Vaiera -”Y la bendición se convirtió en juramento”

“Y vio, y he aquí había un carnero… y lo elevó como holocausto en lugar de su hijo” (Bereshit 22:14-18)

Al final de nuestra Parshá se relata sobre la Akedat Itzjak, el “atado de Itzjak”, cuando Abraham se dispone a ofrendar a su hijo Itzjak por mandato Divino. Esta fue la décima y la más dura de las pruebas a las que fue sometido Abraham, el Patriarca. Abraham fue a cumplir con la orden de Di-s, pero en el último instante lo llamó un ángel del Cielo y lo detuvo de degollar a su hijo. Abraham levantó sus ojos, “y vio y he aquí había un carnero… y lo elevó como holocausto en lugar de su hijo”1.
Las palabras “en lugar de su hijo” traídas en el texto bíblico son explicadas por Rashi de la siguiente manera: “por cada servicio” (a Di-s, que Abraham llevaba a cabo con el carnero) rezaba y decía: “que sea Su Voluntad que esto sea como que lo hubiera realizado con mi hijo. Como que mi hijo hubiera sido degollado, como que su sangre hubiera sido salpicada (sobre el altar)…” Es decir, Abraham no se conforma con ofrendar un carnero a cambio de su hijo, sino que pidió que sea considerado como que su hijo hubiera sido literalmente ofrendado.

UN SEGUNDO LLAMADO
A continuación de ofrendar al carnero, lo llamó un ángel por segunda vez y dijo2: “He jurado, es la palabra de Hashem, que por cuanto has hecho esta cosa, y no negaste a tu hijo, a tu único, que bendecir He de bendecir y multiplicar He de multiplicar a tu simiente…” Vemos aquí que la ofrenda causó que Hashem jure cumplir las bendiciones con las que lo bendijo.
Se plantea aquí un interrogante: ¿por qué aparece el juramento sólo luego de que elevó la ofrenda del carnero y no fue suficiente con la disposición previa a ofrendar a su hijo como sacrificio, tal cual la orden de Hashem? Además, debemos entender ¿por qué dijo Abraham por cada acción “que sea Tu Voluntad que esto sea como que lo hubiera realizado con mi hijo”?

EL ABISMO QUE SEPARA DE LA EJECUCIÓN
La explicación del tema se encuentra en el abismo existente entre la predisposición a llevar a cabo una acción y su ejecución concreta. Alguien dispuesto a entregar su vida en aras de la santificación de Su Nombre (“Kidush Hashem”), aunque de su parte esté absolutamente decidido, no está en el nivel de quien efectivamente dio su vida en la práctica. Puesto que cuando esto debe llevarse a cabo en la práctica (jas veshalom) se requieren extraordinarias y tremendas fuerzas.
Abraham, el Patriarca, escuchó de Hashem la orden de ofrendar a su hijo, y estaba listo para hacerlo sin cuestionamiento alguno. En la práctica, el ángel lo frenó y lo que le quedó a Abraham fue sólo la disposición, pero no la ejecución concreta. Es por eso que Abraham pidió por cada acto que llevaba a cabo con el carnero que sea considerado como que hubiera sido practicado a su hijo, y él mismo lo sintió así en ese momento. A través de ello se considera como que ofrendó a Itzjak en la práctica, recayendo sobre Itzjak, a partir de ese momento, el status de ofrenda (siendo llamado3 “un holocausto íntegro”)

FIRMEZA ETERNA
Por medio de esta entrega total de Abraham a Di-s tan especial, se hizo meritorio de recibir las bendiciones de Hashem con la firmeza de un juramento, que cosa alguna no puede anularlo. Una bendición común puede anularse a causa de un pecado o una trasgresión premeditada, pero un juramento de Di-s no hay cosa que pueda anularlo. Esto lo logró Abraham únicamente cuando ofrendó el carnero, con la intención y plegaria de que sea como que literalmente ofrendó a su hijo.
Este juramento de Hashem, en mérito al “atado de Itzjak”, permanece vigente para mérito del pueblo judío en todas las generaciones, hasta cuando lleguemos a la concreción más perfecta de la bendición de “y heredará tu simiente el portón de sus enemigos”4, bendición que ha de cumplirse en su totalidad con la redención verdadera y completa a través de Mashíaj Tzidkeinu, realmente pronto.

(Likutei Sijot Tomo 30, Pág. 76)

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