¿Traerías una oveja a tu casa?

Hay un antiguo mito sobre un empobrecido judío quién visitó al Rabino para quejarse sobre sus desesperantes circunstancias: casa llena de niños, demasiado con su suegra y poca comida para satisfacerlos. La historia continúa diciendo que el Rabino le aconsejó que trajera a sus animales dentro de la casa por un tiempo, para que cuando finalmente tuviera el permiso de sacarlos, el apreciara el espacio y tranquilidad.

En la Parashá de esta semana, leemos sobre cómo los Judíos esclavos fueron ordenados a que trajeran una oveja a sus casas por cuatro días, luego faenarlas y usar un poco de la sangre para pintar los marcos de las puertas. Yo nunca he crecido con animales en la casa, pero a mi entender, los animales no son los mejores invitados.

Obviamente que esto era para algo más que simplemente apreciar la bendición de Di-s. Traemos una oveja a nuestras casas específicamente para que nuestros vecinos no judíos lo presencien y se asombren.

Los egipcios solían adorar ovejas. Tomar a su dios, el objeto de su protección, y públicamente anunciar la intención de comerlo, fue un acto de coraje.

Nosotros también somos a veces llamados para capturar y faenar las sagradas vacas de la sociedad contemporánea. Para vivir una vida religiosa y con moral, proteger nuestra fe ante la cultura popular, demanda fuerza. Esta habilidad de mantenernos con nuestras convicciones, es una habilidad que heredamos de nuestros antepasados.

Así como su coraje por Di-s, exhibido en una tierra extraña, los llevó a la redención, así también nosotros vamos a caminar firmes en nuestros caminos ahora y siempre.

Por: Elisha Greenbaum

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