Vaikra – “El amor perdura por siempre”

“Y hará con el toro tal como hizo con el toro de la ofrenda expiatoria” (Vaikrá 4:20)
La Parshá Vaikrá comienza enumerando las leyes de los diferentes sacrificios. Entre ellos se menciona “ el toro del cohen ungido”1- un sacrificio que ofrendaba el Sumo Sacerdote para expiar por un pecado cometido sin premeditación, y ‘el toro por un desconocimiento de la comunidad’2- el sacrificio que se traía cuando el pueblo judío todo pecó a causa de un dictamen equívoco del Sanhedrín.
El orden para ofrendar estos dos sacrificios es totalmente idéntico, como está escrito3: “y hará con el toro cual hizo con el toro de la ofrenda expiatoria”. A pesar de ello, encontramos varias diferencias en los términos utilizados por la Torá al hablar de cada uno.

LA PARÁBOLA DE UN REY
Por ejemplo, al hablar del salpicar la sangre de la ofrenda sobre la cortina –el parojet- de la Santidad que va al Kodesh Hakodashim, cuando la Torá se refiere al toro del Sumo Sacerdote dice: “la cortina de la Santidad”4, mientras que en la ofrenda comunitaria sólo dice “la cortina”5 omitiendo las palabras “de la Santidad”.
Rabí Ishmael6 explica la razón de ello: “esto sería como el ejemplo de un rey de carne y hueso contra quien pecó su país. Si sólo pecó la minoría- ‘su núcleo de confidentes se mantiene’; si pecó la mayoría su núcleo íntimo ya no se mantiene’. Es decir, si sólo pecó el Sumo Sacerdote, la santidad perdura, pero si la mayoría de Israel pecó, ‘su núcleo de confidentes no se mantiene”, jas veshalom, se fue la Santidad.

AMOR A ISRAEL
Hay una segunda diferencia: cuando la Torá describe las partes del animal que se ofrendan sobre el Altar, menciona en el toro del Sumo Sacerdote al ‘cebo’ y también los riñones. Mientras que con respecto a la ofrenda comunitaria sólo indica al ‘cebo’, a pesar de que en ambas ofrendas se sacrifica también el ioteret (tejido que recubre el hígado) y los riñones. ¿Por qué omite la Torá a estos órganos?
Rabí Ishmael responde a ello con otra parábola: ‘es como por ejemplo un rey de carne y hueso que se enojó con su amigo y minimizó su pecado a causa de su amor hacia él’. Es decir, cuando se habla del pueblo judío todo, del “querido” de Hashem, Hashem limita el detallado de la ofrenda por el pecado a causa de ‘su amor’. Por eso no se menciona todos los órganos a ofrendar sobre el Altar.

AMOR ETERNO
Estas dos parábolas, parecerían, a simple vista, contradictorias. Del segundo ejemplo vimos que cuando el pecado es del pueblo judío todo, Hashem se conduce con mayor consideración (“minimizó su pecado”) mientras que del primer ejemplo surge que un pecado de todo el pueblo es infinitamente más grave del pecado de sólo el Sumo Sacerdote (“no se mantiene su círculo íntimo”)!
La respuesta a ello está en otro dicho de Rabí Ishmael7: “los hijos de Israel- yo soy su expiación”. El significado de este enunciado es que a causa del profundo vínculo interior entre todos los miembros del pueblo de Israel, Rabí Ismael asume sobre sí los pecados del pueblo, hasta que “yo soy su expiación”.
De esta misma manera es el amor del Altísimo hacia el pueblo de Israel: incluso en el peor de los casos, al punto de que “mi círculo íntimo no se mantiene”, sigue resguardado el gran amor que hay entre Hashem y el pueblo de Israel, y por ello, también entonces, “minimiza su pecado”. Es cierto que el pecado en sí es sumamente grave, al extremo de dañar la presencia Divina sobre el pueblo de Israel, pero a pesar de ello, el Altísimo ama al pueblo de Israel y limita su vergüenza.
De esto podemos aprender hasta qué punto debe amarse a todo judío, sea quien sea.
Este amor que afecta la esencia misma del lazo interior entre Hashem y cada judío, es el que traerá la verdadera y completa redención a manos del Mashiaj.

(Likutei Sijot tomo 27, pag 16)
NOTAS: 1.Vaikrá 4:1,12 2.Ahí 13:21 3.Ahí 20 4.Ahí 6 5.Ahí17 6.Zbajim 41,b 7.Negaim cap.2

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