¿Qué hace un verdadero líder?

Con tanta gente autotitulándose líder en nuestros días, ¿cómo reconocer a uno verdadero ? Para responder a esta pregunta, debemos retroceder un paso y preguntar: ¿Qué es lo que el líder está tratando realmente de lograr?
Un verdadero líder no pretende más que darle a la gente orgullo, hacerla parar sobre sus pies, como líderes por derecho propio. En lugar de tratar de cegarnos con su brillo, un verdadero líder refleja nuestra propia luz de vuelta a nosotros, para que podamos vernos como no nos veíamos antes. Moisés fue la quintaesencia del líder. Leemos en Éxodo que fue pastor;1 un comienzo más bien modesto para un homJ bre que llegaría a hablar con Di-s. Vigilaba a millares de ovejas pastando en los campos. Moisés notó que faltaba una oveja y fue a buscarla, hasta encontrarla en un arroyo distante. Esperó hasta que la oveja hubiera terminado de beber, despues se la echó al hombro y la llevó de vuelta al rebaño.2

Cuando Di-s vio esto, comprendió que Moisés era un hombre de razón, comprensión y devoción altruista, un hombre digno de conducir a Su pueblo. Después de todo, nadie estaba mirándolo; él podría haber pensado fácilmente: “¿Por qué preocuparme por una oveja, cuando hay miles?”.
En nuestra sociedad secular, tendemos a ver a un líder como una persona bien relacionada, poderosa o carismática o rica. Juzgamos a nuestros líderes por lo que tienen. Pero un verdadero líder debe ser juzgado por lo que no tiene: egoísmo, arrogancia o interés personal. Un verdadero líder ve su trabajo como un servicio hecho en nombre de un objetivo más alto. Como dicen los sabios, “El liderazgo no es poder y dominio; es servidumbre”.3 Esto no significa que un líder sea débil; obtiene gran fuerza de su dedicación a un objetivo que es más grande que él.
Cada generación tiene su Moisés, un líder que inspira absoluta confianza, que está totalmente dedicado a cumplir su papel único. Comprende y aprecia el papel de cada persona en el perfeccionamiento de este mundo, y los orienta de acuerdo a ello. Se alza por encima de cualquier perspectiva individual para echar una mirada global, y vé cómo cada persona y asunto encaja en el plan completo del mundo contemporáneo.

Un verdadero líder saca a la gente de sus ensoñaciones y les dice: “No, no es necesario que vivan una vida de desesperación y confusión. Sí, ustedes tienen la capacidad de encontrarle sentido a su vida, y las capacidades únicas para realizar ese sentido. Son un eslabón importante en una cadena de generaciones pasadas; tienen un legado digno de preservar y un futuro por el que vale la pena pelear.”

Un verdadero líder nos muestra que nuestro mundo realmente va en una dirección, y que tenemos control sobre su movimiento. Que no necesitamos estar a merced del prejuicio personal del viento político que prevalezca. Que ninguno de nosotros es secundario respecto de la historia o la naturaleza: que nosotros somos la historia y la naturaleza. Que podemos liberar al mundo de la guerra y el odio y la ignorancia, y borrar las fronteras que separan a una raza de otra, a los ricos de los pobres.
Siglos atrás, reyes y reinas gobernaban el mundo, pero hoy estamos muy lejos del concepto mismo de liderazgo absoluto. De hecho, el liderazgo parece contradecir nuestra tradición democrática, que nos ha enseñado a no subordinar nuestras vidas a ningún otro ser humano. Pero no podemos permitirnos ser tan literales. Si el ideal de democracia fuera seguido al extremo, si el público pidiera un referéndum para el menor acto de legislación, la sociedad no podría funcionar. De modo que nuestro aparato político actual es un compromiso pragmático y aceptable, que permite a los individuos jugar un papel en la elección de sus líderes, a la vez que hace a los líderes responsables ante la sociedad.
Aun así, mucha gente ha perdido su fe en los líderes contemporáneos. La solución es no resignarnos a este triste esta do de cosas, sino buscar y exigir un líder de carácter fuerte. El I objetivo último sería tener todos los beneficios de la democracia y los beneficios de un líder visionario.
Es importante, especialmente hoy, distinguir entre liderazgo y demagogia. Un demagogo puede inspirar a la gente, pero sus motivos son impuros y sus expectativas irreales. Eí prudente ser un tanto escépticos cuando evaluamos a un líder: ¿Está realmente dedicado a su misión, o sólo busca la gloria? ¿Está realmente interesado en el bienestar de los otros, o simplemente crea un rebaño para su propia elevación?

Un verdadero líder no busca seguidores; quiere enseñara otros cómo ser líderes. No quiere dominio; quiere la verdad. No impone su liderazgo a otros, ni despoja a nadie de su aul tonomía. Inspira por amor, no por coerción. Cuando llega la hora de cosechar recompensas, se hace invisible; pero es el primero en llegar cuando hay necesidad, y nunca lo hará retroceder el miedo. Es tan apasionado por nuestro bienestar que cuando lo consultamos en busca de orientación, es como! ponernos frente a, nosotros mismos por primera vez.
Un verdadero líder debe ser un ejemplo vivo de sus enseñanzas. Cuando vemos que la vida personal de un líder encarna su filosofía, nos sentimos inspirados a aprender y practicar esa filosofía. A la inversa, si vemos que el líder no vive de acuerdo a sus palabras, no podemos confiar en él.
Es inútil que un líder sea un visionario en abstracto; debe ser un buen comunicador cuya visión pueda ser trasladada a principios específicos y aplicables: no conocimiento por el conocimiento mismo, sino conocimiento que realmente pueda ayudar a mejorar el mundo.

De modo que un líder debe ser muchas cosas: altruista, devoto, visionario, valiente, y, sobre todo, humilde. Cuando Di-s eligió a Moisés para extraer a Su pueblo de la esclavitud en Egipto, Moisés replicó: “¿Quién soy yo, para enfrentar al Faraón?”1 Realmente, “Moisés era más humilde que cualquier otro hombre sobre la faz de la Tierra”.2
Debemos reconocer las características de un líder: no sólo para diferenciarlo de los demagogos, sino para poder adoptar un líder de verdad cuando aparece. Cuando la gente cree sinceramente en un líder, pueden elevarse por encima de los mezquinos intereses personales. Están ansiosos por aceptar su dirección e impulso, y se sienten inspirados para realizar mucho más de lo que habrían podido hacer por su cuenta.
Al reconocer las características de un verdadero líder, ponemos una norma para nuestros líderes y, más importante, para nosotros mismos. Poner la vista en lo más alto, aun cuando nos falte para llegar allí, es el modo más seguro de completar el viaje.

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario