Santidad vs. Indulgencia

Ser santos, dice el Rambán, es participar del mundo físico sólo hasta el grado necesario para vivir, pero no gratificar, aún cuando es técnicamente permisible…

No sigan las acciones del pueblo de Egipto en cuya tierra ustedes moraron, ni las acciones de los moradores de la tierra de Canaán dentro de la cual Yo los traigo (Levítico 18:3).

Esta exhortación es más bien vaga. Nosotros tenemos muchos mandamientos específicos los cuales prohíben ciertos actos y comportamientos. Una vez que estos son eliminados, ¿qué es lo que no debemos hacer que es hecho por otras naciones?
Rambán comenta sobre el versículo, “Ustedes serán santos para Di-s” (16:1), que es posible para una persona observar todas las restricciones específicas de la Torá, no obstante ser una persona vulgar que persigue todos los placeres físicos que no están expresamente prohibidos. Ser santos, dice Rambán, es participar del mundo físico sólo hasta el grado necesario para vivir, pero no gratificar, aún cuando es técnicamente permisible.
En años recientes hemos presenciado un fenómeno bastante nuevo en la vida judía. Hay casi todo disponible bajo “estricta supervisión kasher”. Tan pronto como un nuevo tipo de vino o queso aparecen en los estantes, es seguido de un similar producto bajo supervisión kasher. Todos los condimentos y delicadezas están ahora disponibles como kasher. En alimentos ya no hay nada inaccesible al paladar judío, excepto por cerdo (aunque en algunos países hay “tocino” kasher disponible)
El mundo secular tiene sus populares estrellas de rock’n’roll, y similares ejecutantes han emergido cuyos largos tzitzit se sacuden con sus giros. Estilos de cabello en pelucas exceden en variedad a aquellos de cabello natural. Ropas que son técnicamente complacientes con tzeniut (modestia) pueden ser provocativas.
Lo que ha sucedido es que nosotros no hemos atendido la exhortación de la Torá citada arriba, y que hemos emulado las acciones de otros pueblos. No hay realmente necesidad de tener todas las delicadezas disponibles en forma kasher. Nosotros podríamos sobrevivir perfectamente bien en su ausencia. Algunos festejos judíos, con un exceso de toda clase de delicadezas, han asumido el carácter de la orgía romana. Ellos son técnicamente kasher, pero en espíritu son no-judíos. Ellos son una imitación de la práctica de las naciones entre quienes vivimos, una imitación que la Torá ha prohibido específicamente.

Rambán dice que una persona puede ser, técnicamente, estrictamente observante, y, no obstante, vulgar en falta de sobriedad. ¡Cuán proféticas fueron sus palabras, escritas hace más de setecientos años, no obstante describen con exactitud algo de la vida judía contemporánea!
Mientras todo lo que es no-kasher es nocivo para la espiritualidad, no sigue que todo lo que es kasher realza la espiritualidad. Moderación es esencial para la espiritualidad.
Rabí Shneur Zalman lo dijo sucintamente: “Lo que está prohibido no es permisible, y mucho de lo que es permisible no es esencial”.

Extraído de “Viviendo cada día” de Editorial Bnei Sholem

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