¿Quiénes son los buenos y los malos de la historia?

Todo aquél que estudia Torá y llega al capítulo referente a los meraglim -espías- sabe perfectamente quienes son los buenos y los malos de la historia. Iehoshúa y Kaleb son los buenos y los espías que hablaron mal de la Tierra de Israel, son los que carecieron de fe, sembrando pánico y confusión. Ya que la Torá nos narra también las amargas consecuencias de todo el relato, no quedan dudas de cuál es el camino correcto. En cierto punto, existe una conexión entre nuestra época y la de la generación del desierto.

Ellos estaban prestos a ingresar a la Tierra de Israel por primera vez. Nosotros nos hallamos frente a la llegada del Mashíaj. Los iehudim entonces se debatían entre la fe en Hashem y la fortaleza de los pueblos de Canaán. La misma duda que nos acosa hoy en día. Los meraglim hablaron en nombre de los niños: “¿Por qué Di-s nos trae a esta tierra para morir a espada y para que nuestras mujeres e hijos sean tomados cautivos?”. Las consecuencias del pecado de los espías son conocidas. Todos aquellos que se dejaron arrastrar por el pánico que sembraron no tuvieron el mérito de entrar a la Tierra de Israel. Los espías, que hablaron mal de la Tierra Prometida, fueron duramente castigados. En cambio, la generación de sus hijos que tanto quisieron asegurar, entró a Eretz Israel y la conquistó, sentando sus raíces en ella.

Iehoshúa y Kaleb pronunciaron argumentos que son actuales hoy, 3300 años después: “Si Di-s está satisfecho con nosotros, nos llevará a esta tierra…. no teman de los pueblos que la habitan”. Si traducimos sus palabras al día de hoy, resultaría algo como: “Seamos conscientes de que si hemos llegado hasta aquí hoy, no es por nuestro propio esfuerzo, sino que Di-s nos Ha mostrado Su gracia y amor. ¿Por qué temer? Debemos seguir viviendo como judíos. Debemos seguir enseñando el camino correcto a nuestros hijos, el camino de la Torá” El pueblo de Israel existe gracias a hombres como Iehoshúa y Kaleb, personas de fe, que ven las dificultades y de todas formas confían en que podrán saltearlas. Si medimos de acuerdo a las leyes de la naturaleza, el pueblo judío debería haber dejado de existir hace miles de años. Vivimos gracias a la fuerza de la fe y en mérito de la entrega absoluta del judío.

Sabemos que dentro del pueblo judío se hallan fuerzas gigantescas. La pregunta es si logramos revelarlas y levantar el ánimo del pueblo, logrando alcanzar los más excelsos niveles. Ya hemos fracasado una vez, con el pecado de los espías. Nuestra misión es no repetir la historia.

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