Conciencia de Propósito

¿Cuál es el propósito de la Creación?… pero, ¿tiene un propósito la Creación?… Mi existencia no es un accidente. Yo tengo que lograr algo con mi existencia. Ser no es casual o sin sentido.

En la Cabalá hay un interesante silogismo. Dado que los atributos de Di-s no son adquiridos, ellos no son externos a El sino son uno y lo mismo con Él. Dado que la Torá es la sabiduría de Di-s, y Su sabiduría no es algo separada de El, la persona que abraza la Torá abraza a Di-s Mismo. Además, dado que Di-s es perfecta unidad y, de ahí indivisible, quien abraza parte de Di-s está abrazando a todo Él. De ahí que, quien abraza la primera letra de la Torá ha abrazado a Di-s todo. Veamos ahora cómo la primera letra de la Torá puede representar toda la Divinidad. La Torá comienza con la palabra Bereshit. El prefijo “be” usualmente significa “en” y la palabra “reshit” significa “comienzo” o “primero”. Así, “Bereshit” significa “en el comienzo” o “al principio”. El Midrash señala que el prefijo “be” puede también significar “por” o “por consideración a”. El primer versículo de Génesis, así reza “por consideración del primero, el mundo fue creado”. El Midrash luego continúa enumerando las varias cosas que la Torá menciona como reishit o primeros, por cuya consideración el universo fue traído a ser, por ej., Torá, Israel. El punto saliente aquí es que la primera letra “bet”, por, enseña que el mundo fue creado para un propósito. El último propósito es conocido sólo por Di-s, y nosotros podemos conocer sólo aquello que nos fue revelado. El concepto de una creación que tiene un propósito determinado es fundamental para vivir una vida verdadera de Torá. Al igual que el universo en su integridad tiene un propósito, así todo en el universo ciertamente tiene un propósito. Cada individuo tiene un propósito. Mi existencia no es un accidente. Yo tengo que lograr algo con mi existencia. Ser no es casual o sin sentido. La convicción de que uno tiene un propósito es importante porque significa que una persona debe investigar para hallar aquel propósito para poder cumplir su obligación. Aún más allá de eso, el concepto de tener un propósito debería influenciar y dirigir la actitud de uno hacia la vida. La idea de libertad que es tan cara a toda persona pensante no debería ser interpretada erróneamente para significar que uno puede hacer todo lo que desea. Hay una diferencia entre ser un hombre libre y uno sin responsabilidad. Lo primero es una virtud, mientras lo último es el término más derogatorio hallado en la una persona vulgar, sin responsabilidad. Los humanos tienen muchas emociones y muchos impulsos que influencian su comportamiento. Una persona que carece de sentido de responsabilidad busca sólo gratificar cualquier impulso que tiene. Hasta el grado que una persona vive con un sentido de propósito, hasta ese grado su comportamiento es dirigido por una responsabilidad para alcanzar aquel propósito antes que gratificar sus deseos. Amor, odio, ira, orgullo, sed de conocimiento, envidia, avidez, humildad, deseo de agradar a otros, auto preservación – estos y varios otros sentimientos que son parte del modo de ser del humano – ¿cómo tratamos nosotros con ellos? El concepto de tikun hamidot, corregir, mejorar, y adaptar nuestros rasgos de personalidad, depende de tener un sentido de propósito y obligación. Todas las midot (rasgos) son potenciales, materiales en bruto de los cuales debemos formar algo. Esto frecuentemente requiere restriccion y autodisciplina, las cuales pueden causar incomodidad cuando nos negamos a nosotros mismos libre expresión de todos nuestros impulsos biológicos. ¿Cuál es la fuerza motivadora que nos dará la determinación para resistir la incomodidad inherente en tikún hamidot? Es el concepto de propósitos. Es la “bet” de Bereshit, la comprensión que el universo está por algo y que cada uno de nosotros está por algo. Por toda emoción, por todo impulso, por todo rasgo, debemos preguntarnos a nosotros mismos, “¿Cómo contribuye esto al cumplimiento del propósito de mi existencia?” Todo lo que no entre dentro de este esquema debe ser descartado. La Torá nos enseña tikun hamidot en los ejemplos de las vidas de los tzadíkím, en la Torá escrita y oral, y en las grandes obras éticas. Incorporar estas enseñanzas es rechazar la falta de responsabilidad, y entregarnos nosotros mismos a la voluntad de Di-s. La Torá entera es así una extensión y una elaboración de la primera letra, la “bet” de Bereshit.

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