde son esclavizados por más de 200 años.
También en este caso, el fin es bueno, ya que el pueblo judío salió de Egipto con grandes riquezas, y lo más importante, recibe la Torá y la Tierra Prometida.
También en nuestros días se encuentra el pueblo judío en la diáspora, pero ya le fue prometido que será redimido. La redención futura será tan elevada que el que el sufrimiento de la diáspora será olvidado.
Nuestra redención y su calidad serán fijadas de acuerdo a la forma en que aprovechemos la diáspora – la época de la misión – cumpliendo y respetando la Torá y sus preceptos.
Esta explicación nos presenta una paradoja, pues por un lado hablamos de una época difícil pero con la esperanza de la redención y por otro lado, de una oportunidad que no se repetirá y que es justamente la oportunidad de influir sobre la forma de la redención.
La explicación la encontramos en la sección de esta semana, Vaiejí.
En ella encontramos que Iosef, el justo, descendió a Egipto, a la diaspora, y les dio a sus hijos nombres muy significativos. Al mayor lo llamó Menashé “ Porque Di-s me hizo olvidar todo mi esfuerzo y a toda la casa de mi padre” (Bereshit 41:51).Este nombre expresa todo el anhelo de Iosef por la casa de su padre. Allí estaba tranquilo y estudiaba Torá.
A su hijo menor lo llamó Efraím. “Porque Di-s me reprodujó en la tierra donde sufrí” (Bereshit 41:52). Con este nombre Iosef expresó justamente, mientras se encontraba en una tierra extraña, mereció honor, grandeza e hijos como Menashé y Efraim.
Cada uno de los aspectos de las ideas mencionadas, tiene una ventaja sobre el otro, Menashe era el primogénito por ello lo colocó a la derecha de su padre Iaakov cuando acercó a sus hijos para que recibiera la bendición. Sin embargo Iaakov apoyó su mano derecha sobre Efraím, pues quería expresar y acentuar su nivel, a pesar de ser el menor.
No fue casualidad que las cosas sucedieran así. A primera vista, la diáspora es negativa. Por eso Menashe que representa el “me hizo olvidar Di-s” nació primero, siendo el primogénito de Iosef. Pero cuando se profundiza en el propósito se descubre lo especial y lo bueno de la diáspora. Por eso apoyó Iaakov su mano sobre la cabeza de Efraím, que representa el segundo aspecto de la diáspora. Por eso apoyó Iaakov su mano sobre la cabeza de Efraím, que representa el segundo aspecto de la diáspora “me reprodujo Di-s”.
Debemos reconocer lo elevado de cada uno de los enfoques, anhelar la llegada del Mesías y la redención futura por un lado, pero junto a eso recordar que nos encontramos en los últimos momentos y todavía podemos cambiar y mejorar el futuro que nos espera.

APROVECHAR EL TIEMPO

“ Y Iaakov vivió en la tierra de Egipto durante diecisiete años, y los días de Iaakov, los días de su vida, fueron ciento cuarenta y siete años”.
Estas son las palabras iniciales de la Parshá de la semana. Los días y los años de Iaakov fueron plenos, de verdadero contenido. Mucho fue lo conseguido en cada hora y minuto de aquellos días, pues Iaakov, como el resto de los patriarcas de nuestro pueblo, disfrutó del aprovechamiento del tiempo.
¿Cuál es el secreto del aprovechamiento del tiempo? ¿Cómo es que algunos tienen mayor éxito en el aprovechamiento de su tiempo, de sus horas y de sus minutos? Nadie puede aumentar la duración de un minuto o de una hora. Nadie puede extender el día más allá de sus 24 horas.
El verdadero secreto del éxito en el aprovechamiento del tiempo está en utilizar cada momento en la forma más intensa posible ¿Cómo se puede lograr este objetivo? Entrenándonos para actuar de tal manera que en el momento en el que estamos ocupados en alguna actividad, todas las cosas en las que nos ocupábamos antes de ese momento, como también todas las cosas que ocuparán nuestra atención después, deban dejar de existir absolutamente. Durante la ocupación con algo del presente, tanto el pasado como el futuro deben dejar de existir. Con esa actitud, aún cuando una persona tenga tan sólo un minuto para ocuparse de algo, si su mente está libre de toda distracción del pasado y del futuro, podrán utilizar ese único minuto en la forma más intensa. Ese mismo minuto, tal como cualquier otro, limitado tal como es a no más de 60 segundos, va a ser un minuto exitoso.
El programa de acción diario del Rebe, que no cambió en más de cuarenta años, era formidable.
Además de leer y responder a centenares de cartas por día, revisar y corregir las publicaciones, recibir gente hasta bien entrada la noche, y rezar y estudiar, también daba charlas que a menudo duraban hasta las primeras horas de la mañana. Una mañana, preguntó a que hora debía empezar una determinada plegaria, y le respondieron que sería a las nueve y diez o a las nueve y quince.

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