Balak, Bilám y el complot contra los judíos

El rey Balak, de la región de Moab, deseaba contratar al gentil Bilám, un famoso brujo y malvado profeta, para que destruyera con sus maldiciones a Israel. Bilám dudaba de hacer eso pues había sido advertido por Hashem de que no debía escuchar a los emisarios de Balak; entonces Balak envió una segunda delegación con la oferta de mayores recompensas. Bilám recibió finalmente permiso de Hashem pero sólo bajo la condición de decir lo que Hashem le había ordenado. Durante el viaje, su burro se topó con un ángel que llevaba una espada que obstruía el paso, por lo cual se hizo a un lado. Impaciente, Bilám le pegó repetidas veces para hacerlo caminar. De repente, el burro comenzó a hablar y se quejó ante esta inmerecida crueldad. Finalmente Bilám vio al propio ángel y éste le dijo que incurriría en una falta grave si aceptaba la oferta de Balak. Bilám decidió volver a su casa pero el ángel le ordenó que continuara el viaje y hablara tal cual se lo había ordenado Hashem.
Entonces, frente al pedido de Balak de maldecir al pueblo judío, Bilám respondió: “¿Cómo puedo echar maldición sobre aquellos si Hashem no los ha maldecido? ¡Observa! Es un pueblo que vive apartado y no está incluido en ningún demás enemigos de los israelitas.
Como Di-s no le permitió a Bilám maldecir a los judíos, éste sugirió a Balak que tenía otro plan para causar su destrucción. Consistía en tentarlos a cometer pecado con las mujeres moabitas, lo cual engendraría la ira de Di-s para con Su pueblo. En efecto así ocurrió, y como castigo por tan grave trasgresión, 24.000 israelitas perecieron víctimas de una plaga, y de no mediar la intervención de Pinjas, eí número hubiera sido mayor.
Pinjas, nieto de Aarón e hijo de Elazar el Kohen Gadol (Sumo Sacerdote), fue testigo de un notorio acto de inmoralidad entre Z/mri, príncipe de la tribu de Shimón, y Kozbi, una mujer med/anita. Como celoso defensor de las leyes de Di-s, hizo ejecutar inmediatamente a los perversos. Como recompensa pasó a formar parte del sacerdocio, con la promesa de que lo mismo ocurriría con sus descendientes.
otro”.
A pesar de la presión de Balak, Bilám nuevamente lo desoyó declarando que Hashem no rompería Su promesa de bendecir a Israel y ningún artilugio mágico tendría efecto. Desesperado, Balak le pidió que desistiera de maldecir o bendecir a los israelitas. Sin embargo, antes de partir vaticinó la soberanía de Israel y la ruina de Moav, Edóm, Amalek y todos los

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