Compañerismo

Antes y durante la Guerra de los Seis Días, cuando Israel enfrentaba el peligro de extinción por sus vecinos hostiles, algo extraordinario ocurrió…

Contempla, Egipto estaba persiguiendo a ellos (Éxodo 14:10).

Inmediatamente antes y durante la Guerra de los Seis Días, cuando Israel enfrentaba el peligro de extinción por cientos de millones de sus vecinos hostiles, algo extraordinario ocurrió, judíos de varias creencias políticas, y de diverso origen étnico y orientación religiosa, se unieron en un firme lazo de hermandad. Por un breve período de tiempo toda facción desapareció. Quién sabe si no fue esta singular unicidad la que mereció el milagroso triunfo. Este fue un período de compañerismo que generó gran orgullo.
En la porción de la Torá de hoy, nosotros leemos cómo el Faraón y su ejército persiguieron a los recién emancipados israelitas. El versículo reza, “Contempla, Egipto estaba persiguiendo a ellos”, y Rashi comentando sobre el uso del texto de la forma singular del verbo “perseguir”, explica su uso, “porque ellos eran de una mente, como una persona.

Una sintaxis similar es hallada con relación al acampar de los israelitas en el Monte Sinaí, y aquí también la palabra “acampó” está en el singular (19:2). Otra vez Rashi explica el uso del singular, “porque ellos eran como una persona, de una mente”.
El Avnei Nezer advierte que Rashi invierte el orden. En la primera instancia él dice que los egipcios eran “de una mente, como una persona”, pero con respecto a los israelitas, ellos eran “como una persona, de una mente”. El explica que unirse en contra de un enemigo común en la pelea por sobrevivir no es extraordinario. Esto ocurre, no sólo entre todos los pueblos, sino también entre las formas de vida inferiores, donde la manada se une en contra de un predador. Es el ser “de una mente”, el impulso compartido por la supervivencia el que vincula el grupo y hace a ellos como uno, de ahí “de una mente, y por consiguiente de una persona
Con Israel, dice el Avnei Nezer, es de otro modo. Israel en Sinaí se unió ideológicamente para recibir la Torá. No había enemigo amenazando su supervivencia, nadie de quien defenderse. Israel es “como una persona, y por consiguiente de una mente”.
Si eso fuera siempre verdad. Sí, nosotros nos unimos durante la Guerra de los Seis Días, pero como el Avnei Nezer explica, esto fue similar al instinto de la manada.

¿Dónde está el singular compañerismo que unió a nuestros ancestros en Sinaí? ¿Dónde está la comprensión de que nosotros somos un pueblo? ¿Dónde está la conciencia que “Israel, la Torá, y Di-s son uno” y que lo que nos une excede por lejos en valor nuestras diferencias? ¿Por qué permitimos que la mezquindad nos separe? ¿Por qué no podemos levantarnos por encima de aquellos impulsos del ego que son finalmente responsables de nuestra divisibilidad?

El Baal Shem Tov dijo, “Deseo tener el amor por el más grande tzadik que Di-s tiene por el peor rashá (pecador)”. Aún con estos incomparables amor, devoción, y disposición para sacrificarse él mismo por otros, el Baal Shem Tov sintió que él era no obstante deficiente en su amor por otros.

¿Qué, entonces debemos decir nosotros cuando permitimos que trivialidades nos dividan y cuando permitimos a intereses propios destruir nuestra unidad?
Nosotros debemos comenzar en algún lugar. Examinémonos nosotros mismos honestamente, y comencemos a trabajar hoy hacia la meta de verdadera unidad.

Extraído de “Viviendo cada día”, Editorial Bnei Sholem

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